DUDLEY MOORE NUNCA HABRÍA TRIUNFADO FUERA DE LA DECADA DE LOS 80

Este hombre era un sex symbol cuando yo era diminuta...  En mi continua y ardua lucha por evitar convertirme en una vagabunda he ampliado mis metas artísticas y enriquecido mi concienciación social iniciando la elaboración de un espeso guión del que será el documental menos fascinante pero más documentado sobre la abúlica y en muchos aspectos vergonzante generación en la que me ha tocado desenvolverme: la generación de la chapa con emblema o cómo aprendí a tranquilizarme y amar la bomba atómica (Dr Strangelove dixit).

Para ello cuento con inestimable colaboración de todos mis amigos, la mayoría de mis conocidos próximos y algunos de mis examantes lejanos. Guíada por mi ingente terror a llegar a convertirme en un clon de mi misma pero con veinte años más me he visto autoempujada a contárselo al mundo; aunque es altamente probable que se lo cuente únicamente a las visitas en mi sala de estar a través de una inconexa sucesión de entrevistas frivolonas con música de Janis Joplin de fondo.

Mi objetivo principal es poder llegar a averiguar cuáles son las principales razones por la que merece la pena vivir sin contar el chocolate Lindt y los monólogos de Ernesto Sevilla (que son las mías) y las metas generales hacia las que nos conducimos todos aquellos “exniños” educados con La bola de cristal y Heidi a un tiempo, y fundidos en un universo surrealista que parecía la iniciación hacia un mundo maravilloso y lleno de esperanzadoras y fascinantes alternativas que acabaron por disolverse a partir del último día de instituto.

Quizás lo titule “Llevo siete años teniendo 18” o algo parecido.

“¿ESTÁS MÁS TENSO QUE WALKER TEXAS RANGER?”

Antibar    Así rezaban los flyers del Antibar (aka La casa de tu madre) el local más pintoresco del centro histórico de Mérida, donde las copas te las servía un tipo clavado a Pablo Motos y la música era tan sumamente alternativa que por exceso era ya comercial. Este curioso lugar con los techos adornados con cabezas de maniquíes de múltiples colores fue uno de los mayores atractivos que llegamos a descubrir de Mérida, dado que nuestro anfitrión se empeñó en llevarnos a comer cabritillo a un pueblo del norte de Cáceres llamado La Garganta, donde la gente era encantadora, el paisaje impresionante (tanto que no conseguí hacer una sola foto digna) y el cabritillo francamente de una potencialidad adictiva. Creo que este fin de semana he engordado un par de kgs con tanto turismo gastronómico enmascarado de turismo cultural; estoy segura de que el principal afán de Omar (el amigo que nos invitó) era ponerse ciego y luego bajar la grasa a base de subir cuestas.

Hervás fue la prolongación del sábado. Un pueblo en el que yo afirmé en numerosas ocasiones que no podría vivir. Lleno de calles estrechísimas y olor a aceites consumiéndose supuestamente aromáticos que me resultaban mareantes. En las tiendas de souvenirs sólo vendían dedales de porcelana, o al menos eso creo, es posible que los aceites me hayan dejado selectivamente amnéxica.

Cenamos en Trujillo, que casi parece un pueblo italiano, una versión un poco menos grandiosa de lo que yo suelo soñar debe ser Arezzo (la ciudad de La vida es bella); era verdaderamente bonito y monumental, aunque la atmósfera romántica la rompían la proliferación en sus calles de grupillos de chavalines akinkillados.

El acento extremeño es dolorosamente cargante en ocasiones; mi amigo no paraba de imitarles acentuando la última sílaba de cada frase con una musicalidad más mexicana que meritense (¿meritense? je ne sais pas) y resultaba tremendamente cómico y posiblemente ofensivo para cualquier lugareño presente….

