Esa gente que nos quiere y a la que tratamos como si fuera basura no reciclable

Yo no vine a Barcelona a descubrirme a mí misma, nunca he sido capaz de afectarme lo suficiente como para tomarme tan en serio o pensar que necesito encontrar mi lugar. Mi sitio ha estado siempre debajo de donde se han asentado cada vez mis nalgas, ni más ni menos -más tirando a más que a menos, muy a mi pesar y a razón de la bollería industrial -. Y ya ves, parece que me he encontrado conmigo misma y sin buscarme. Es terrible, porque si alguna vez pensé en mí en tercera persona siempre me supuse simpática, curiosa incluso, y ahora, ahora que me tomo cafés a diario conmigo misma he de deciros que me caigo como el culo. En siete meses he descubierto que soy egocéntrica, excesivamente impulsiva, sumamente inconsciente, poseo una empatía nula y frivolizo incluso con los hipotéticos atentados contra mi seguridad vital. Vamos, que soy una gilipollas. He encontrado a una tonta del culo con la que incluso me molestaría compartir más de dos minutos en la cola del baño de un concierto gratuíto de Ojos de Brujo en fiestas de barriada. Soy muy boba, en serio. Y tengo un tono de voz horrendo. Lo sé, hay videos de karaoke y escuchas telefónicas que lo atestiguan.

En fin, no me creeréis, esto es lo típico que una dice para que por contraste cuando te conocen o te juzgan conociéndote ya, digan: “Bueno, Marta, pero hueles bien.” Pues no, qué va, a veces huelo a cerrao. Hace poco hice una estupidez descomunal. Esa clase de tonterías que uno hace a motor, en plan: “Vaya, esto lo he visto hacer en miles de comedias románticas y al final el aeropuerto traía regalo salivar y matrimonio, así que voy a probar”. Y allí estábamos yo, yo misma, unos amigos, el chico y el mejor amigo del chico. Yo pensaba en el chico, me decía, básicamente y dentro de lo dificil que es pensar trascendentalmente con Rafaella Carrá de fondo a todo trapo: “Pero, madre mía, qué chico… no me lo merezco” y yo misma me replicaba con un contundente: “Desde luego que no, pava, pero ¿has visto a su amigo? parece simpático, ¿no?”. Fin.

Y me sentí como Robert Downey jr en Kiss kiss bang bang (creo que es la tercera vez que la recomiendo y habéis sudado de mí, me dais un poco de vergüenza y todo) cuando se reencuentra con su amor de la adolescencia, una chica preciosa y rebosante de encanto, con el pecho firme, la piernas largas y la réplica rápida e irónica siempre dispuesta y… y se enrolla con su amiga la fea. ¿No es fantástico? Y piensas en Freud para encontrar algún atajo psicológico para justificarte pero, ni por esas, por primera vez en la vida descubres que no tienes ni la más remota excusa salvo la constatación de que eres francamente idiota y que así acabará creciéndote un pene como sigas actuando como un tío; como un picha brava de segunda, torpe e incoherente. Así es mi “yo” auténtico, un castigador de los clásicos. La clase de tipejo del que las mujeres despotricamos siempre con indignación infinita y sin ninguna clase de censura. Un cabronazo del copón.

En el último trimestre, me he desenamorado de un desconocido, me he declarado a otro ser ignoto, he tonteado con docenas y he vivido con otros dos. El primero de los dos últimos, un gay persa loco que quiere “haser gera” conmigo y el segundo un hombre que ha presenciado pacientemente todas mis exaltaciones para bien o para mal, ha reído, ha llorado y me ha llevado el desayuno a la cama. Y yo, que siempre me he reído de Meg Ryan por pasar de Tom Hanks hasta el minuto noventa, que me daban ganas de agitar el televisor cada vez que Rachel y Ross la cagaban, que me ponía una y otra vez la secuencia del final de la tercera temporada de Luz de luna cuando Maddie y David se revolcaban por el suelo y se dejaban de tonterías, sí… yo… Yo me he enrollado con el mejor amigo del protagonista. Así es que, aunque merezco morir violentamente a navajazos propongo los siguiente desenlaces a mi comedia romántica. Vosotros elegís, estáis ahí para ponerme a parir y creo que Yago ya no entra, así que necesito algo de fealdad en mi vida:

1. FINAL COMPENSATORIO:

Ella (yo y yo misma) corre ralentizadamente detrás de él cuando éste se va a una fiesta loca loca de Erasmus, plagada de francesas cachondas. Él, que es un cacho de pan nos coge entre sus brazos y nos perdona la vida. Volvemos a ser amigos. Al día siguiente una de mis colegas de toda la vida viene de visita a Barcelona y se lo trinca. Se casan, tienen niños y yo soy la madrina de su boda.

