“La gente debería aparearse para siempre como las palomas… o los católicos”

El auténtico inicio de mi educación sentimental, obviando mis escarceos platónicos precoces con David Addison, comenzó con Woody Allen. No es nada divertido ver las relaciones humanas de esa forma; yo tenía un amigo que en nuestra adolescencia me propuso mantener una relación basada en el dolor y el humor: “yo sufro y tú te ríes, ¿qué más quieres?”. En principio puede resultar un tantito tragicómico, incluso posee reminiscencias pretenciosas (este amigo mío del que hablo siempre lo fue un poco, pretencioso y amigo a partes iguales); pero pensándolo bien no es acaso la mejor definición compacta que se puede hacer de una relación sentimental? Se empieza riendo y se acaba llorando…

En aquel caso era una propuesta perfectamente atractiva y favorable para mí. Pero no acababa de convencerme la idea de compartir mi vida con un monologuista descojonante que en el fondo se dedicaba a sublimar mediante el humor su frustración por no ser Paul Newman. Todos los cómicos quieren ser Paul Newman ¿sabeis? (donde digo Paul, digo George Clooney o el guaperas de tu clase) y ante la ralentizada evolución de la ciencia aún no pueden conseguirlo con cirugía, de manera que desvían la atención de sus orejas de soplillo y/o su nariz judía y/o su barbilla retraída y/o sus ojos hundidos y/o su enclenque figura haciendo reír por doquier y convirtiéndose en gurús de las nuevas generaciones.

Un humorista es hoy día a nuestra sociedad, en este punto exacto de la historia, lo que fueron los futbolistas para las lolitas de carpetas tatuadas con dedicatorias precocinadas del tipo: “si fueras la luna y yo el sol juntos haríamos un eclipse de amor” (nauseabundo, qué no?) hace una década: Los nuevos sex symbols nacionales.

Ahí están los chicos chanantes; que – aparte de Ernesto Sevilla – dudo que mojaran mucho en la facultad de Bellas Artes de Cuenca:

 Puro sex appeal…

Antes de eso ya andaba por ahí pululando Andreu Buenafuente, con su tanga hipervalorado de Ebay, todo feromonas él. Aparecía en casi todas las encuestas y artículos de opinión de horrendas revistas femeninas de tirada nacional como uno de los hombres más deseables del país:

guapo guapo...

guapo guapo...

¿Quién hubiera dicho que quizás Faemino y Cansado de haber nacido un par de lustros más tarde hoy se llenarían foros con comentarios de fans en su honor ensalzando su magnetismo sexual…?

  Simply irresistible!

La belleza es subjetiva, el amor efímero y el humor puede durar toda la vida; no se me ocurre un valor más en alza a día de hoy. Hasta el sexo se agota y aburre, puedes llegar a sorprenderte a ti mismo diciéndote en off: “uff, un polvo ahora… ¿y otra vez con la misma? quita quita… que me duele el pubis sólo de pensarlo”; pero jamás dirás con o sin reverb: “como vuelva a soltar otra carcajada me automutilo”.

De manera que, lo único triste de este tema, es que humoristas buenos de verdad, hay pocos y los que hay están todos pillados (en todas las acepciones coloquiales del término).

Mi solución es simple, si no puedes ligarte a un humorista conviértete en uno de ellos. Al fin y al cabo lo único que importa es desencajar la mandibula batiente, sudar un poquito, endurecer el abdomen, achinar los ojos, emitir sonidos guturales estridentes y en definitiva ser completa y absolutamente feliz durante unos sagrados segundos de vida. Así que´aquí os dejo unas cuantas sugerencias de fotos que pegar en vuestras carpetas, mozas y atentas al gracioso pesado de vuestra clase; dentro de diez años lo estará petando.

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