Entre las anécdotas más remarcables de todo el viaje, cabe destacar nuestro encuentro con una “simpática” aunque incómoda (después de observarlas a mí me picaba todo el cuerpo) fila de orugas que se dirigían desde el bosque hasta la carretera para acabar muriendo parcialmente atropelladas en alguno de los tramos de su cadena de varios metros de longitud; incluso grabamos un pequeño video ilustrativo pero posteriormente yo decidí que nadie más querría ver eso, en realidad, y dudo sumamente que llegue a compartirlo con el mundo. De camino al casco antiguo hay una larga calle de bares llamada John Lennon (^_^) junto a cuya placa me hice una foto, pero salgo tan horrenda que no pienso adjuntarla a esta entrada. En tercer lugar escuchamos en un pub llamado La cruzada a un chaval de unos veinte años decirle a otro: “pero cerrazte al gorrino ante de salí…?” Frase que nos dejó un tanto perplejos y posteriormente fue la frase más imitada y repetida de todo el fin de semana.

Sólo espero volver y ver el anfiteatro… Es como ir a París y pasar de la Torre Eiffel porque no te da tiempo a subirla a pie. 

CITAS ALLENIANAS

Cuando medía poco más de metro cuarenta de estatura ya recortaba fotos de Audrey Hepburn de los especiales de las revistas de cine para pegarlas en un album artesanal plagado de imágenes de épocas y tamaños dispares y salpicadas de mínimos items sobre su vida con mayor o menor credibilidad o interés. Pero Woody Allen… Woody Allen me daba por el saco.

Mi hermana estaba loca por él, aunque honestamente siembre sospeché que era más por snobismo que por inclinación espontánea ya que con el tiempo descubrí que sólo había visto un par de los ochenta. Yo no podía soportar su figura enclenque – no la de mi hermana, perfectamente hermosa, sino la del judío – con sus piernas de alambre, su piel lechosa, su pelo rojizo y de áspecto púbico y sus sempiternas gafas de pasta. Me parecía cargante su neurotismo y su tartamudeo mientras movía escandalosamente las manos explicando alguna de sus urbanas paranoias. Y me deprimía el constante tono naranja de la fotografía de sus películas. Para mi cualquier película de Woody Allen era una demo, un pedazo de una infumable película eterna cortada en doscientas porciones insufribles de idéntica manera; con actores poco atractivos y gente, en general, infeliz, que hacía chistes con su propia insatisfacción. Vamos, un asco.

Un día, en el instituto, a los 14, tras haber despotricado toda la pubertad contra el canijo judío, una amiga me prestó Annie Hall, conociendo mi cinefilia e ignorando por completo mi aversión al tipo y a su coprotagonista, Diane Keaton, que por alguna razón que ahora no veo clara me causaba una repulsa infinita – quizás por su estilismo absurdo en El Padrino y por rechazar la petición de mano de Pacino en la vida real -. A los 20 minutos de visionado ya me caía bien Woody y Diane me resultaba extrañamente encantadora; a partir de ahí no he dejado de reírme y de llorar con Allen durante los últimos once años.

Hace unos meses hice una selección de sus citas más famosas, pero nunca llegué a usarlo para nada (para nada relativamente remunerado) de manera que lo dejo por aquí, que no estorba, ¿no?

DE “ALERGIAS” Y LA PROXIMIDAD DE CUPIDO COMERCIALIZADO

Como no pienso escribir un post dedicado a San Valentín, adjunto ya una noticia reciente y local sólo para recordarme a mí misma hasta qué punto es borroso el límite entre el romanticismo y la locura (aka chabacanería – o quizás estoy premenstrual y por tanto excesivamente crítica con estas “cosas”).

Se busca rubia sonriente

Gente de aquí y de allá | EL AMOR PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD
Un peregrino se enamora en León de una joven con la que intercambió una fugaz mirada el pasado día 1 en la Catedral e inicia una delirante campaña para conocerla. menudo salao...

