LA VERGÜENZA DE LO CAÑÍ

No sé a qué maquiavélico ser o grupo de seres les ocupa realizar el casting de presentador de la Gala de los Goya, pero resulta asombroso que Corbacho -¡y por segunda vez consecutiva!- le haga gracia a alguien más aparte de a su madre y a su abuela y ni siquiera creo que a éstas dada la absurda proliferación en su repertorio de chistes sexistas y soeces carentes por completo de gracia  u originalidad. Y ni siquiera he empezado a hablar de ello…

cada dia mas estelar AlbertoLa gala fue parecida a cualquier otro año, una parodia mal ensayada de los Oscars que en esta ocasión difería infinito de su modelo no ya  por falta de recursos económicos si no por ausencia absoluta de imaginación y esfuerzo por parte de sus responsables. Los presentadores de cada premio se limitaron a dejarse ver en el escenario; ellas con sus vestidos asesinos (la amplia mayoría iba mal embutida o dejaba atrás una larga cola de tela con la misma cadencia y elegancia de una cortina del rastro) y ellos, con su timidez enfermiza confundida con sobriedad (exceptuando claro está a Coronado, resplandeciente gracias a la buena ingestión de fibra y Santi Millán, que es todo lo que Corbacho pretende ser y nunca será, un tío simpático).

Digo “se limitaron a dejarse ver” dado que ninguno de los mismos esgrimió texto ínfimo alguno; qué se yo, una breve explicación del leit motiv de sus existencias, un chistecillo o un “pues verán la diferencia entre Sonido y Efectos sonoros es…”. Cualquier discursillo personal me hubiera valido.

Recordé aquella magnifica edición dirigida por la años ha fallecida Pilar Miró, cuando cada unos de los premios era entregado por una pareja distinta y mixta de nuestras estrellas patrias, que salía a escena y tras un corto pero cómplice diálogo se daban un beso -muy cinematográfico- con mayor o menor pasión, dependiendo siempre de sus roles habituales para posteriormente entregar el Goya pertinente. Un gala original, entretenida y glamurosa; en la que Emma Suárez subió con un solo y larguísimo guante negro a recoger su premio por El perro del hortelano en lugar de soportar los desafortunados pseudochistes del baboso Corbacho…

Se agredece, no obstante, en la presente edición, la imprevisibilidad de la entrega de Goyas; dado que por norma general la película favorita del año – en este caso El Orfanato- solía acaparar la mayoría de premios así como los más “importantes” – véase Mejores actores, Guión, Director y Película.- En esta ocasión La Soledad ha eclipsado a El Orfanato – Mejor Película, Director y Actor de reparto- contra todo pronóstico.

Maribel Verdú al fin ha recibido el reconocimiento tan esperado tras décadas de prolífico y cada vez más y mejor pulido trabajo, mientras Alberto San Juan recogía con corrección y merecimiento infinitos su Goya al Mejor Actor por Bajo las Estrellas mientras Alfredo Landa – minutos antes galardonado con el Honorífico y víctima de la emoción- miraba con asombro a su esposa, quizás preguntándose quien era el mocoso ese guaperas que se llevaba su premio y despotricaba contra la conferencia episcopal.

En resumen… Que alguien convenza a Wayoming o Buenafuente para que presenten la Gala y nos libren del bochorno que supone asociar lo cañí a lo chabacano. O mucho mejor, ya que La 2 ya se ha rendido a sus encantos, sería divertídisima una Gala “Chanante” de los Goya, presentada por Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, con un humor mucho más inteligente, una presencia más estética y una capacidad para la parodia fílmica infinitamente más agudizada y elegante.

¡O es que sólo yo odio a Corbacho!

 

 

 

 

2 comentarios

  1. no, yo también lo desprecio
    el numerazo de ayer en la gala daba vergüenza ajena y el respetable parecía abochornado por los chistes sin gracia y llenos de tópicos que el tipo lanzaba como exabruptos por su boca
    a ver si le abolen, o abdica ya porque se hecha de menos alguien que no dé grima presentando la entrega de unos premios que ya de por sí dan cierto rechacillo…
    el tufo político era innegable y sin embargo, qué bueno está el Sanjuán, joe!

    H.

  2. Corbacho es deleznable. Totalmente grotesco y abochornante. Ciertos momentos de la gala daban verguenza ajena.

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