“No me pueo casá contío poque Marion eztá embarazaa, mi amol”

Los venezolanos tienen una comicidad tan sumamente desarrollada que parecen otra especie. Han llegado a la cúspide del humor absurdo como siquiera los Monty Python pudieron rondar. Ver hoy un fragmento de Cristal se antoja tan divertido como revisar Bycicle Repairman:

En mi escuela de cine tuve una profesora de TV treintañera hiperactiva perteneciente a esta clase de ser humano por completo inconsciente de sí mismo que gracias a la seguridad y desparpajo que otorga tal circunstancia comentaba reseñas de su propia publicación de análisis de medios y aseguraba que al igual que los culebrones fueron sustituídos en su día por los programas del “corazón” estos, a su vez, serían próximamente desbancados por, literalmente, “otra cosa”. Esa, “otra cosa” no la podía desarrollar, claro está, dado que era el leit motiv de su obra literaria y podría perjudicar al inminente boom de ventas de la misma. Resultaba tan intrigante la jodía con sus ínfulas premonitorias que sólo cabía comprarse el libro o evitar sus clases, una suerte de paseos publicitarios de sí misma. Cuando nos obligó a ver Reallity shows con el fin de detectar dentro de Gran Hermano los roles de “villano”, “víctima” y “secundario cómico” decidimos unánimente aún sin previa reunión masónica de alumnos huir de allí. ¡Qué desatino! Nosotros, que usábamos boinas francesas, nosotros con nuestra videoteca cuajada de Orsones Welleses e Ingmares Bergmans, nosotros con nuestras chapitas popis, nuestras biografías de Marx (Groucho) bajo el brazo y nuestras citas Allenianas siempre preparadas para ligar ¿¡Nosotros ver Gran Hermano!? ¡Anda ya!

Hoy, después de tres años de la estampida de clase de TV – que, por cierto, el concepto evoca una pandilla de obesos ataviados con boles de palomitas cubiertos de mantequilla viendo un maratón de “Se ha escrito un crimen” en una sala oscura – aún me pregunto si vendería algún ejemplar de su farsa. Los culebrones son el esqueleto para que un producto de televisión prospere, es eso, o las ostiajas, claramente. Para llegar a una conclusión tan simple no es necesario movlizar imprentas, tía.

¿Y qué significa analista de medios? Dígamelo usted. ¿Qué hace esa gente? Si yo fuera Analista de Medios Free Lance sin duda alguna optaría por hacer rondas diarias en los Bingos, cafeterías, colas de Supermercado, colas te transporte público, colas al cine y restaurantes… armada con una grabadora de sonido de alta captación y una libretita. Porque es sólo entonces cuando verdaderamente uno contrasta la cultura del país y descubre qué es lo que ven y qué quieren ver. El guionista primigenio de Sé lo que hicisteis obviamente empezó así. Se topó con una conversación de este palo multiplicada hasta el histerismo en cualquier ambiente:

INT/NOCHE. CINE. VESTÍBULO.

Una pareja mixta de amigos venteañeros de atractivo moderado hace cola en posesión ya de sus respectivas entradas para ver la última de Woody Allen y mientras mascan chicle comentan la jugada:

ELLA

Es increíble… Cada vez viene menos gente a

ver películas en V.O.S

ÉL

(con boina)

Sí, es verdad. Al populacho todo lo que implique

leer… (Ríen levemente con superioridad no tan leve)

ELLA

Ya… ¿Qué puedes esperar de un país enganchado

a observar las actividades cotidianas de una transexual

asturiano?

ÉL

¿Cómo? ¿Qué? ¿Que ves Gran Hermano?

ELLA

No, no… qué dices. Es que lo vi el otro día en un

zapping…

ÉL

Ah… (aliviado) Sí, sí, me suena algo. El transexual

es aquello que parece una bollera clásica leñadora

con dos cicatrices transversales saliendole de los pezones, ¿no?

ELLA

Sí… Bueno, supongo que sí. Ya te digo que lo he visto

sólo en los zappings…

 

¡Ya lo tienes! Zapping, morbo, crítica y zapping, sobre todo zapping, que podamos ver la enjundia baja y deleznable sin tener que tragarnos el lote entero; pero que lo veamos al fin y al cabo. Que te puedas enterar de absolutamente todo y comentarlo en la cola del cine sin sentirte un detrito social. Ahora puedes decir en voz alta el nombre de la última pareja sexual de Paquirrín y con añadir un “ay… es que me encanta Angel Martín, es tan agudo…”, posiblemente aún tengas posibilidades de mojar esa noche aunque tu interlocutor sea un lector habitual de Sartre y en realidad vuestras antitéticas especies culturales vayan a engendrar un hibrido de marujilla suficiente e hipócrita del todo excéntrica e incompetente.

La vida ya no está llena de contrastes sino cuajada de pastiches. Trailers, todo son trailers. Igual que esta mierda que acabo de escribir.

 ¡Vaya parejón!

 

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