O está arreado del tambor o es un pobre romántico en este mundo de frías pasiones. Biagio Carroccia, malagueño de 27 años de edad, busca en León a la que cree que es la chica de su vida, una joven bilbaína que estudia la carrera universitaria aquí y con la que un fugaz intercambio de miradas bajo la imperiosa fachada de la Catedral le ha dejado el pensamiento y el alma haciendo chiribitas. Eso ocurrió el día 1 de este mes, cuando el joven visitó la ciudad en su peregrinación hacia Santiago de Compostela.«No tengo nada que perder y sí mucho que ganar», afirma el italoespañol al otro lado del teléfono cuando se refiere a los anuncios de prensa y a los programas de televisión a los que ha acudido para encontrar a una joven a la que describe así: «Es rubia, con unos ojos claros preciosos y una sonrisa muy bonita. También recuerdo que es bajita y que tendrá entre 20 y 22 años». Es todo lo que sabe. Ah, y que lleva cosmética dental, concretamente un brillante pegado en un diente.«Llegué a la puerta de la Catedral -recuerda- y fui a preguntarle porque me pareció una chica muy guapa, la verdad. Nos miramos, y hasta mis compañeros se dieron cuenta de que había surgido algo», recuerda con una voz que evidencia una sonrisa de oreja a oreja. «Y le pregunté por San Isidoro. Entonces ella me dijo que no sabía dónde estaba, y eso me dio pie para preguntarle si no era de León. Por eso sé que es de Bilbao. Pero ya no reaccioné más».«Esa misma noche soñé con ella -continúa-. Le dije a la gente que me he ido encontrando estas semanas por el Camino que se me había ocurrido la idea de poner un anuncio en un periódico buscando a la chica. Al destino a veces hay que empujarlo», reflexiona con un optimismo insultante. «Y así lo hice». «O estás loco o eres un genio», le dijo un peregrino.

Biagio Carroccia se encontraba ayer en tierras gallegas siguiendo su ruta. En su viaje planea un San Valentín muy especial. Tiene previsto convocar una concentración en el campus universitario de León el 14 de este mes para buscar a la chica. Asegura que la televisión pública le apoyará en esta idea. Entre otras cosas, pondrá carteles en la cafetería buscando a la joven bilbaína y volverá a poner dos mensajes en este periódico el día 13 y el día 14 dirigidos a su pretendida conquista, de momento anónima no se sabe si por decisión propia o por desconocimiento.

-¿Qué le dirías si algún día la llegas a ver?

-Pues que me gustaría tener amistad con ella y conocerla más. Después será el tiempo el que tenga la respuesta. Al menos ahora sé que existe.

-Esto puede ser de novela de Bárbara Gowdy o una psicópata. ¿Lo había hecho alguna vez antes?

-Nunca. Soy de ideas descabelladas, pero jamás había hecho una cosa así. Bueno, cuando he tenido pareja pues a lo mejor la he llevado a dar un paseo en globo o la he alquilado una sala con violinistas, pero esto, no.

Biagio salió de Lourdes hace un mes hacia Santiago. El día 13 cuando llegue a la capital gallega habrá recorrido unos mil kilómetros. Es la cuarta vez que lo hace. Reside en Málaga, donde trabaja como organizador de grandes celebraciones (congresos, bodas, ectétera). Aprovecha los tres meses de vacaciones que tiene en invierno para peregrinar, una de sus grandes pasiones, asegura.

Pero pasiones las que ha levantado entre más de una leonesa. «Hoy mismo -por ayer-, me ha enviado un mensaje una chica diciéndome que si no encontraba a la verdadera ella se ofrecía para conocerme». En fin. Lo inusual no es que le haya enloquecido aquella joven, sino que la busque para contárselo.

FIN DEL CUMPLEAÑOS GITANO

Que cual boda de idem ha durado varios días, aunque no ha habido tanto alcohol ni desenfreno; de hecho por no haber no ha habido ni fiesta de la pintura – postpuesta para primavera cuando nuestra querida casera Orosia ya haya hecho su “inspección”; es igual que una casera de sit com, completamente entrometida y fácilmente escandalizable -. Sin embargo he de decir que me siento profundamente satisfecha de haber encontrado por primera vez en años el equilibrio perfecto entre todos los presentes. Yo no tengo un grupo de amigos sólido y nutrido, sino más bien un conjunto de pequeños grupillos o miembros independientes que provienen de ámbitos y etapas de mi vida muy dispares, de manera que en su encuentro suelen surgir ciertas fricciones que se materializan al fin en tontos enfrentamientos y puyitas más  o menos desfortunadas que tienen siempre como escenario mi aniversario.