2. FINAL CACHITOS PICANTES:

Él nunca llega a perdonarla a ella. El tiempo pasa y su atracción queda casi consumida hasta que el persa la asesina volviendo del metro a casa. A partir de ese fatífico día, él perdona su escarceo, llama a su mejor amigo para darle la bendición y el pésame y pasa el resto de su vida contándo la terrible anécdota en reuniones sociales con la clásica coletilla de: “Bueno, era un poco puta, pero no se merecía aquello; jamás la olvidaré, hacía unas pizzas especiales increíbles. – ¿En serio? ¿Qué llevaban? – Pues salchichas, curry, maiz y mostaza… -Madre mía, qué locura.”

3. FINAL CON BANDA SONORA DE LUCIO BATTISTI:

No vuelven a hablarse durante las siguientes semanas, lo cual propicia en ambos el crecimiento de una tensión sexual descomunal, casi no se puede respirar en la casa. Él abandona el país y ella se pilla vacaciones la primera quincena de agosto. Contrata una tuna y se planta con ella en medio de la Piazza Di Spagna cantando todos una versión hortera cañí de Mundo Libero. Él incapaz de resistirse a gesto tan casposa e incómodamente romántico, entiende que aquello además de ser la prueba irrefutable de un gusto pésimo, ha de ser amor. Se besan apasionadamente durante las siguientes dos semanas, se despiden y no vuelven a verse nunca.

A Lucio tampoco parece convencerle ninguna.

¡¿MAIQUEL JOTA FOSS?!

Desde que ceno a diario con un italiano y la tele puesta de fondo noto hasta qué punto la realidad que padezco y disfruto a diario tiene un punto de absurdez casi histérica. Todo lo que antes yo consideraba mi cotidianeidad (es cotidianidad? en serio, deseo saberlo, me pasa lo mismo que con femineidad y feminidad; al final valen las dos y yo siempre me complico la vida y hablando es peor, porque tienes que doblar raro la lengua al poner demasiadas vocales y si no la doblas raro, al menos lo imaginas y la sugestión produce agujetas neuronales; así que cuando tengáis un rato me lo miráis, va?) ahora se ha convertido en una absurda charada.

Todo comenzó con Berto, ¡cómo no! cualquier pobre bendito que entre en esta casa será sometido al ritual de ver el programa, si el horario coincide, o a la proyección de una refinada selección de, al menos, tres o cuatro bertovisiones del año pasado y, a partir de ahí juzgar. Juzgar para ser juzgado, obviamente, no testo el valor de Berto si no la calidad del sentido del humor de la persona que se va a sentar en mi sofá. Esa parte la pasó. Si lo llego a saber le habría puesto El rey pescador para que me dijera que parece un telefilme, como dijeron mis exchurris(guerescos). Su valoración fue: “…este tío es guay!”. Sólo llevaba una semana hablando castellano, así que no está mal, no juzguéis al juzgado juzgando al injuzgable. Cuando unos días después aseveré chulescamente – con el fin de sentar las bases de nuestra relación y que tuviera claro que me paso a los italianos guaperas por el forri de los culloni – que “y además Berto es el hombre más atractivo de la televisión en este país”; después de reirse durante al menos dos minutos cuarenta segundos sentenció: “Tú llevas mucho tiempo metida en casa.” y me miró con recelo.

