PRUEBAS DE AUTENTICIDAD

Acabo de encontrar la imagen literal y exacta de lo que creo que es “quererse”. No puedo adjuntar la fotografía porque seguramente me denunciarían sus protagonistas inconscientes, pero os diré que se trata de una pareja en un coche, sentados en la parte de atrás, dados de la mano, dormidos, con la boca abierta, la cara deformada por la relajación absoluta y la baba apunto de deslizarse por sus respectivas barbillas. Me ha erizado un pezón, lo reconozco, el izquierdo más concretamente; desde que me salieron los dos pechos – fue a la vez y no de golpe; esto lo aviso por aquellos que me lean y sean adictos a los juegos de rol y sus personajes se ganen el derecho a peras en el nivel 3 una seguida de otra tras la venta de un terreno o una pieza de ganado- he comprobado que a la par se desarrollaba en él un radar para detectar y avisar de las emociones y/o sensaciones humanas auténticas captadas en primera o tercera persona. Mi rosada cúspide izquierda del erotismo no engaña: eso es amor.

Un amigo mío decía que para averiguar si realmente existe un sentimiento sólido tenías que comer con tu pareja una hamburguesa doble en un macdonalds sin dejar de mirarla a la cara y si podías soportar el espectáculo del masticamiento compulsivo y ansioso y la salsa de ketchup escurriéndose por la mandíbula, así como algún pegote de mayonesa barnizando la punta de la nariz sin decir nada y manteniendo la sonrisa es que estabas de verdad enamorado. Algunos comentan que el camino de Santiago es infalible dado que pasas por momentos tan coñazo y la tendinitis recurrente elimina fulminantemente las ganar de coitear que si cuando llegas a que de ten la compostela todavía quieres seguir durmiendo con la otra persona está claro que eso es incondicional. Por otra parte existen dichos populares tales como “el amor dura hasta que conoces a su familia” o “el amor dura lo que tardas en odiarla tanto como tus amigos”. Oh, sí, esas dos barreras infranqueables, la madre de tu novio o el mejor amigo despechado del mismo, vaya par de porculeros. Pero no, todo esto son clichés inservibles. El secreto del amor verdadero, de ese del que nos hablan en los cuentos, reside en algo tan natural, simple y humano como la baba.

La baba es el ectoplasma de la felicidad conyugal. Esto significa que si alguna vez dormís con alguien a quien creéis querer y uno de esos rebuznos congestionados de flema batida os despierta en mitad de la noche daros la vuelta con mucho sigilo para verle la cara al responsable y con la ayuda de la luz del movil, un poco alejada para no descubrir vuestro voyeurismo buscad en la comisura de sus labios y contemplad el espectáculo de ver a quien unas horas antes os comía el morro, ahora con los ojos cerrados, la cara hinchada y la boca desinflada y amorfa segregando una sustancia transparente y viscosa. Aguantad al menos un minuto y concentraros en esta pregunta crucial: “¿me daaaasz un beeeeszo?”. Si os reís y volvéis a dormir sin problema, de cara o culo – eso sólo tiene significancia práctica, no quiero fomentar vuestra paranoia permanente – os auguro felicidad y conformismo razonable, si por el contrario sentís la necesidad imperiosa de levantaros de la cama e ir a la cocina a por un vaso de lo que sea soys unos superficiales inconscientes de si mismos que deberían ser fotografiados impúdicamente durante el estado onírico – que uno siempre ve la viga en el ojo ajeno, no te jode, a ver si os creéis que por las noches se funde a negro y todos nos convertimos en extrellas del Hollywood dorado con el rostro nacarado y la pose incorruptible y glamourosa; “no, es que mi novia dormida se parece Lauren Bacall de joven”, ¡un cojón!- y si, por último y, de hecho, respondéis empíricamente a la cuestión fundamental besando al susodicho trol supurante es que soys gente auténtica, de las de verdad, lo más parecido a Paul Newman que se me ocurra ahora mismo y, además, nunca moriréis de una úlcera de estómago.

 Drowling love, baby…

 

Prometo que en el futuro tocaré temás más elevados o, más masculino sin más, qué sé yo.

P.D: No me imagino a Adrien Brody contemplando a Elsa Pataky dormir, es posible que la obligue a ponerse una careta de sí misma en el anuncio de los helados, incluída la melena al viento perfectamente ondeada por el mismo. Menudo cabrón.

Una respuesta

  1. La idea de la careta es simplemente irse de camping, meterse entre bambalinas, ya me entiendes. Es un concepto que me ha vuelto to loco nada más verlo. Piénsalo bien. Dormir con tu cónyuge (o persona con quien convivas en análoga relación de afectividad a la conyugal) sabiendo que es de carne, hueso y cartón. Es jodidísimo y si me lo permites, aterrador. En cualquier movimiento en falso puede sacarte un ojo o hacerte un corte en el brazo con algún borde no redondeado (que vaya cabrón en este caso el que la diseñaría). También rondaría por tu cabeza la idea de que en ese instante, una parte de tu cónyuge (o persona con quien convivas en análoga relación de afectividad a la conyugal) podría ir perfectamente al contenedor azul en un momento dado. Pensar en esa persona como un artículo reciclable. Bueno, este concepto… esta conclusión a la que he llegado al final… piensas lo mismo que yo ¿no? Sí, yo creo que Adrien sabe que Elsa se ha reciclado ya bastante.

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