Este año ha habido dos bajas importantes y calculadas – por mi parte, ya que en ocasiones hay que priorizar el pragmatismo – que serán recompensadas individualmente viendo trenes por un lado y yendo al Musac después de ponernos ciegos de chocolate lindt – posiblemente el mejor chocolate que existe -, por el otro (aún a pesar de que bob fuese a ver a Ernesto Sevilla sin mí…

El sueño y la resaca emocional no me permiten extenderme en una descripción clara del evento, pero debo decir que hubo tres o cuatro momentos de auténtica felicidad. Adjunto una foto de algunos de mis amigos fingiendo divertirse por amor a mí junto a otro abochornado sin censura por respeto a mí. xD!

por que este año no hay gelatinaaaa

AHORA SÍ QUE ME HE DEPRIMIDO

Mirad!!!

Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla en Madrid (monólogos)

Viernes 8 de febrero, 1,30 horas
Sala Galileo Galilei
Calle Galileo 100, Madrid
(entrada 10 euros)

Joaquin Reyes y Ernesto Sevilla

Como puedo ser tan poco previsora!!!! El puñetero día de mi cumpleaños! ME ODIO A MI MISMA.

YO NACÍ EL MISMO DÍA QUE JAMES DEAN

James apunto de enseñar un pechitoY de pequeña tenía la estúpida costumbre de contarlo por doquier como una curiosidad crucial que implicaba en mi personalidad alguna clase de característica fulminantemente carismática; ya ves truz, ¡James Dean! Si lo único que sabía era fruncir el ceño, menudo paleto… También sabía de la coincidencia con Julio Verne y Jack Lemmon, pero jamás la compartí con nadie; ya se sabe que los adolescentes tienden a ser muy snobs y James Dean era mejor producto de marketing en comparación. Es como cuando decía “yo soy zurda como Woody Allen y Leonardo Da Vinci” pero jamás como Marilyn Monroe, claro… a ver si se iban a pensar que era boba!

Tengo 25 años, justo ahora, en este instante, clavaditos. Me encantaría retroceder en el tiempo tan fácil y cómodo pero menos torpe que como lo hacía Marty McFly y hablar conmigo misma a los 14; justamente el día que las monjas nos llevaron a ver entrenar al Real Madrid en la ciudad deportiva. Cuando miraba con los ojos vidriosos, las rodillas temblequeantes y las hormonas desquiciadas a Pedja Mijatovic hacer que corría por el campo mientras se atusaba su pelazo engominado y lanzaba esputos al césped con violencia. Una imagen nada romántica si lo pienso ahora pero que entonces evocaba en mí el deseo de establecer una familia con él a los 23 años. ¡Veintitrés! ¡por el amor de Dios! Que precocidad tan insultante para una chavalina con aparato dental, que escribía poemas edulcoradísimos e intentaba depilarse con cutter (sí, eso ya lo contaré otro día). Cómo podía pretender condenarme tan rápido y con un hortera semejante…

Nunca tuve un gusto exquisito

Sólo quisiera encontrarme conmigo misma entonces, digo, para agitarme fuertemente y decirme que la vida pasa demasiado rápido como para entretenerme soñando con futbolistas extranjeros con voz nasal y un pésimo sentido del estilismo… Quizás de esta manera hoy, después de 11 años, sería lo suficientemente madura como para no soñar con actores escoceses o en su defecto, con políticos locales (que es todavía más inmoral).

Lo único que me molesta de tener 25 años, es que a pesar de lo que pueda parecer – creo que lo parece a juzgar por lo que me dicen otros; aunque quizás simplemente sean un atajo de hipócritas despreciables xD- tengo las mismas prioridades vitales y los mismos ideales que tenía en mi adolescencia; la única diferencia es que ahora uso sombra de ojos, tengo tetas y lloro con menor frecuencia. Es decir, mi madurez, mi edad mental y/o emocional es la de una puber de los noventa, lo cual implica que soy insegura, voluble, ingenua, mificadora, tímida y dolorosamente tendiente al efecto retardado, más popularmente conocido como “Marta, tía, estás a uvas”.

Resumiendo, no pasa un solo día de mi vida sin que me pregunte qué es lo que me estoy perdiendo.