Aforismo

“La amistad es como mearse encima: todo el mundo puede verla, pero solo tu sientes el calor que trae consigo”

(Hermano de Esteban)

GENTE QUE ES FEA Y NO SABEMOS POR QUÉ: Entrega I

Esta semana, como inauguradora de lujo por su proyección internacional – y también, claro está para que los pajilleros acaben enlazando aquí gracias a mis golosas etiquetas… -: ¡Jennifer Love Hewitt!

Sí, es cierto, debí editar la foto y no tirarme tan de cabeza con los flotadores incluídos. Ni siquiera yo puedo evitar echar un vistazo. Pero he de ser fiel a mí misma y evitarme futuros tumores provocados por la frustración de seguir ocultando mi contrariedad respecto al hecho de que este mico sea un sex symbol. ¿Dónde váis muchachos? Hay que ser más selectivos y sobre todo, más elegantes. ¿Es quizás Jenny el producto de las inseguridades masculinas del homo corriente sapiens; esto es, fingir que os parece macicísima una tía que no resultaría tan descabellado que pudiera llegar a acompañaros a la discoteca de vuestro pueblo con su generoso escote al descubierto puteando a vuestros mejores amigos?

En fin, Jennifer Love Hewitt, esa tetuda con la cara de un niño de 9 años con ínfulas de travelo, posee la cuestionable habilidad de comprimir en un mínimo mohín tanta repelencia como sólo un vello púbico en la encimera de tu cocina, un paluego entre los paletos de un anciano o una espinilla verde en la punta de la nariz pueden provocar. Su evidentemente elevado concepto de sí misma ha quedado en las últimas ediciones de su vida pública levemente maltrecho a causa de su terrorífica visión en bañador. No os dejéis engañar por la celulitis, eso no la hace más humana ni tan siquiera más simpática a nuestros ojos, chicas, es sólo un culo made by bollería industrial, no es que la tía sea humorista a propósito.

Su técnica interpretativa se basa en fruncir plásticamente su estrecho ceño mientras grita con los brazos hacía atrás dando vueltas sobre sí misma y gritando: “¡Por qué! ¡Qué quieres de nosotros!” ¡Loca, loca de amor!

Después de varias series melifluas en la televisión norteamericana se dio a conocer con Sé lo que hicistéis el último verano y tras una amplia sucesión de frívolos despropósitos, entre los que se incluye un Biopic de Audrey Hepburn – ¡sacrilegio amiga!; hay que tener huevos, maja. Ya de paso podrías haber defecado dentro de su ataúd – acabó como no podía ser de otra manera; produciendo su propia serie de mierda de fenómenos para anormales: Entre fantasmas. Obra que le ha proporcionado la posibilidad de ser maquillada durante horas, escoger su propia iluminación anti-antierotismo, probar todas las marcas de eyeliner existentes en el mercado y concebir como herramienta dramática el wonder bra. Eres una transgresora, Jenny, sí señora. Pero fea, fea como pegarle a un padre, cuyons!

¿Soy la única que lo ve?

REEDITADO:

Por petición de Steve que sí considera a Jenny una sex symbol y para hacer más creíble este post…

 Oléeeeee….

La felicidad de los otros

SUE ELLEN

¡Lárgate mariquita!

ODETTE

Sue Ellen no llames mariquita a tu hermano

SUE ELLEN

¿Por qué? Todo el mundo sabe que es mariquita

ODETTE

Pues por eso, no hace falta echárselo a la cara.

Odette, una comedia sobre la felicidad, cuenta la historia de una mujer de cuarenta y tantos años cuya vida monótona y corrientita se desarrolla sin amargura y permanentemente cubierta del entusiasmo que produce en ella la lectura de las novelas de Balthasar Balsan, un escritor de éxito que atraviesa un bache en su vida profesional y afectiva y es profundamente infeliz.

Cuando éste último cae en una depresión Odette, la única persona que le ama incondicionalmente le acoge en su casa y le enseña a ser feliz.

