ESO DE QUE TE CUENTEN LOS SUEÑOS ES UN COÑAZO, EH?

Por eso he dicho… qué tete, a lo mejor alguien avispado y psicoanalítico se pone en contacto conmigo a posteriori y me comenta cuál es exactamente mi patología. Así que prepararos porque voy a compartir con vosotros lo que soñé anoche. Es una mierda muy grande, bastante poco amena que ni siquiera os servirá para citar en bares y ligar luego; así que “opo” yo si fuera tú ni me leería.

La cosa es que yo tenía un poco menos de pecho, lo cual recuerdo que era un alivio sumo y me imagino que mi espalda se erigía recta cual empalada. Pero, aún así, obviamente, era un horror haber perdido parte de dos de mis características más reconocibles y me sentía más cómoda físicamente pero bastante más despersonalizada. Estaba en un bingo delux, las bolas con los números las sacaban los niños de San Ildefonso de gigantescas cubiteras (es que no tengo ni puñetera idea de cómo se dice eso, y el que haya soñado no implica que haya dormido mucho tampoco) al final de dorados pasillos de bolera. Y en el Bingo sólo estábamos cinco personas. Gabino Diego, Berto Romero, la novia del padre de mi novio, una señora muy mayor tejiendo y yo misma.

Yo estaba sentada en un taburete muy alto tomandome un helado de varios pisos (más adelante a lo largo del sueño variaba a copazo de whisky o un cacaolat; soy así, más versátil que Wally), a mi lado la señora mayor tejía algo de color rosa sucio, como si alguien hubiera usado una chaqueta de lana rosa durante décadas y la hubiera deshecho luego, le hubiera vendido el grueso hilo resultante a la paisana y ella lo estuviera rehaciendo por hobbie. Era inquietante y parecía tener muy mala leche, se sentaba en una banqueta más baja y nos miraba a todos con suficiencia y cierta ira – parecía yo misma de viejuna y presumiblemente desquiciada -. Frente a mí y también en un taburete estaba Berto fumando y concentrado en el bingo y los niños de San Ildefonso, aunque nunca salía ninguna bola y a mí me parecía absurdo que el tío se lo tomase tan a pecho. Junto a Berto, o más correctamente, a continuación del mismo y también en silla alta estaba la novia del padre de mi novio, muy sonriente y con cierta inclinación hacia el humorista, porque de cuando en cuando le retiraba el pelo de la cara y di por hecho que ese exceso de confianza denotaba un coito previo, claro, total era mi sueño y mi subconsciente es tan liberal, que me parecía superenrollado el tema. Y, de cuando en cuando, pasaba Gabino Diego y charlábamos un poco. Mi fijación era ligármele. Antes de esto quiero aclarar que a mí Gabino Diego no me ha gustado nunca un pelo, aunque después de anoche pues no te digo yo que para un cumpleaños…

Total que yo intentaba sonsacarle a Berto información sobre Gabino, dando por hecho que, ya ves, como eran los dos famosos pues fijo que se conocían íntimamente. Pero Berto me decía que le resultaba muy dificil hablar conmigo delante de la novia del padre de mi novio y que le respetase. Y creo recordar que tuvimos una conversación espesa sobre el respeto y lo que era realmente interrumpida ocasionalmente por Gabino y sus paseos por la zona, que cada vez parecía más interesado en mí, aunque la vieja me miraba con escepticismo y la novia del padre de mi novio sonreía constantemente con cierto grado de malicia que a mí me horrorizaba tirando a bastante.

Al final me marchaba con Gabino, supongo que a lo que es su casa en mi subconsciente, un estudio minimalista en la Gran Vía, la señora mayor, Berto y la novia del padre de mi novio seguían jugando sin hacernos caso. Y yo le decía a Berto al final en avanzado estado de embriaguez (ya he dicho lo de mi consumición polivalente) que lo mejor que había hecho jamás era inventar el concepto de “grisa”.

Y ya no pasaba nada más. Es una basura de sueño y me avergüenza haberle dado tanto bombo. Pero vaya, es mi blog, no es el tuyo, list@h. Para una vez que me ligo a Gabino Diego… Y va y es mentira.

