“¿ESTÁS MÁS TENSO QUE WALKER TEXAS RANGER?”

Antibar    Así rezaban los flyers del Antibar (aka La casa de tu madre) el local más pintoresco del centro histórico de Mérida, donde las copas te las servía un tipo clavado a Pablo Motos y la música era tan sumamente alternativa que por exceso era ya comercial. Este curioso lugar con los techos adornados con cabezas de maniquíes de múltiples colores fue uno de los mayores atractivos que llegamos a descubrir de Mérida, dado que nuestro anfitrión se empeñó en llevarnos a comer cabritillo a un pueblo del norte de Cáceres llamado La Garganta, donde la gente era encantadora, el paisaje impresionante (tanto que no conseguí hacer una sola foto digna) y el cabritillo francamente de una potencialidad adictiva. Creo que este fin de semana he engordado un par de kgs con tanto turismo gastronómico enmascarado de turismo cultural; estoy segura de que el principal afán de Omar (el amigo que nos invitó) era ponerse ciego y luego bajar la grasa a base de subir cuestas.

Hervás fue la prolongación del sábado. Un pueblo en el que yo afirmé en numerosas ocasiones que no podría vivir. Lleno de calles estrechísimas y olor a aceites consumiéndose supuestamente aromáticos que me resultaban mareantes. En las tiendas de souvenirs sólo vendían dedales de porcelana, o al menos eso creo, es posible que los aceites me hayan dejado selectivamente amnéxica.

Cenamos en Trujillo, que casi parece un pueblo italiano, una versión un poco menos grandiosa de lo que yo suelo soñar debe ser Arezzo (la ciudad de La vida es bella); era verdaderamente bonito y monumental, aunque la atmósfera romántica la rompían la proliferación en sus calles de grupillos de chavalines akinkillados.

El acento extremeño es dolorosamente cargante en ocasiones; mi amigo no paraba de imitarles acentuando la última sílaba de cada frase con una musicalidad más mexicana que meritense (¿meritense? je ne sais pas) y resultaba tremendamente cómico y posiblemente ofensivo para cualquier lugareño presente….

Entre las anécdotas más remarcables de todo el viaje, cabe destacar nuestro encuentro con una “simpática” aunque incómoda (después de observarlas a mí me picaba todo el cuerpo) fila de orugas que se dirigían desde el bosque hasta la carretera para acabar muriendo parcialmente atropelladas en alguno de los tramos de su cadena de varios metros de longitud; incluso grabamos un pequeño video ilustrativo pero posteriormente yo decidí que nadie más querría ver eso, en realidad, y dudo sumamente que llegue a compartirlo con el mundo. De camino al casco antiguo hay una larga calle de bares llamada John Lennon (^_^) junto a cuya placa me hice una foto, pero salgo tan horrenda que no pienso adjuntarla a esta entrada. En tercer lugar escuchamos en un pub llamado La cruzada a un chaval de unos veinte años decirle a otro: “pero cerrazte al gorrino ante de salí…?” Frase que nos dejó un tanto perplejos y posteriormente fue la frase más imitada y repetida de todo el fin de semana.

Sólo espero volver y ver el anfiteatro… Es como ir a París y pasar de la Torre Eiffel porque no te da tiempo a subirla a pie. 

Una respuesta

  1. Hola!
    Estuve paseando un poco por acá también, me gusta tu narrativa, tienes muy lindo espíritu.
    Nos estamos leyendo.
    Saludos intercontinentales,
    Rogelio.

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