“Your father in knickers!”

Titulo mi séptimo post del mes con una expresión de lo más castiza, ya en desuso en mi cotidianeidad actual pero que fue altamente popular en lo que a mi vida social refería a mediados de los noventa. Era la réplica infalible a cualquier comentario ofensivo o fuera de lugar; no hay digresión más brutal en medio de un debate dialéctico que exclamar: “sí… sí… tú padre en bragas“. No tiene la más mínima utilidad si tenéis más de trece años, pero desde que uso facebook creo que tengo cantidad de contactos menores de edad y he de velar también por sus intereses y su evolución educacional y tal y tal. Admitir que he usado y a veces, aún hoy en día, siempre en off, esta expresión delata que mi pubertad estuvo coajada de relaciones choniles. Mi escuela es la vida, nenes, todas las tribus urbanas tienen derecho a dejar su pequeño granito de arena cultural en mí.

En cuanto a la tribu urbana de abuelas del mundo cañí, la mía materna tiene pleno derecho a estar inmortalizada en esta categoría de vestigios surrealistas de expresiones pasadas de moda tales como: “Anda la ley!” – usada siempre con tono de sorpresa, disconformidad y/o asombro, igual que diríamos “Córcholis!”, “Cáspita!” o “La hostia!” -; “Qué tío más azul” – un auténtico prodigio de lo eufemístico, quizás la forma más waltdisneydiana de decir: “¡Menudo cabrón!”- y, por último, mi favorita:

– ¿Cómo quieres el pan abuelita?

– Cómpramelo “en sin sal”.

Claro, es que si sólo te lo compro “sin” a secas seguro que aún queda un poquitito de sal y no queremos eso ¡por nada del mundo!

Remarcable es igualmente la pronunciación de palabras con equis, sustituidas por el sonido “tss”, pasando el SEXO de toda la vida a llamarse setsso, que es como más pecaminoso. Sólo si lo pronunciáis en voz alta notaréis como os sentís sucios: SETSSO. Creo que registraré el nombre para usarlo en el futuro como marca de cilicios personalizados y tuneables:

– ¿De qué color es tu setsso?

– Es de lunares negros y fondo rojo con las puntas en oro macizo, a juego con mi vestido de faralaes.

Y con esto, ya he cumplido. Ha sido mucho menos doloroso de lo que creía. Siete posts como los pecados capitales, o los años que dura una carrera de las de verdad, los amantes de Jean Seberg en Al final de la escapada, las arrugas que me han salido en el entrecejo, los meses que fue gestado Woody Allen – mi madre siempre le llama “el sietemesino”, no me preguntéis por qué, quizás o lo cuente -, los días que tardó Dios en crear el nundo contando el de descanso y las veces que me rechazó aquel guionista tan sexy antes de borrarme como amiga en facebook.

*Nota: No os lo toméis todo literalmente, ya ves, sólo tengo una arruga en el entrecejo.

audrey-hepburn.jpg audrey hepburn image by eidpamela

Yo no desayuno con diamantes, no.

LA IMPORTANCIA DE TENER RABO

Necesitaba compartir esto con vosotros:

“Eres la chica más divertida que he conocido en mi vida”.

Precioso, de todos los piropos que me han espetado desde que uso la razón y la memoria está en lo más alto del top ten, sí, pero… ¿Quieres decir que si tuviera rabo sería tu mejor amigo? En serio. Mi vida sería ahora bastante más apasionante y mi caché, en general, más elevado si tuviera un bulto en la entrepierna.

Estoy leyendo a Schopenhauer, concretamente El arte de tratar a las mujeres; creo que es un fabuloso ensayo humorístico y espero, por fin, entenderlas. Porque fíjate, yo soy una, trato conmigo a diario y sigo sin tener la más remota idea de por donde van mis tiros.

“Divertida, sí, divertida… ¡Y eso que no me has visto desnuda!”

(replicas rápidas versus réplicas ingeniosas, versículo 1, capitulo 32, Tomo I: “Mi vida como una perra” )

Sí… Arthur… dámelo todo

 

De tes, de eses, de enes, de erres… que erres

Mi casa se ha convertido en una sit com; ya es oficial. Tal vez por eso cada vez actualizo menos el blog porque entre las novedades y los amigos, familiares y conocidos de las novedades tengo suficiente material para escribir un culebrón paródico pero me sobra información para comprimir nada aquí, ni lamentarme, como os tengo acostumbrados.

INT/DÍA. EL DUPLEX DEL ABSURDO. SALÓN.

Nabucodorosor (24 años) se lía un cigarrillo no alucinógeno mientras Lela (23 años) entra con un sandwich vegetal entre las manos y se sienta junto a él en el sofá.