I’M THRU WITH LOVE… I’LL NEVER FALL AGAIN

Tenía ganas de ver una comedia romántica y me he dado cuenta de que ya las he visto todas. ¿Y ahora qué? Tendré que empezar con la Ciencia-ficción, llevaba tanto tiempo aplazándolo. Si no voy a entender nada de lo que dicen; estaré todo el rato imaginando que alguien va a intentar tirarse a Spock.

Aquí os dejo lo que he aprendido. NADA:

Pero gracias 🙂 sé que habéis soñado todos con las tetas de Meg estos últimos días y… bueno, es Navidad, y yo soy una buena chica.

TETAS INESPERADAS

Sí amigos, hoy tengo el “obvio” subido, no sé, no dejo de pensar en ello. Ha sido una mañana de mucha tensión, esta madrugada cacé que no maté a una cucaracha parduzca con la ayuda de un cenicero. La mierda es que el cenicero tenía una concavidad, cosa que sospeché al golpearlo contra la víctima y no escuchar el clásico sonido de ceirshkkkhhhdddreegh iagh que hacen esos bichos al crugir descuartizados y dejar las tripejas fuera. Con la curiosidad propia del reducto infante que todos conservamos en mayor o menor medida, levanté ligeramente el arma y la muy cerda intentó huir a una velocidad casi histérica, pero volví a atacar con el mismo éxito. Llevo toda la noche pensando que olvidaría que debajo de mi cenicero había una cucaracha viva esperando libertad, preparando su fuga durante horas, como una especie de Prison Break microscópico (aka “lupero”) o un gran hermano mínimo y críptico. Hace quince minutos me decidí a levantarlo con la ingenua esperanza de que el pobre insecto hubiera muerto por asfixia después de doce horas de rocogimiento obligado. Estaba muy quieta y como mal barnizada, sin el lustre de grasilla brillante que suele cubrir los caparazones de la particular familia que habita en mi mansión. Pensé “ja!” “te vencí! te vencí!” pero como si de una película de terror de los noventa se tratara una de sus patas empezó a agitarse como saludándome siniestramente: “no tan rápido, amiga”. Me acojoné, lo confieso. Posé de nuevo la “red” tupida de cerámica sobre la Periplaneta Americana  (conoce a tu enemigo) y subí con un spray asesino específico y un kleenex. Ha muerto. La he matado yo. Este post es para ella.

Como no me podía dormir pensando en mi duelo pendiente intenté olvidarlo concentrándome en algo reconfortante y cálido, algo que me hiciese sentir protegida y aliviada. Tetas. Es pensar en mamas y todo adquiere una dimensión distinta y más relajada imposible. Así es que hice un ranking en mi cabeza de tetas sorprendentes, tetas (decidlo en voz alta y disfrutadlo: “teeetaaas”) que no concuerdan con la cara, tetas con pezones desconcertantes, tetas de tamaños y formas impredecibles. Aquí lo tenéis:

MEG RYAN: Las más escurridas.

Sí, a todos nos dió un puñao de bajón ver En carne viva. Recuerdo un tío de mi clase de cine que estaba tremendamente emocionado con la perspectiva de verle las lolas a Meg, una vez que se estrenó y le pregunté por ello me miró con ojos vidriosos y me dijo: “Tampoco hace falta que te cebes, no?” Yo siempre me imaginé que los pechillos de la Ryan sería minúsculos pero a la par firmes y de ínfimos, rosados y resultones pezones. Supongo que esperó demasiado para mostrárselas al mundo. Me pregunto quién la engañaría. Bastardos consejeros de las estrellas…

EVA GREEN: Inesperadamente descomunales.

Porque la elegancia siempre parece haber estado reñida con el tetamen, pero ya ves, con lo fina que es esta chica y tiene las tetas como dos cabezas de enano. Son casi ofensivas. Mi amigo David entró en shock después de ver Soñadores. Y estoy segura que sus dos aldabas justifican por sçi mismas el éxito de una peli pastiche tan pedante como aquella.

KEIRA KNIGHTLEY: “Teta que no llena mano, no es teta ¡eso es un grano!”