Al cabo de varias jornadas coincidimos en la cocina a la hora del desayuno. Cogí mis tostadas untadas en margarina y las metí en el microondas para que ésta se deshiciera dejándolas jugosas y amarillas: “¿Qué estás fachendo?” “Caliento las tostadinas para que estén jugosis” (cuando hablo con extranjeros utilizo terminaciones absurdas inconscientemente, quizás sea una forma de rebeldía opositora inconsciente), “Non lo entiendo, ¿todos hacéis así en España? parece pan con pus.”

Ya no he vuelto a comerlas así.

Desde que era un comino comía los spaguetti después de haberlos sometido a un descarnado descuartizamiento sin ninguna clase de piedad. Hasta que no aparecían prácticamente triturados en mi plato no me los metía en la boca. Cuando el muchacho me vio hacerlo con su adorada carbonara me apartó el plato y dijo: “cada vez que pasas el cuchellio per el plato estai insultando todo lo que representto”; esto me hizo tanta risa que, como comprenderéis tuve que enroscar en mi tenedor toda aquella masa en forma de lombrices sin cebeza e ir metiéndomela en el estómago a mordiscos hasta que acabé con el bigote lleno de aceite y huevo batido en una perfecta regresión a la infancia con tropezones.

Otro día, comiendo mi maravillosa pizza al curry – un plato que sólo cocino para la gente a la que amo de veras y para los extras presentes de rebote – veíamos un canal de pago donde proyectaban varios trailers de próximos estrenos. Primero aquella horrible película sobre los caballeros de la mesa redonda, con Sean Connery, Julia Ormond y… “¿Richard Guere? ¿cómo que Richard Guere? No es esforzáis niente. Cazzo…” y, a continuación Regreso al futuro II “Maiquel JOTA Fox!!! mamma mia… Maiquel yei fox is from Cuenca or what?”.

Y sí, me sentí ridícula. Cómo si hubiera dirigido a actores de doblaje durante toda mi vida obligándoles a pronunciar el inglés españolizándolo o fuese la responsable de haber incrustado en El príncipe de Bel Air coletillas de Chiquito de la Calzada o en Will y Grace chistes sobre Julián Muñoz. 

Pongan un extranjero puntilloso en su vida y aprenderán que nada tiene del todo sentido o, al menos, nada es tan serio como parecía. Por otro lado os aseguro que renovaréis por completo vuestra ropa interior de Hello Kitty por algo más propio de una Florinda Chico bulímica (una Florinda Chico bulímica sería Sophia Loren, ¿qué no lo véis?), comeréis siempre caliente (porque la pasta fría es basura), evitará que los salidos del barrio os espeten guarrerizas (españolas) convirtiéndose en su amigo platónico, criticará a vuestros amores mediáticos con un simple: “Ma… qué merito tiene leere un teleprontte?r” y, por supuesto, y esto ya es “marcar de chilena” (ya he visto a los Venga Monjas, Pabler ^^) conseguirá que nunca más os sintáis estúpidos diciendo en voz alta: Maika Yei Fox. Y eso, amigos míos, it hasn’t price, oiga.

“…we all scream for ice-cream!”

 

ENTRE VISTA

LEÓN. MAYO. 2009.

Llego y me recibe con el rimel corrido y el look del viejales sabiondo de Érase una vez la vida. Me prepara un capuccino de sobre y espolvorea cola cao por encima. Se rasca la nariz sin ninguna clase de feminidad, pasándose toda la mano por ella, presionando y sorbiendo cual gocho resfriado. Nos sentamos en la cama de su habitación y coge un peluche de Super Coco “sólo lo hago para caerte mejor y que lo reseñes en la entrevista”. Se coloca el sujetador, se busca paluegos de frutos secos con la punta de la lengua sacando morro como si fuera Tom Waits y me mira con suficiencia esperando que empiece a interrogarla.

BUSTER KEATON: Buenos días, Marti.

MARTA: Buenos son, Buster.

B.K: La verdad es que pensé que te ducharías antes de concederme la entrevista.

M: Vaya, Buster, tú estás muerto y yo no lo voy diciendo por ahí, ¿verdad?

B.K: No puedo calibrar el contenido de todas tus conversaciones privadas.

M: Júralo… Si pudieras ya te habría puesto una orden de alejamiento, ¡puto loco!

B.K: Dicen que estás muy a la defensiva desde que te enteraste de que a tu amigo el poeta camarero anoréxico le van a adaptar un poemario al cine.

