CHISTES TONTOS PELÍCULAS SERIAS: Los puentes de Madison

Lo prometido es deuda. Ni siquiera he tenido que volver a verla; no hubiera podido, llevo toda la semana sufriendo el síndrome premenstrual y he llegado a llorar incluso con Mejor solo que mal acompañado (cuando Steve Martin descubre que John Candy es viudo); con que… cualquiera soporta con ese nivel de sensibilidad la secuencia de la furgoneta y Clint bajo la lluvia sin tener ganas de abrirse las venas luego. En fin…

no, no son Clint Eastwood ni Meryl Streep (ven pa cá fisonomista...)

Quizás no os hayais dado cuenta, pero esta maravillosa obra maestra del cine contemporáneo que mi hermana es incapaz de ver con aprobación dado que en palabras textuales de la misma: “me da asco pensar en los cuerpos talluditos de esos dos retozando sudorosos”, está plagada de dobles sentidos y momentos cómicos como la vida misma ofrece en su cotidianeidad. Yo he seleccionado únicamente un par de ellos porque tampoco quiero ir a lo fácil y caer en los derroteros marcados por la cruel y frivolona crítica de mi santa hermana.

Antes de nada, pongámonos en antecedentes, por aquellos que no la recuerden o incluso los que no la hayan visto. Los puentes de Madison cuenta la historia de una maruja clásica de origen italiano que antaño fue una mujer llena de sueños y aspiraciones truncadas por la pasividad y conservadurismo de un yanki bonachón y antilujurioso con el que se casa y establece un hogar. Llegada a su madurez conoce durente cuatro días (locos, locos…) – en los que su familia se encuentra fuera de casa en alguna clase de festival porcino o semejante donde todo el mundo va ataviado con un peto vaquero – a un fotógrafo maduro pero aún cañón del National Geographic.

Ambos, a pesar de unos estilos de vida antiéticos, descubren que están hechos el uno para el otro o al menos que son perfectamente compatibles para unas 86 horas de convivencia continuada y maratones sexuales en el suelo del salón. Él se enamora apasionadamente y ella también, pero es más práctica y decide que sigan queriéndose eternamente en la distancia dado que aunque el viagra es bastante eficaz sabe que la menopausia está a la vuelta de la esquina y cualquiera pasa la vejez fotografiando postales por cuatro perras y batiendo records eróticos con un abuelete lascivo/hiperactivo como Clint Eastwood.

Pues bien, a lo largo de la evolución en la relación de los dos protagonistas – antes del drama y del tevienesonotevienesquenotengotodoeldía? – se producen dos momentos reveladores y profundamente irrisorios:

– El primero delata por completo un hecho previsible: Meryl Streep tiene ganas de mambo. Cuando después de varias horas de conversación mientras ambos se fuman un par de cigarrillos que ya parecen postcoitales (vamos, que se hacen como muy interesantes ellos sosteniendo el pitillo…) Clint le pregunta a Meryl por su marido; ante lo que ella responde de manera totalmente espontanea descubriendo que Eastwood la tiene rota…

1º APOLOGÍA ROMÁNTICA DE LA HIGIENE

– El segundo siempre me ha inquietado sobremanera y posiblemente el equívoco se deba a la mala traducción; pero si a mí un tipo me dice esto al verme en nuestra primera cita romántica pensaría que estoy en un reallity show o sin saberlo soy la protagonista de una enésima versión de Betty la fea.

2º PIROPO DUDOSO

*Nota: ¡¿Quién?! ¿Qué clase de neurótico capullo sería capaz de HUIR DE ALEGRÍA? Ahí te has columpiado mucho Clint Eastwood…

Una respuesta

  1. No dice huyendo de alegria dice auyando de alegria

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