Y he de aclarar que este fotograma pixelado y recortado pertenece a The Hole, una película que a pesar de su sugerente título no es pornográfica ni aunque te esfuerces sino “de miedo” (ains), con la senos monstruosos de Thora Birch como protagonista. Por aquel entonces Keira era solo una muchachilla de diecisiete años con algo más de chicha que en la actualidad. Me imagino que hoy día le crezcan para adentro.

DIANE KEATON: Tetas intelectuales.

 

Sí, es verdad, yo también pensaba que Diane Keaton no tenía. Hace años la vi en un reportaje hablando de lo mucho que le gustaban las tetas. “A todo el mundo le gustan. Y da igual el tamaño, o la forma, o el color del pezón; me encantan las tetas” (Vale que a lo mejor lo he adornado un poco, pero venía expresar algo parecido. Diane Keaton las tenía bonitas. Desde Looking for Mr HGoddbar hasta Cuando menos te lo esperas.

Tachán!!! O… Tariro tariro… (qué Esteso es eso)

 

PRUEBAS DE AUTENTICIDAD

Acabo de encontrar la imagen literal y exacta de lo que creo que es “quererse”. No puedo adjuntar la fotografía porque seguramente me denunciarían sus protagonistas inconscientes, pero os diré que se trata de una pareja en un coche, sentados en la parte de atrás, dados de la mano, dormidos, con la boca abierta, la cara deformada por la relajación absoluta y la baba apunto de deslizarse por sus respectivas barbillas. Me ha erizado un pezón, lo reconozco, el izquierdo más concretamente; desde que me salieron los dos pechos – fue a la vez y no de golpe; esto lo aviso por aquellos que me lean y sean adictos a los juegos de rol y sus personajes se ganen el derecho a peras en el nivel 3 una seguida de otra tras la venta de un terreno o una pieza de ganado- he comprobado que a la par se desarrollaba en él un radar para detectar y avisar de las emociones y/o sensaciones humanas auténticas captadas en primera o tercera persona. Mi rosada cúspide izquierda del erotismo no engaña: eso es amor.

Un amigo mío decía que para averiguar si realmente existe un sentimiento sólido tenías que comer con tu pareja una hamburguesa doble en un macdonalds sin dejar de mirarla a la cara y si podías soportar el espectáculo del masticamiento compulsivo y ansioso y la salsa de ketchup escurriéndose por la mandíbula, así como algún pegote de mayonesa barnizando la punta de la nariz sin decir nada y manteniendo la sonrisa es que estabas de verdad enamorado. Algunos comentan que el camino de Santiago es infalible dado que pasas por momentos tan coñazo y la tendinitis recurrente elimina fulminantemente las ganar de coitear que si cuando llegas a que de ten la compostela todavía quieres seguir durmiendo con la otra persona está claro que eso es incondicional. Por otra parte existen dichos populares tales como “el amor dura hasta que conoces a su familia” o “el amor dura lo que tardas en odiarla tanto como tus amigos”. Oh, sí, esas dos barreras infranqueables, la madre de tu novio o el mejor amigo despechado del mismo, vaya par de porculeros. Pero no, todo esto son clichés inservibles. El secreto del amor verdadero, de ese del que nos hablan en los cuentos, reside en algo tan natural, simple y humano como la baba.

La baba es el ectoplasma de la felicidad conyugal. Esto significa que si alguna vez dormís con alguien a quien creéis querer y uno de esos rebuznos congestionados de flema batida os despierta en mitad de la noche daros la vuelta con mucho sigilo para verle la cara al responsable y con la ayuda de la luz del movil, un poco alejada para no descubrir vuestro voyeurismo buscad en la comisura de sus labios y contemplad el espectáculo de ver a quien unas horas antes os comía el morro, ahora con los ojos cerrados, la cara hinchada y la boca desinflada y amorfa segregando una sustancia transparente y viscosa. Aguantad al menos un minuto y concentraros en esta pregunta crucial: “¿me daaaasz un beeeeszo?”. Si os reís y volvéis a dormir sin problema, de cara o culo – eso sólo tiene significancia práctica, no quiero fomentar vuestra paranoia permanente – os auguro felicidad y conformismo razonable, si por el contrario sentís la necesidad imperiosa de levantaros de la cama e ir a la cocina a por un vaso de lo que sea soys unos superficiales inconscientes de si mismos que deberían ser fotografiados impúdicamente durante el estado onírico – que uno siempre ve la viga en el ojo ajeno, no te jode, a ver si os creéis que por las noches se funde a negro y todos nos convertimos en extrellas del Hollywood dorado con el rostro nacarado y la pose incorruptible y glamourosa; “no, es que mi novia dormida se parece Lauren Bacall de joven”, ¡un cojón!- y si, por último y, de hecho, respondéis empíricamente a la cuestión fundamental besando al susodicho trol supurante es que soys gente auténtica, de las de verdad, lo más parecido a Paul Newman que se me ocurra ahora mismo y, además, nunca moriréis de una úlcera de estómago.

