Mal de Capgras

Anoche tuve una horrenda pesadilla relacionada con este tema. El Mal de Capgras, para el que no esté instruído en estas mamonadas, es una enfermedad psicológica consistente en tener la sensación de que un ser querido y allegado a ti ha sido sustituído por su sosías, por un doble, un impostor, vaya.

De pequeña soñaba que mi madre estaba duplicada y a veces mientras la primigenia mamá tejía en el salón la otra se encerraba en su habitación a conspirar y mirar aviesamente a cualquiera que la interrumpiera en su estado de trascendencia maquiavélica. Aparte de esto creo que Kristin Scott Thomas es un ciborg réplica de sí misma en el pasado; lo notaremos dentro de veinte años cuando siga teniendo cuarenta. Que no está mal aparentar cuarenta cuando deberías parecer una abuela pero la pobre Kristin ya parecía tener cuarenta cuando tenía veintitantos; que por algo en todas las pelis la ponían de nombre “Fiona”, que suena a frígida intolerante y tiránica de origen noble.

 Sí…sí… te he pillado Kristin…

El caso es que cuando busqué en la sagrada Wikipedia (responsable en amplia medida de que los colaboradores de late shows parezcan cultivados) información sobre el Mal de Capgras me apareció un “mal” infinitamente más interesante El Síndrome de Frégoli.

Fregoli era al parecer un actor italiano de principios del siglo pasado capaz de interpretar a varios personajes al mismo tiempo en una obra. De ahí que el síndrome que lleva su nombre identifique a aquellas personas que creen que un conocido allegado o no, es en realiddad la encarnación de otra persona también conocida o querida en el pasado por el paranoico en cuestión. 

Gracias a esta información extra adquirida en menos de media hora – qué aventura el saber! – he comprendido que padezco quizás en un medida anecdótica y del todo variable un poco del Síndrome de Fregoli y por eso me gusta tanto el charcutero del Mercadona, porque estoy convencida de que es Kiko, mi primo tercero al que no veo desde la infancia pero que siempre he adorado en el casi absoluto desconocimiento mutuo.

 Este es Fregoli con un sombrero levitando sobre su cabeza.

En otro orden de cosas…

Test del hombre ideal news…

Un chiquillo de menos de 19 años cuyo héroe es Woody Allen se ha colado para hacer el test. Me ha recordado a mí misma a su edad y por respeto a mis menores no le he evaluado pero merece mención de honor; así que: ¡Mención de honor en negrita para el chiquillo de menos de 19 años!

Por otro lado Nikrom, ya he solventado mi confusión con respecto a la autoría de las respuestas parafraseadas en el último post encontrando las tuyas reales – gracias por las pistas – y, aunque tu respuesta sobre el mesías encargado de salvar a diez personas del apocalipsis era notable, el resultado final es un 62%. Vamos que podríamos tomar un carajillo juntos y no acabaría en drama; pero es que odio los pepinillos… ¡los odio!🙂

Y… Elio! Jo, me ha conmovido tu sinceridad, eres uno de los pocos que en la pregunta de Perdidos no ha respondido “Hurley, el obeso bonachón” – una respuesta trampa, que sois más inocentes… – y el único entre todos que se ha decantado por Jack; sí, señor! Gracias a que además eres un cabezón cervecero y Scarlett Johanson no es anoréxica has conseguido el resultado más sexy de la tabla: un 69%.

Nadie, por supuesto, ha logrado desbancar a Alejo del podio. Aún así todo esto es fútil ahora mismo dado que el martes me “encontraré” con mi sosías emocional; el plurimencionado… (Redoble de tambores…):

¿¿¿¿BRUCE WILLIS????

 Qué nooo… jo, picais siempre, eh? Ains…

Me refería a un tipo mucho más atractivo que este, donde va a parar…

 He escogido esta foto porque estoy en proceso de desmitificación.

Sí, voy a ver a Berto en vivo y en directo al plató de Buenafuente ha salido un momento. Iré acompañada, en definitiva, de mi auténtico héroe, mi mejor amigo, David. Un hombre más bello que el primero y tan ingenioso como el segundo, vamos, la repolla:

David y yo ejerciendo de amiguines

 Bueno, creo que con esto ya he conseguido escribir un post más largo que el último comentario de Nikrom (ja!) Ahora veré una película pedantísima de Julie Delpy y puede que más tarde os confeccione un nuevo test (esta vez no será anónimo: “después de visto, todo el mundo es listo”; mi padre dixit).

 

 

 

                                      

3 comentarios

  1. ¿Pepinillos? No recuerdo si los puse o no, pero mi ensalada ideal tiene lechuga, queso, macarrones y está condimentada con macarrones, y en realidad pongo la lechuga por poder llamarlo “ensalada”.

    Estoy impaciente por quedar primero en el siguiente test.

    Espero que te vaya bien visitando a Berto: Si quieres regalarle algo te recomiendo que le escribas un breve guión en el cuál él sea el protagonista. Seguro que le gusta el detalle, y además, si hay suerte, a lo mejor te hace un contrato…

  2. Sabes, Nikrom, me ha deprimido saberme tan transparente… No creo que se digne a leerlo entero, yo si fuera él me aburriría un huevo en mi egomanía leer textos ajenos.

    De todos modos me pondré bien guapa, no deja de ser Barcelona y por la noche saldremos a ponernos ciegos de Guinness y ligarnos parejas liberales (es que salir a ligar con un amigo es un asunto complejo cuando tú eres mujer y ambos sois heterosexuales)

  3. ¡No te deprimas, Chaplina! No eres tan transparente… es sólo que hablas mucho de ti misma, pero ya está. De todas formas, no puedo ni imaginarme cuál sería tu ensalada perfecta, o qué es lo que vas a poner en ese guión…

    Si crees que se va a aburrir, haz que sea corto y procura que se adapte lo mejor posible a tu estilo (que tenga un final gracioso si es el humor, sorprendente si te va el misterio…) y, sobre todo, ridiculiza un poco a Berto. Como genio del humor, sabrá reírse si le pones en una situación imaginaria sorprendente y quizás divertida.

    Echándole mucho morro, se lo puedes dar, incluso, en el “campeonato de romper el hielo con Berto”: Esto es muy arrisgado porque le pones en un compromiso público y podría dejarte mal con un rechazo y una frase medio en coña, medio en serio; pero también es posible que se ponga a leerlo en voz alta.
    Y si no, siempre puedes buscar un momento “intimo”, por ejemplo, el momento en el que le pides un autógrafo, le cuelas el guión, y… Que sea lo que Dios quiera.
    O puedes optar por no dárselo, caso de que no seas lo suficientemente ambiciosa, claro.

    Besos para hoy.
    Piruletas para el Martes ; p

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