“Qué entrada, eh?…”

Yo tenía cinco años cuando David Addison confirmó para mí la existencia de dos géneros bien diferenciados. A partir del primer instante en que Bruce Willis esgrimió su primera media sonrisa curvando pronunciadamente una flecha en la comisura derecha que parecía apuntar al cielo descubrí que él era un hombre y yo un proyecto de mujer.

Y eso fue cuando las mujeres llevaban zapatos de tacón de aguja, hombreras de jugador de rugby y el pelo voluminoso y enlacado. Cuando no había hombres como David Addison, tan polifacético que marea de puro inverosimil: brillante, encantador, divertido, sensible, romántico y un golferas impresentable, pero paradójicamente enamorado hasta las trancas de una harpía estirada. Ah, y sexy, muy muy sexy; con sus entradas y su barriguilla incipientes incluídas en el pack.
Y aquí estoy yo, casi dos décadas después preguntándome por qué me engañaron así. Ni los había entonces, ni los hay ahora. David Addison pertenece a una raza exclusiva y unitaria que se extinguió con el fin de la quinta temporada de Luz de luna en 1989. Bruce Willis le imita de cuando en cuando, pero en ocasiones resulta grotesco y/o vergonzante y sólo consigue recordarme hasta que punto David esta muerto y bien enterrado. Ya no hay golfos como los clásicos. Hoy vi a Dudley Moore en “Arthur, el soltero de oro” y lloré. Qué nostalgia de aquellos ochenta que viví desde la óptica de un comino…¿Y qué decir de Cybill? Maravillosamente atravesada por un gigantesco pepino metido por su gran y sobervio trasero. Qué digna y risoria al mismo tiempo. Las chicas como ella sólo se acostaban con el chico a partir de la tercera temporada. Eso sí era tensión sexual no resuelta de calidad. Todos confiábamos en la máxima seguridad del cinturón de castidad de la Shepherd. La bragas de acero y el follarín; no se me ocurre mejor combinación. A la altura de las grandes comedias del Hollywood de los treinta y cuarenta. Estoy segura de que si nunca se hubiesen acostado (sus personajes, no me meto en el sexo entre bastidores; aunque no es un tema poco interesante…) la serie hubiese durado otros tres o cuatro años más. Lástima que Bruce se agenciara aquella camiseta blanca de tirantes.

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