“In my dreams I kiss your cunt, your sweet wet cunt…”

Acabo de verla y no dejo de sentirme feliz por no haber pillado nunca a mis padres en pleno acto carnal. Pobrecita Briony mirándoles desde la altura de un comino y condenándoles con la frialdad de un dictador universal acomplejado con su estatura.
Fotografía envolvente, perfectamente evocadora banda sonora, tempo seductor, la mirada poderosa y sabedora de su poder de una puber infeliz, la belleza Hepburiana y casi hipnótica de la anoréxica más glamourosa de nuestro tiempo y sobre todo, el escocés… esos ojos casi turquesa que parecen contener toda la fuerza y profundidad de la inocencia; ese entrecejo más versatil que el muestrario completo de las muecas de Jack Nicholson en toda su carrera; la sonrisa ahogando siempre un carcajada catártica que acaba explotando sobre las mejillas enrojecidas por una especie de prolongada ingenuidad juvenil y porque los escoceses, ya se sabe, tienen muy mala circulación…
Absorbente de principio a fin, crea un clima del todo desasosegante a lo largo de su metraje, algo así como si Kafka hubiera dirigido una novela rosa.
La pérdida de la inocencia, la mitificación de los sentimientos, el sacrificio, el deseo y, sobre todo, la expiación nunca consumada; vamos todo eso que hoy se busca tanto en los anuncios por palabras mezclado con principios y valores; es decir una película maravillosamente pasada de moda.

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