Un argumento archirromántico con una puesta en escena abrumadoramente rosa, rayando en lo ñoño. No obstante y aún a pesar del empacho de breves momentos musicales que no hacen sino redundar en el caracter ultrabondadoso de su protagonista (Catherine Frot, una mujer a la que todos querríamos como tíabuela prematura) se compensa y casi casi equilibra con un sentido del humor familiar y exento de cinismo. Tan agradable y alentador como un chiste blanco de hora y media de duración, Odette posee momentos conmovedores rotos ocasionalmente por la caramelización de los climax o las prolíficas levitaciones de su heroína. Sin embargo merece la pena disfrutar de ella si el día acompaña; esto es, si ha salido el sol, has ido bien al WC y cuando estabas en el autobus camino al curro alguien te ha sonreído sin apartar la mirada durante casi tres segundos.

En cambio, si sois lo más parecido a una versión contemporánea de Alex en la Naranja mecánica, absteneros de ver esta bazofia sino queréis sufrir un ictus. A cada uno le tira lo que le tira.

 

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre mi sexo y no temía preguntar

En mi ya arraigada costumbre de escribir post simple y llanamente por hacer la rosca al alguien ya sea o no veladamente -aunque sigo convencida de ser lo menos sutil que se ha parido jamás y el concepto de “velar” en cuanto a sinónimo de atenuar se refiere nunca ha sido mi fuerte, no así la primera acepción de permanecer despierta durante la noche; actividad que por muy diversas y no siempre voluntarias razones he prácticado a menudo en los últimos tiempos y si no añado un “ja!” a esto, es porque no pretendo ironía alguna en mis palabras, aunque cada uno lee como le sale de la punta del nabo y esto último sí ha de ser entendido en su sentido no literal, por favor – he decidido exponer alegremente este fascinante tema de título tan goloso dada la preocupación generalizada aunque muy dispar de tipo y muy diversa en intensidad – la preocupación, digo, no mi vida sexual que al fin y al cabo es normal (ni mucho ni poco, sólo lo justo).-

Pues bien, es cierto que no hago el amor. Me he quitado. Se me pasaron un día las ganas y vaya usted a saber por qué no han regresado en meses. No se trata de una enfermedad venérea o un hartazgo de filantropía (aka exceso de fornicio en el pasado) ni siquiera, como algunos habéis apuntado, una apuesta perdida o un requisito para ganarla… No, qué va, es que el sexo es sucio, aburrido y está tremendamente sobrevalorado. Y además despierta mi vena interpretativa de un modo vergonzante a la par que frustrante pues finjo y me arrepiento pero luego no se lo puedo contar a nadie ni tampoco evitar fingir en el siguiente intento. Es algo terrible. Posiblemente tras estas, mis deprimentes palabras, pensaréis que soy frígida. Yo de hecho, que me conozco desde hace tiempo, mientras escribía el último párrafo empecé a resultarme sospechosa… La verdad es que sí sé qué es lo que se siente y de hecho lo siento y sino me creéis, tengo pruebas: ¿a que el orgasmo es igual que la sensación de hacer pis tras aguantarte durante mucho tiempo junto con un estornudo con carga y unas cosquillas en la planta de los pies muy suaves muy suaves; todo ello comprimido y posteriormente multiplicado en intensidad y tiempo (unos segundos más, vaya) con olor a verano y un ligero escalofrío en la nuca?

¿Lo véis? Sé perfectamente lo que me pierdo ¡y me la sopla! Llamadme osada!

Uh Uh uuuuhh Like a virgin! yiiija!

ESPECIALIDAD: Putero

No os he contado nada de mi viaje a Italia, ¿verdad?

Sea el experto putero by you.

DETALLE by you.

“Yo no me quiero quemar en la tele, tito”

Bueno, lo estábais esperando ¡y lo habéis encontrado! ¿Toyota? ¡No! Hoy es el día, sí, nena, hoy es el principio del fin, hoy voy a hacerme foco de escarnio público, ¡hoy voy a subir al blog la sección de cine!

Para aquellos que tenéis la suerte de no conocerme personalmente desconocereis por completo a qué me refiero. Hace sólo unos tres meses tenía mis quince minutos de fama los jueves por la noche realizando una sección de cine en un programa de la televisión local, aquí, en esta maravillosa tierra de las oportunidades que es mi pueblo; León.

De todos los programas que hice mi madre sólo grabó seís, pero como dice el maestro: “ahora estoy hablando de mis defectos, no de los suyos”. Adjunto uno de ellos porque me siento nostálgica y porque viene a ser uno de los pocos en los que no parece del todo que haya caído en una depresión.

Atención al rubio, mi ex jefe, al que guardo un cariño injustificado, inmerecido e infinito a un tiempo; es un cruce perfecto entre Leslie Howard y Vanessa Paradis:

Este post, por supuesto, va dedicado a Esteban, pues sé que orgasmizará tras los 6 primeros segundos de visionado ante la ingente cantidad de crueldades que verter contra mi persona:

ESTEBAN: “¿Seís segundos? Pobre optimista loca, sólo me hacen falta 2, mamarracha…”

Pasadlo bien, la temática es entrañable:

DECLARACIONES DE AMOR MASCULINAS EN EL CINE:

Puff… a los que habéis llegado hasta aquí sin saltaros ninguno… os quiero y también me dais un poco de miedico.

TENGO PANTOBILLOS

No puedo evitarlo, ni siquiera es obsesidad, es genética. Anoche decidí que era mejor aceptarlos y amarlos en su robusta realidad y me concentré en las ventajas de poseerlos. No encontré ninguna reseñable aparte del hecho de poder llevar calcetines sin gomilla porque la costura queda prieta por el volumen de pierna existente en la zona.

El concepto de “pantobillo”, para todo aquel que sea ajeno a la acumulación de líquidos – cabrones inconscientes y felices… – denomina el fenómeno que se produce al fundirse en uno la pantorrilla y el tobillo sin que sea posible encontrar distinción entre ambas partes de la pierna, enlazando directamente el gemelo con el pie. La visión que muy probablemente os ha producido de mi persona esta alarmentemente sincera declaración, habrá sido sin duda alguna la siguiente:

 

No os avergoncéis, yo también soy un poco hija de puta a veces; déjenme sola en una sala de espera de un ambulatorio de la Seguridad Social y saldré de allí con espasmos producidos por las carcajadas contenidas de tanto recrear mentalmente los pensamientos en off de desconocidos. Algo que, por otro lado, os recomiendo a todos los que debáis cubrir a pie trayectos de más de diez minutos; es mucho mejor inventarte traumas tragicómicos de gente ajena que ir con Tom Waits en el reproductor de mp3. Luego llegáis a cualquier sitio con ese aire de superioridad y pedantería que produce el escuchar a un tipo tan pretencioso: 

 Menudo subidito… ¡Haz gárgaras ya Tom Waits! ¡Escúpelo!

Por lo demás, está claro que siempre hay que ceder en algo, el día que amanezca con aquel que habrá de convertirse en mi compañero vital y de entre las sábanas que cubran nuestros cuerpos desnudos y fatigados por el maratón coital de madrugada asome uno de mis pantobillos sin pudor alguno y mi amante esposo exclame: “¡Madre mía, cari, con esos flotadores podrías caminar sobre el agua cual mesías contemporáneo!” ¡Entonces! ¡Y sólo entonces lo sabré! Sabré si el amor existe.

Y dicho esto voy a leer un relato erótico de algún sudamericano, que es lo más parecido al sexo de lo que gozo en mi actual circunstancia y porque la mayor parte de las veces me río tanto que se me olvida la razón por la que en principio fui en busca de relatos eróticos y mi asexualidad se reafirma más si cabe. Dentro de poco me agenciaré una burbuja de plástico para vivir en ella, como John Travolta y pegaré la cara al film transparente para que la gente me de besos asépticos. Seré la tía más popular del barrio.

 *Nota: He reeditado esta entrada cambiando la foto de Tom Waits dado que la anterior no aparecia (misterios de la nueva tecnología… fallos de matrix ¡qué se yo! Como veis en la nueva se parece todavía más a Chiwaka. ¡Jódete Tom Waits!