 Drowling love, baby…

 

Prometo que en el futuro tocaré temás más elevados o, más masculino sin más, qué sé yo.

P.D: No me imagino a Adrien Brody contemplando a Elsa Pataky dormir, es posible que la obligue a ponerse una careta de sí misma en el anuncio de los helados, incluída la melena al viento perfectamente ondeada por el mismo. Menudo cabrón.

MIERDAS QUE ESCRIBÍ DE JOVÉNULA

No me podía dormir y he estado fisgando en mis archivos y releyendo caca que escribía paradójicamente en mis antiguas noches de insomnio -he pasado de escritora a lectora en mis periodos de vigilia involuntaria -. Me he topado con un diálogo inconexo y bastante violento que ni sé a qué época pertenece pero que me ha hecho mucha “risa” o “grisa”, incluso, que diría aquel. No me he reconocido en absoluto a mí misma en el texto de las narices, lo cual prueba que no tengo clase alguna de perspectiva y soy incapaz de ser perspicaz o analítica frente a cualquier obra literaria. Supongo que soy poco observadora y metódica y tengo una nula capacidad de identificación y relación. No sé, estoy algo preocupada con esto. La mierda inconclusa y breve es la siguiente:

        Acabé tu libro la semana pasada. Es una mierda.

        Un mierda muy rentable me atrevo a añadir; pero sí, es la mayor y más extensa cagada que he parido jamás.

        Sé que no te importa mi opinión, estás tan absurdamente pagado de ti mismo que cualquier crítica negativa pasa levemente acariciando el forro de tus santos cojones. Pero de veras son doscientas treinta y cinco páginas de insufrible basura.

        Está claro que encontraste una fiel referencia a ti en el libro.

        Eres la persona más rencorosa que conozco.

        Tú eres la hija de puta más inspiradora que ha pasado por mi vida… levemente… acariciando el forro de mis santos cojones.

        Pues espero que me des un porcentaje de tus miserables beneficios. – le coge un cigarrillo y se lo enciende –

        No me vas a preguntar por qué quería verte.

        Esperaba que empezases tú en cualquier momento a adornar alguna anécdota pseudosexual con alguna pobre infeliz enamorada de ti, con la que te hayas ido a vivir recientemente.

        Hacía año y medio que no nos veíamos. ¿Qué tal estás?

        Flaca, estoy flaca. Un poco seca, un poco dura, agotada. Bastante harta en general de mí misma hasta que consigo olvidarme de ti y al fin me siento feliz y radiante. – Tristán sonríe amargamente:

        Yo soy tu cáncer.

        Sí.

        Qué ironía.

        No tiene nada de irónico, es una perfectamente coherente consecuencia del transcurrir general de “esto”. Tú intentando dañarme a mí por deporte para vengar al adolescente que vive dentro de ti.

        ¿Dentro de mí?

En fin… Dentro de ti… hay una estrella… si lo deseas… Me doy repelo. ¿Y cómo se me ocurriría llamar “Tristán” a un personaje? que cosa tan rancia, manda madre… No sé qué edad tendría yo, ni cuales serían exactamente mis circunstancias vitales, pero me caigo mal.

“Viajé al futuro y hablé conmigo mismo; todo era igual pero a la vez era distinto. Me presté dinero, me di un beso en la boca. Cerré los ojos y estaba en Oklahoma. Estoy fatal de lo mío, ¡estoy muy mal!”