NABUCODOROSOR

¿Qué me cuentas, Lela?

LELA

Nada que te pueda interesar a ti oír o

a mi contarte.

NABUCODOROSOR

Estás de mal humor…

LELA

Y tú perspicaz.

NABUCODOROSOR

¿Un chico distinto esta vez?

LELA

No sé, a mí siempre me parecen el

mismo.

NABUCODOROSOR

Eres la clase de chica de la cual mi

madre me advirtió desde pequeño.

LELA

Soy la clase de chica de la cual mi propia

madre advertía a otras madres cuando

yo aún era pequeña.

 

No es un comienzo genital, ni tan siquiera genial pero… La nouvelle vague is in the air, nenes, everywhere i look arround!

El día que vi VAGINA DENTADA

No suelo exponerme tanto como para que descubráis que soy idiota pero hace tiempo que me siento mortificada por el hecho de haber visto esta película y necesito compartirlo con el mundo. Antes de nada he de aclarar que era domingo y yo disfrutaba de uno de esos agradables días de depresión (aka introspección) tras mi recién estrenada soltería. Por supuesto había olvidado cuándo tenía que venirme la regla y por tanto yo misma y a través de mi poderosa autosugestión creía que la vida no tenía sentido y que ¿para qué teñirme el vello de los brazos con Andina si al final acabaré muerta de un modo u otro tarde o temprano? Me metí (aka inserté; me gusta el verbo “insertar”) en una página de películas online porque soy asquerosamente pobre y me gusta ir por el lado peligroso de la vida. Recordé que cuando vivía en Madrid elegía mis lecturas por lo sugerente o evocador del título sin mirar reseñas o informarme sobre el autor previamente, dado que me parecía mucho más excitante. Una especie de evolución del concepto “sigue tu propia aventura” elevado al absurdo. En este caso inspeccioné los carteles de cada film y me decidí por este:

¿No os parece sobrio y elegante? Y con ese subtítulo… Dientes: Toda rosa tiene sus espinas. Me asombró que la página de descarga no estuviera saturada por goronanistas (resultado de fundir dos conceptos universales: el morbo de lo visceral y la necesidad del alivio inmediato). Me resultaba más divertida la idea de verme a mí, casta y jovial, consumiendo esta clase de bodrio que el acto de verlo en sí y creí firmemente que tendría el efecto de una ampolla de inspiración ecléctica inyectada directamente en mi psique. Porque incluso deprimida soy enfermizamente optimista.

No haré una sinopsis de la película porque un título como Vagina dentada lo comprime todo – lo comprime hasta amputarlo-. Sin embargo sí me siento obligada a destacar los mejores momentos de la misma, tales como el discurso sobre la virginidad como regalo divino desarrollado por la protagonista al principio del metraje, la cara de su desvirgador buscando un orgasmo y hallando un rasurado fálico definitivo y la obsesión del hermanastro de la chica con el sexo anal. Todo muy simbólico y transgresor; pero una mierda como un piano, por supuesto.

Deseo que hagan más películas como esta para verlas en sesión doble con las de Clint Eastwood. Si veis Vagina dentada seguida de Gran Torino y las mezcláis tendréis un retrato de lo más barroco y completito de la sociedad americana y, además, pensaréis, como piensa mi hermana, que Clint es el tipo más acojonantemente sensible que ha parido EE.UU. Por lo demás, se os quitarán las ganas de hacer el amor durante un mes. Yo, de hecho, no puedo estar cerca de un hombre con los vaqueros a lo Marco Paquetti porque me dan ganas de llorar.

GENTE QUE ES FEA Y NO SABEMOS POR QUÉ: Capítulo V

Deseaba escribir este capítulo desde los ocho años, más o menos. Pero aún reforcé mis ganas desde que se estrenó en España Anatomía de Grey. Ah… la tele, capaz de convertir a cualquier aborto en una figura de culto erótico. La tele con su fotografía tersa-rostros, sus tramas inverosímiles y sus gorritas de cirujano tuneadas. Sí, sólo ese pozo de los deseos para los feos es capaz de hacer de Patrick Dempsey un tío bueno.

Vamos a ver, porque este tema me quema la moral más que a Jean Paul Belmondo en los cincuenta mirando revistas guarras sin poder tocarle el culo a Jean Seberg; esto es, mucho. Patrick, del mismo modo que Paul McCartney, Michael Douglas o (muy a mi pesar) Al Pacino y, en su caso particular mucho más prematuramente, tiene cara de vieja. Sí, es un hecho, tampoco vamos a dramatizar con esto, pero si un día Jose Mota se pusiera malo, Dempsey podría suplirle perfectamente en el rol de Blasa y absolutamente nadie notaría la diferencia. De hecho, es altamente probable que si le colocamos en la cabeza un pañuelo negro de viuda de la España profunda y lo sentamos a la puerta de una casa de adobe en un pueblo de Castilla todos creerán que es Nicolasa, la del Meréndulo y no lo “denunciarán” a España Directo.

