El rumor que quiero que me adjudiquen

No llevo ni tres semanas currando – aunque hace tres que me contrataron, pero me da vergüenza llamarle currar a lo que he hecho hasta ahora –  y ya conozco parte de las truculentas costumbres de algunos de mis compañeros de trabajo, de entre los cuales a muchos ni siquiera sé aún cómo les curva el culo porque jamás les he visto o al menos no de cuerpo entero. A uno de los chicos que entró conmigo le han adjudicado un mote: El Krusty loco. Única y exclusivamente porque tiene el pelo rizado; no se han esforzado demasiado.

Las grandes empresas son como pequeños pueblos de la España profunda. Y cada sector es una barriada. Sabes que hagas lo que hagas acabarás teniendo apodo y se contará una inverosimil, morbosa y/o ridícula historia sobre ti y tu vida privada. En mi pueblo había una chico que a principios de los noventa, viendo con unos amigos los trailers de una película en vhs en un bar, al ver el anuncio de La Mosca, dijo en voz alta The fly, tal y como lo pronunciarías tú si tuvieras ocho años. A partir de ese día todos le han llamado siempre “Teflí” y cuentan que su mujer le dejó porque estando borracho besó accidentalmente a la hermana de ésta confundiéndola con ella. Un apodo estúpido unido a una anécdota tonta. Yo no sé a vosotros, pero a mi Teflí me da qué pensar; no os voy a decir que me deje en vela o shock más de cuarenta segundos seguidos, pero, joder, me produce inquietud.

Javier Escarola lo tiene fácil, nadie se fijará en nada más; el mote y cualquier anécdota de su infancia traumática te lo imaginas tú por defecto en cuanto te lo presentan por el apellido. Va en el lote. ¿Pero qué hay de mí? Sólo me ampara el hecho de la pésima imaginación de la gente que trabaja sentada ocho horas al día. Al menos, por esta misma última circunstancia, nadie podrá meterse con mi culo.

Cómo llevo una semana yendo a currar con una de las sandalias rotas y ando como un pato o como un Jesucristo paródico, vosotros escogeis; espero que usen el dato como base y deduzcan que en mi tiempo libre doy patadas a las paredes para autoflajelarme respecto a mi mala conciencia por ser incapaz de controlar el remolino que se forma en mi simpático flequillo y, consecuentemente, me llamen “La pizpireta psicótica” o “Flequillo rebelde, pie de acero”: abreviado en “Flerrepia” que parece una especie de alga, una enfermedad o un nombre castellano.

Pero no será así, amigos, con la suerte que tengo, seré la “chica Prozac” por mi excesivamente jovial forma de hablar con desconocidos o, simplemente, “la de León”. Es profundamente aburrido y terriblemente injusto no poder crearse uno mismo la leyenda y que tu vida la acaben escribiendo para el público una panda de brujas insulsas o de gañanes afeminados. Vaya… una no sabe cuanto odio concentran las hormonas hasta que no se pone a soltar veneno.

oficinista.jpg image by wanda066

¿Y qué habéis aprendido hoy? Que no por el hecho de que una persona tenga a Marisol en el mp3 te puedes fiar de ella.

5 comentarios

  1. Yo tengo un don a la hora de poner motes.

  2. Coñe, actualiza ya, Chaplina!:p

    PD. Flerrepia me suena a una flema verde y purulenta resbalando hacia húmedos charcos de sangre.Sí…me lo haré mirar, no te preocupes.

  3. buen post
    qué calor hace, no?

  4. Y yo, que estoy así de dormida hoy, me pregunto: ¿qué coño haces en tu trabajo?

    Escribe un bulo molón en pc y déjaselo a quien sea en la mesa… a ver qué pasa ^^

    (dame una eme, dame una a…dame etc….¡mail!)

  5. Desconcertante post, sin duda…😄

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