Mis ácaros y los tuyos formando microscópicas civilizaciones

Pienso a menudo en los organismos invisibles al ojo humano. Los ácaros son para mí como el polvillo de hadas de los adultos.

Ixodes ricinus ticks.jpg

un grano de arena en un universo de playas

            Como cuando escribes una carta – les hay que todavía lo hacemos; sí, sí, de esas escritas con papel y a mano ¡con boli! qué arcáico, válgame – y la perfumas o, en mi caso particular, la retoqueteas durante unos minutos para que queden igualmente impresas entre las partículas de celulosa algunas de ti que la hagan más personal si cabe.

           No hago jamás regalos materiales, cuando digo materiales me refiero a objetos prefabricados y puestos a la venta; véase colonias, relojes de Shin Chan, peluches gigantes o cualquier veriedad comercial que se os ocurra. A no ser, por supuesto, que se trate de literatura, en cuyo caso suelo regalar libros que ya tengo de Milan Kundera (en realidad los presto, pero jamás me los devuelven, soy una misionera cultural).

Gracias a esta norma de currarme los regalos a mano, me he ahorrado siempre una pasta en cumpleaños. Por suerte para mis amigos y conocidos aún son todos solteros, porque en caso de ser invitada a alguno de sus enlaces matrimoniales me regiría por este mismo principio y en caso de alguna disconformidad al respecto en lugar de consumir el cubierto de rigor me llevaría una bolsa de panchitos al banquete, que comerse tenedores hace pupa en la garganta.

 

          Lo cierto es que, si lo pensais con detenimiento, tiene muchísimo más valor dedicar tiempo, esfuerzo e imaginación que comprar una cartera de Gucci. Hombre, si el contraste es con una hammer la mayoria de vosotros os lo pensariais, cochinos capitalistas…

          Yo hace un tiempo comencé a sentirme altamente atraída por un tipo que se parecía puñados a Rafael Amargo. Aclaro antes que a mí éste último no me puede gustar menos y que ni tan siquiera me cae medianamente bien. No obstante, como os digo, su réplica leonesa me ponía palote de un modo incontrolado y platónico. Apenas le conocía de vista y me lo encontraba ocasionalmente en lugares públicos donde aprovechaba para inventarme cualquier clase de excusa con el fin de poder intercambiar el más leve contacto. Esto es, le pedía fuego cuando no fumaba, le pedía vez en la charcutería cuando no tenían mortadela de oferta, le paraba en la calle para preguntarle por la calle en la que yo vivía; tonteridas de enamorada. Más adelante le conocí más allá de las conversaciones “meteorológicas” y vivimos un cuento corto bastante comercial para adolescentes; luego descubrí que el clon del bailarín había trabajado en la empresa de mi padre hacía años y que su horario nocturno le obligó en numerosas ocasiones a echarse siestas en el despacho del mismo. Con el tiempo acabé convencida de que la razón de mi poderosa atracción era producto de la familiaridad creada en el pasado por los ácaros del sosías de Amargo, impregnados en el habitat laboral de mi padre y que yo pude percibir durante meses cuando le daba abrazos a este último, de manera que mi primer contacto con el suertudo tipo me causó un impacto feromonado con antiquísimos preliminares; cuando ya nuestros polvos mágicos se habían mezclado construyendo una perfecta amaca para el futuro arrullo amoroso. Como cuando los currys construían con infinito esfuerzo skylines… para que los fraggle rock se los pimplaran en cuestión de segundos.

 

        Por eso, en cuanto a los regalos hechos a mano, sabed que todo el tiempo que dedicasteis en hacer algo bello se verá recompensado por otra cantidad de tiempo mucho menor, más comprimido e intenso que invertirá el destinatario a ingerirlo. Es… como el sexo oral sublimado y de orgasmo con retardo.

 

        Dicho esto, en próximos capítulos continuará la serie de “Cómo Cenicienta armada con una caja de mariquitas hizo flipar al príncipe” o “Dioses con pies realmente bonitos”. 

        Mientras, yo saldré un momento, ¡a Italia! – ya lo dije – Si encuentro a alguna sobrina bastarda la dejaré a cargo de mi blog.

       

Besos, piruletas, guinness y Guadalajara…

 

2 comentarios

  1. Coincido contigo en la decantación por los regalos manufacturados. Yo los hago a menudo y me ecanta esa sensación de sentirte original y saber que quien lo recibe lo agradece de verdad.
    Feliz estancia en Italia!

  2. Muchas gracias, María. Espero que no se haya hundido Venecia demasiado, porque es la principal motivación de mi viaje. Soy una clásica… Y la única persona que conozco y ha ido a la cuál no le parece que huela mal; es increíble la capacidad que tengo para filtrar, colega.

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