La primera vez que me topé con su carita de lechoso atontadito de ojillos conjuntivíticos fue en el peliculón de título beatletiano No puedes comprar mi amor, una clásica comedia teen donde él interpretaba a un sosaínas empollón que ha ahorrado 1000 dólares para comprarse un microscopio o un telescopio o cualquier cosa acaba en “scopio” que siempre otorga perceptiles; pero justo cuando llega a la tienda declina sus metas científicas y se decanta por pillarse a la chica más popular del insti como puta a media jornada. Todo muy romántico.

 

Atención a la pose autocascanuezpotenciapapada del Patrick teen. En principio el argumento parecía asumir que el chico en efecto era un tirillas pringao que sólo pagando podría mojar. Algo verosimil y acorde con la realidad del actor. Pero como sucedía siempre en la década de los ochenta cualquier tío en posesión de dos kgs de gomina es un animal sexual.

El éxito de esta soplapollez – respetando al hermano pequeño del prota, al cual le tocan siempre los chistes escritos por el único guionista no asimiado de la plantilla – trajo consigo media docena o menos de papeles protagonistas para Patrick en films del mismo corte tales como Algunas chicas, Ellas los prefieren jóvenes (y cortitos) o Juntos pero no revueltos , en fin, ya sabéis lo que queda si coges Un americano en París le quitas los números músicales, la ironía de los secundarios y la sonrisa de Gene Kelly; eso, basura vergonzante.

Con el paso de los años, Patrick fue cayendo en el olvido necesario, con su empachante cara de niño enciendepetardoscompulsivamenteyporesolehacegraciatodo. A mediados de los noventa le vi protagonizando un bodrio incómodo cuyo título no me molestaré en reseñar, junto a Lisa Bonet, otro juguete roto pero con un subrayado gesto de suficiencia capaz de hacernos olvidar que es una fracasada.

La cosa es que el tiempo y la falta de talento y de atractivo habían dejado las cosas en su sitio. Pero Patrick debió de ir a un asesor de estética superdotado antes de hacer el casting de Anatomía de Grey. Se dejó crecer la barba, se agenció un corte de pelo digno de Aznar y empezó a beber whiskys para desayunar hasta conseguir esa vejez prematura pero elegante que te hace parecer italoamericano. Gracias a esto el casi nuevo desconocido Patrick Dempsey se hizo con uno de los diez o veinte (no consulto ránkings porque me deprime) hombres más sexys de la televisión internacional. Posiblemente uno de los chicos con menos carisma de la tribu de actorcillos corrompidos de aquella generación chunguísima de la cual se han recuperado Kiefer Sutherland (también por pura casualidad y merecedor de varios capítulos de esta sección, porque la certida Peggy lo vale), mi adorado y muy mencionado Robert Downey jr y quizás Josh Brolin (a este le nombro porque después de tantísimos años ayer me enteré de que era el hermano mayor de Los Gonnies; qué cosas…). Un tío con una flor en el culo sin duda alguna; Patrick, obiamente, Josh sólo tiene una mujer que no se merece.

Si me desquicia el éxito de esta clase de personajillo es porque Molly Ringwald jamás podría hacerse dueña de las fantasías sexuales de los hombres de América sólo con protagonizar una serie de médicos salidos, dejarse el pelo largo y ondulado y barba de cinco días. Molly es el equivalente exacto femenino en cuanto a belleza de Patrick Dempsey y mientras ella se pudre en su casa viendo en bucle El club de los cinco y recordando la época en que fue la reina, el payaso fetoide de Dempsey sonríe de lado (porque tiene la boca torcida, no por voluntad) diciendo en las premieres que: “Bueno… yo sólo me creo que soy guapo cuando mi hija pequeña me lo dice…”. ¡Venga ya! La vida no es ni medio justa.

 

Ponme una nariz pimientera y llámame europeo.

“…dicen que los psicópatas sólo sienten cariño por los animales o lo bebés…”

… así que tú no puedes ser una psicópata.” (Alberto dixit)

Siempre he pensado que el hecho de que me resbalasen por completo las mascotas y el no haber tenido nunca la menor ilusión en visitar un zoo o el circo, unido al pavor que me producen los niños recién nacidos puesto que cada vez que me hacen sostener uno me da la impresión de que se le va a caer la cabeza o que si esturnudo le dejaré sordo; hacía de mi un ser insensible, casi infrahumano. Pero ya véis, podríais estar bien seguros a mi lado porque jamás me dará por descuartizaros a ninguno; es que es muy cansado.

