Divorcios

En mi abúlico celibato discuto conmigo misma amenudo el absurdo de establecerse en pareja. En estado de soltería y asexualidad se tiende a ser muy cínica con estos asuntos además de desarrollar un odio acérrimo a los novios de tus amigas, ridícula panda de gañanes. Antesdeayer decidí que no sólo se acabó mi vida erótica sino que asesino definitivamente cualquier hipótesis remota de matrimonio, en principio no incompatible con la ausencia de ganas de fornicio, no obstante lo tengo claro: “yo no quiero casarme, sólo quiero divorciarme”.

Tras una breve documentación, sólo gráfica, acerca de las grandes parejas rotas de Hollywood en los últimos años me he divertido lo suficiente como para desear compartirlo con el mundo. Para que luego no digan que los célibes somos inhumanos y egoístas. No, qué va, las eunucas metafóricas somos en realidad filántropas espléndidas.

 Aquí van pues un par de ejemplos:

KENNETH BRANNAGH Y EMMA THOMPSON

Supongo que se conocieron en el catering del primer día de rodaje del culebrón british que coprotagonizaron en los ochenta. Como el tipo no paraba de hablar de Shakespeare utilizando citas literales de catedráticos muy superiores intelectualmente ella se tragó por completo el cuento y se casó con un adolescente tardío fanático del teatro isabelino confundiéndolo con un genio. Él había leído, no recuerda donde, que Emma Thompson era un sex symbol en Gran Bretaña y en vez de dejarse guiar por su instinto que le gritaba desesperado “¡No!! ¡por dios! ¡con esa cara caballo, nooo!” acabó llevándosela al catre no sin antes pasar por el altar – que Emma es mucho más lista que antilujuriosa, si cabe -. Al cabo de un lustro apróximadamente Emma estaba hartita de tanto llevar corsé, hablar en verso y dar besos celuloides a la boca tajazo de su pomposo marido así que decidió fugarse con un secundario guaperas -tipo anuncio de Calvin Klein pero en light – que conoció en el set de Sentido y Sensibilidad mientras Kenneth con la libido tan por lo suelos como la taquilla de sus insufribles y coloristas adaptaciones pensó que ya entrados en una depresión ¿por qué no enrollarse con Helena Bohan-Carter? From lost… to the river:

 Ken y Helen miran con pelusa a Emma y su esposo bomboncico.

Por supuesto Helena dejaría a Kenneth por las mismas razones que Emma unos años más tarde pero demostrando un gusto altamente pésimo escogiendo como compañero de cama a Tim Burton. Dicen que Kenneth Brannagh duerme con un busto de Shakespeare en la cama de su pensión tras haber vendido todas sus propiedades para pagar las deudas tras estrenar Trabajos de amor perdidos; una peli que se sospecha que si la ves entera mueres caramelizado.

BRUCE WILLIS Y DEMI MOORE

 Lo sé, lleváis años preguntándooslo, pero yo no creo que fuera por la contrariedad que supone que de su cruce se hayan creado no una, ni dos, ¡si no tres! chavalas francamenta abominables y perfectamente predispuestas al lesbianismo. No. En mi opinión y aún sin rendirme a la evidencia de que Ashton Kutcher está como un queso creo que sencillamente Demi se hartó de la irritante escasez de acción en su matrimonio. Discutían con tan poca frecuencia e intensidad que después el sexo era francamente soso. Apenas hacían variaciones de la posición del misionero y tras el cuarto año de vida de la pareja como tal gozaban únicamente de la friolera de un coito al trimestre y siempre en la cama o, a lo sumo, cuando se sentían suficientemente intrépidos en el sofá de la sala de estar de su mansión de vacaciones en la Toscana, cuando las niñas estaban en Eurodisney con la asistenta.

Aquello era demasiado frustrante para él que aunque seguía sintiendo atracción por su esposa cuando la veía en la pantalla; ignorando incluso la ausencia de talento interpretativo de la misma y focalizando correcta y amorosamente la atención sobre su fibrosa figura, era incapaz de, paradójicamente, ser él el que estuviera a la altura de las espectativas creadas por su propio alter ego en la ficción. Ni siquiera se sentía poderoso probando el truco de la camiseta blanca interior de tirantes. Todo era excesivamente convencial en el matrimonio Willis-Moore. Las orgías masónicas de la secta de Sidnead O’Connor tampoco lograron reavivar la mecha:

Finalmente, y siempre gracias a Tom Cruise (que sin duda alguna es el vínculo central de toda la farándula a nivel universal) Demi fue sorprendida por Ashton en una macrodiscoteca californiana mientras ella festejaba que por fin su abdomen empezaba a parecer el de un ser humano en lugar de la cola de un lagarto tras Streeptease. Y mientras la lujuria inhundaba los lavabos del megagarito en otra esquina del planeta Bruce versionaba canciones de Paolo Conte en un karaoke de Boston y seducía a jóvenes aspirantes a top model.

El día en que su hija mayor, Rumer, decidió dedicarse a la interpretación a Demi le salió una nueva arruga y Bruce se refugió en películas bélicas. El matrimonio había terminado tras trece años de aburrimiento. Desde entonces su vida sexual ha mejorado mucho. Los tres se lo pasan de vicio:

 A pesar de que Ashton tiene ladillas.

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