M: Noto algo de resquemor en tu descripción de Yago, ¿habéis tenido un rollo? Siempre pensé que era algo necrófilo… Pues hombre, qué te voy a decir, cuando se me pasó la cagalera después de leer su entrevista de El País sí que me dió rabia no habérmelo tirado nunca; más que nada para hacer un chiste sobre su pene aquí y darle algo de popularidad.

B.K: ¿A su pene o a tu blog?

M: Todo lo que hago lo hago por mi blog, ¿no está claro?

B.K: Hombre, un poco falocéntrica también eres… ¿Qué haces?

M: Nada, me ha llegado un mensaje de facebook; era mi excompañero de piso persa echándome mal de ojo. Creo que me está sentando mal ahora la comida mexicana que cené la semana pasada.

B.K: Joder, menudo cabrón. ¿Y qué hay de aquel chico al que le hiciste el video? ¿No te contestó, verdad?

M: Ni creo que lo haga y menos después del mal de ojo. Dios, ¡qué vida tan apasionante llevo!, es un torbellino de emociones. Lo cierto es que creo que fui demasiado sutil tanto en la forma, como en el fondo, como en las alusiones poco definidas a su persona. Debí grabarme a mí misma desnuda frente a una web cam diciendo: “Hola Tomás, te voy a hacer tantas guarradas que se me van a pudrir las encías.”

B.K: ¡Oye, ese chiste es de Piñol!

M: Hombre, es que para un tío con talento al tiempo que decente que conozco tendré que citarle, ¿no crees?

B.K: ¿Crees que los tíos divertidos no tienen corazón?

M: ¡Cómo dominas la retórica, Bust!

B.K: Cuéntame, ¿cuáles son tus proyectos a medio plazo?

M: No sé, después del mal de ojo creo que me dejaré llevar por la entropía o puede que escriba un monólogo con el mail del persa, tiene bastante enjundia. Podría limitarme a leerlo en público imitando su acento y ya resultaría de lo más transgresor como espectáculo; aburrido sí, pero innovador. Los gafapastas sufrirían ataques epilépticos de placer escuchándome.

B.K: ¿Y qué hay del amor? Ese motor de tu santa existencia.

M: Oye, no te cachondees, subdimensionado mental. Estoy en un punto en el que no me gusta nada que se pueda tocar.

B.K: Interesante respuesta.

M: ¿Ah, sí? Pues lo he dicho a motor, ¿eh? Yo es que hasta que no cago no medito con claridad.

B.K: Claro, como piensas con el culo.

M: ¿Qué? Bueno, volviendo del W.C. y a tu pregunta de moñas. Creo que en lo sucesivo lo intentaré con guaperas descerebrados y sosos, son muchísimo más fáciles de tratar. Los tíos inteligentes e ingeniosos que se quejan de no follar son unos estrechos del copón y además les sobran pretendientas.

B.K: ¿Crees que el friki es el nuevo dandy de la enferma sociedad en la que vivimos?

M: Creo que los frikis han interiorizado tanto el rol de castigador televisivo de los ochenta y noventa mientras eran rechazados por toda clase de muchachas en su adolescencia que se ha desarrollado en su interior un pequeño David Hasselford de rencor. Y claro, les ofreces el mundo y ellos te eructan en la cara porque son más chulos que dios.

B.K: ¿Y no piensas vengarte sobre nadie por culpa de tu rechazo continuado por parte de esos bastardos insensibles?

M: El despecho es demasiado femenino y ya sabes que yo soy igual que un tío o, al menos, y tal y como dice un amigo “cómo un tío durante los cinco minutos posteriores a haber eyaculado”. Por eso creo que si no me funciona la nueva táctica de ligar con guapos idiotas le pediré a El opositor que abandone a Patricil y me fecunde. Al fin y al cabo eso sí sería una evolución en mi vida; jamás me lo he hecho con un tío espabilado, gracioso y con un polvo chachi.

B.K: ¿Te das cuenta de que tu última respuesta no podía haber ofendido a más personas al mismo tiempo?

M: Anda ya, ¡no me des tanto jabón Buster Keaton!