Aunque no estoy demasiado segura de que la psicopatía sea un sinónimo de falta de sensibilidad. Así que posiblemente no valgo para serial killer ni tampoco para llorica de Ópera. Soy inofensiva y dificilmente conmovible; como Juliette en Lost – no dejo de pregonar que fue mi resultado en el test What character of Lost are you? -. Es duro identificarse con una parsimónica; a lo mejor estoy envejeciendo. No se puede ser pausada y a la vez haber faltado a casi todas las excursiones de fin de curso por gastrointeritis nerviosa. Quizás me emocionaba tanto antes de moverme de la ciudad que me era inevitable la sobredosis nocturna previa de toffes, yo qué sé, cualquiera se acuerda de su infancia cuando nunca has ido a un campamento a mearte en la litera delante de otros treinta guajes.

¿Qué birria de escritora soy yo sin una infancia traumática? En fin, hablando de traumas y de pecados capitales añadidos… Qué desequilibrado está eso, ¿no? Los siete oficiales, digo. Al fin y al cabo todos preferimos tener de colega a alguien que peque de gula que de ira o vanidad; así al menos te lo puedes llevar a un mexicano sin que se queje o se sienta infravalorado. O peor, un perezoso… buah, a esos ni los sacas de la cama, habría que llevarle a los mariachis al dormitorio. A mí me encantaría pecar de lujuria porque viste mucho hoy día ser un poco cerda; las mujeres liberadas sexualmente y tirando a guarras – para qué andarnos con eufemismos – están realmente in; pero muy a mi pesar he salido soberbia y con esa mierda de pecado te comes los mocos. Como mucho sólo sirve para mirar por encima del hombro mientras te los comes y acabar sufriendo un dolor de cuello crónico, vamos una auténtica mierda. Está claro que al final son los avariciosos los que hacen mejor negocio. De hecho no conozco ni un sólo ser avaricioso que no haya acabado teniendo a alguien que le abanique de un modo u otro, mientras limpia cuidadosamente sus monedas de “oro”.

En fin, me quedo más tranquila sabiendo que cada día me voy a la cama conmigo misma sin peligro de autoatentado o de atentado contra mi compañero de piso Jamshid o contra un hipotético compañero vital circunstancial. Es raro que en Lost, aparte de Ben Linus – que yo creo que es un bendito (y sí, tuve un sueño casi casi húmedo con él; estoy enferma) – no les haya salido aún ningún personaje desequilibrado que se dedique a cortar miembros de los miembros. Es inverosimil estadísticamente. Como en Sexo en N.Y., por el amor de Dios ¿cuántos tipos se trincaron entre todas contando las cinco temporadas? ¿trescientos? ¿y ninguno intentó matarlas? Vamos, yo es que, ya ves, no soy una psicópata – ha quedado demostrado con el “test” de los animales y los bebés – y no podría aguantar un café de media hora con Sarah Jessica Parker y sus moínes sin intentar agredirla.

He dicho.

 

Hay que ser una auténtica psicópata para llevar ese modelete…

SADOMASO

Si el Marqués de Sade hubiese vivido en nuestros tiempos ¿que nick se habría puesto en un chat de sexo? Llevo tanto rato pensándolo que me duele la cabeza. Creo que el Marqués de Sade en esta época sería comercial y no tendría interés en el coito ni cualquier variante sexual, salvo la sublimada. Vendería enciclopedias y se pondría tó loco.

Harta y cansada de la degeneración y la decadencia y, sobre todo, dolorida por pasar tantas horas de pie sirviendo comida mexicana a cambio de cuatro duros, he perdido las ganas de actualizar el blog. Sí, ya lo sé, sólo llevo dos días, soy más floja que un “blandiblup”; pero si al menos hubiese pasado algo emocionante y/o anecdótico, alguien pintoresco que entrase a la cantina, cantase una ranchera alternativa, me pidiese matrimonio y luego desapareciese para siempre. Algo así tendría su punto. Lo único que “mola” de ese lugar son la cocinera malablada y salida y el encargado, una versión chicana de mi amigo el kinki – absolutamente surreal -. Eso me hace pensar que todos tenemos un sosías de cada una de las nacionalidades existentes; incluso un sosías andorrano o monacoso/monaquense/monaquil/¡mierdas!.

Dada mi nula gana de divagar como es debido os adjunto un video para que testéis que clase de persona sois atendiendo a vuestro grado de identificación con los personajes del scketch en cuestión. Yo soy Steve Martin, lo tengo claro: