CONSEJOS

Dice mi hermana que aunque rara vez los sigue le encanta recibirlos. Los consejos son puntos de vista siempre subjetivos de terceras personas respecto a tu vida y el conducir de la misma. La mayoría los soltamos de forma gratuíta y con tono pontificador, como si los hados nos hubieran dotado de la posesión de la verdad absoluta por unos preciados minutos y cada palabra que sale de nuestra boca fuera una pieza más del ingente muro dorado de una doctrina infalible.

Mientras que los que los reciben, por su parte, adoptan la pose bizcocho huero; esto es, borran todo resto de rictus expresivo facial y se quedan muy quietos simulando atención cuando, en realidad, pretenden guardar una especie de equilibrio de los elementos de manera que nada arruine su momento protagónico. Pues lo único verdaderamente atractivo de recibir un consejo son los preliminares de conversación donde puedes explayarte por completo hablando de ti mismo; como si de una entrevista en profundidad retransmitida a nivel internacional a una estrella de las artes se tratara.

Os adjunto mi consejo favorito de la historia de los consejos ficticios. El que Antonio Resines le da a Oscar Ladoire en Ópera prima cuando el primero le confiesa a su amigo que padece eyaculación precoz.

Atención a la mirada de horror de Oscar durante el coito frustrado posterior al consejo:

5 comentarios

  1. ¡DIos, qué consejo más bueno! ¡Y acabamos de comprobar que funciona!

    Respecto a lo de tu hermana, yo dividiría los consejos en dos tipos: Admonitorios e intuitivos (por ponerles dos nombres…)
    Los primeros son los más frecuentes: “Yo de ti haría eso”, y los otros, que escasean más, tratan de dar una mayor perse… perpes… persecp… visión del asunto a tratar: “Mira, podrías hacer esto, esto… o esto otro. ¿Qué crees que pasaría si lo hicieras?” La otra persona acaba “aconsejándose” a si misma; si al final todo sale bien, me llevo el mérito, y si sale mal, la culpa no es mía. De todas formas la gente tiende a no hacerme caso cuando hablo, así que en realidad tanto rollo al final es para nada.

  2. jajaja eres genial marta, yo si ke soy tu fan number one! ;@@ Pondría algo elocuente y dotado de una increible profundidaz y significado, pero no, no es el día. Y menos después de haberme leído el libro “El niño con el pijama de rayas”. Me he llevado una profunda decepción, xk tanto intríngulis ( me encanta esta palabra xk suena a cunnilingus, al menos en mi mente O_o) con no contar su argumento debía tener alguna razón, y era ke nadie lo leería…En fin ke la literatura(si se le puede llamar eso) moderna esta sobrevalorada… jajjaa . En fin ke si keres leerlo te animo…. mi consuelo eske un traductor inexperto haya sido el causante de ke no haya comprendido la brillantez de la obra o que este destinado a niños a pesar ke aconsejen ke superen los 13 años… en fin un libro ke ha pasado sin pena ni gloria en mi vida. jajaja

  3. Es que es un tema casi truculento… Para seguir uno primero has de analizar la clase de persona que te lo da y hasta qué punto su vida resulta ejemplar como para que el consejo sea digno de conformidad. Dentro de esto, una vez pasada la fase de persona ejemplar con una vida satisfactoria has de pasar a la parte de la faceta tratada; si tu me dices que siga una dieta y tienes el culo del tamaño del de dos siamesas británicas cincuentonas… entonces ¡dónde vas! Aún así me fío más de la gente que no los da, son mucho más estimulantes con su silencio en la escucha. Al final por desesperación acabas tú mismo autoaconsejándote y cantándolo todo; ahí están los psicólogos…

    ¡Como Anina! Que es una tía sabia a pesar de haber leído ese truño por consejo popular. ¿Qué esperabas? Los best sellers son cácer impreso en celulosa. Sólo les beneficia el paso de los siglos; como lo clásicos, que son best sellers añejos y los puedes leer con distanciamiento y sin peligro. Imágina a un griego teen en el 873 pillando en verano la Odisea en un mercadillo porque todo el mundo le había contado maravillas. Pobre tronco; seguro que Ulises le pareció un personaje infantiloide y tozudo, sin más.

    Léete El libro de los amores ridículos, con ese título nadie espera nunca nada de él y rara vez decepciona; además te lo recomiendo yo que soy una tía muy feliz y que aunque no soy demasiado leída de amores ridículos entiendo un huevo.

  4. Esto me recuerda a la situación de la Iglesia cada vez que “aconseja” sobre sexo, cómo llevar una familia, qué tienen que hacer los gobernante de un país… Claro, como ellos tienen todo eso y más, pues ahí están. Por lo menos, supuestamente ellos tampoco usan condón…

  5. Lo mejor es la abstinencia, como cualquier cosa que sea prorrogable en el tiempo; da seguridad y tranquilidad.

    Yo aconsejo casi sin criterio la mayor parte de las veces. Soy demasiado caótica como para erigirme como ejemplo de nada y dar mi opinión constructiva y contrastada…
    Hablando de caos, que nadie, si aún estais a tiempo, vea Caótica Ana; no lo hagáis, no ¡¡¡no!!! ¡salvaros vosotros!

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