(Joaquin Reyes dixit)

GENTE QUE ES FEA Y NO SABEMOS POR QUÉ: Episodio IV

He oído que Ricky Mandela va a inaugurar su blog personal y me siento por ello instigada a actualizar el mío, con un recurso facil, claro está, la continuación de la saga de personajes públicos que vosotros consideráis follables y yo me paso por el escroto del que carezco y, por tanto, de manera metafórica y, siempre, por la parte frontal y dorsal del mismo.

Esta semana había pensado en Giovanni Rivisi, pero llegué a la conclusión de que no es lo suficientemente conocido y paso de que me dejéis esto a medio leer para buscar a semejante gilipollas en el Google (el marido de Scarlett en Lost in translation y el hermano de Phoebe en Friends, ya está, ¿véis? ¿a que hubiera sido traumático tanto esfuerzo digital para toparte con tan magna ñorda?), así que me he decantado por uno de los seres más antinaturales y por prolongación a mi parecer, antiestéticos que respiran en el momento actual; quizás la única persona que parece más estática en una rueda de prensa, aunque esté hablando, que inmortalizada en una anuncio de crema facial en papel cuché de revista de oligo-belleza femenina: ella es, por supuesto, Nicole Kidman.

No, no, no carraspeeis, me prometí a mí misma no volver a actualizar el blog con el síndrome premenstrual; mi humor en este momento es excelente, tanto que casi me siento como un chico en vez de como una mujerzuela engreída, despechada, celulítica y con complejo de inferioridad que se siente poderosa escondiéndose tras el anonímato y poniendo a caldo a superestrellas de Hollywood tan a años luz de su triste realidad que ningún alivio en forma de insulto pueda consolarla pero que, no obstante, no desiste de su patético empeño. No, como digo, hoy soy tirando a bastante feliz, no sé si tanto como Nicole, aunque si hubiera que deducirlo por su gesto tendríamos que suponer que su permanente sensación es la de tener ganas de tirarse un pedo, pensar que nadie lo notará, hacerlo y que le salga ligeramente húmedo de manera que sus escrúpulos patológicos le producen asco de sí misma, como se puede ver en este gráfico:

No, Nicole, cuando era una pelirroja pecosa de ojos redondos, bocatajazo y mejillas flácidas jamás hubiera supuesto que hacerse de oro llevaría consigo hacerse de plástico. No tengo nada en contra de las operaciones de las famosas, está genial que la peña tire la pasta embelleciéndose quirúrjicamente, no me parece para nada inmoral teniendo en cuenta que un “completo” (morros, tetas, pómulos, labios, botox, ojos, ¿culo? Ah, no, que el culo ya no se lleva) de uno de estos maxiegos de hollywood puede suponer el presupuesto para abastecer a varios pueblos de ¿Etiopía? No sé, no contrasto datos, no soy una concienciada pies negros, no os vayáis a creer ahora que milito en causa alguna; en cualquier caso seguro que con todo ese pastón se podría poner un pisazo a cada uno de los vagabundos de esta ciudad.

Lo peor, es que no sólo les convierte a la mayoría en gente infiel a sí misma y altamente abominable esto de manipularse tanto el careto como si fueran un pelele del Cirunova (inédito ejemplar de la saga nova) sino que encima llegan al punto de no poder gesticular sin mojar un poco – “cada vez que te sonrío se me relajan los esfínteres”-. Y eso ya no es sólo feo y ridículo, sino peligroso. Porque Nicole podría estar sufriendo un paro cardíaco durante un posado de fotos en el estreno de una de sus películas – una donde haría de hermosa mujer de edad indefinida que sufre el complot de uno o varios de sus seres queridos o allegados para acabar con ella de algún siniestro modo – y nadie notaría la diferencia, ni llamaría a una ambulancia, ni la socorrería, mientras la “chica”, “muchacha”, “señora”… “eso”, guardando con sacrificio kantiano la compostura caminaría hacia el WC para ocultarse de la masa de paparazzi y se desplomaría tras la privacidad de la puerta de los meaderos cayendo con su cara de pepona de diseño dentro de la taza.

Pero no nos vayamos por las ramas. ¿Alguien ha visto Calma total? Pues eso. Que Nicole Kidman es fea, aquí y en la China popular.

 Calma… ¡total!