MA CHE FREDDO FA

Después de soñar con un apocalipsis consistente en la tierra clonada aplastándose a sí misma conmigo y Hugh Grant debajo (o encima, todo son perspectivas) gritando sin emitir sonido alguno, aviones triturándose en el cielo y las casas blancas de una pradera de novela de hermanas Brontë dando saltos desmembradas como un acordeón puesto de pie con vida propia, creo muy sinceramente que la vida sin aire acondicionado en Barcelona no es vida, es purgatorio.

Aclarado esto, me comprometo de aquí en lo sucesivo a no volver a ver una película de Will Smith. El muy bastardo me la ha jugado. Nunca encontré tantas variantes dentro de un mismo gesto de extreñimiento crónico que en Siete almas. Y diréis que mi sensibilidad se ha visto notablemente afectada tras tanto viaje a Italia sin moverme del salón; del salón, de la cocina, del dormitorio, de la terraza, del cuarto de baño… Un vero empacho macarronil. Y lo cierto es que soy más sensible ahora que hace cinco meses, ¡qué diablos! (¡córcholis! he conseguido colar un “¡qué diablos!”) soy mucho más sensible ahora que hace cinco minutos. De hecho acabo de enviar al retiro a mi personaje de juego de rol medieval; empezaba a considerar una crueldad tenerle toda la vida arando la tierra y comiendo zanahorias sin posibilidad alguna de descendencia ni de adquisición de calzado digno.

¿Y por qué, diréis, mi sensibilidad ha crecido si es que se puede hablar de dilatar algo intangible? ¿Quizás insinúo alguna clase de erosión íntima? Un momento, me encanta el concepto de “erosión ínitma”. Parecía la base para un chiste vulgar y propio de mi yo estival, pero no. Erosión íntima es sin duda la razón del aumento de mi sensibilidad y de que, en consecuencia, no me gustase Siete almas. Por un momento creía que había perdido la capacidad para afectarme y, de un tiempo a esta parte, sólo he perdido mi capacidad para captar la sensación previa a llorar, por ejemplo. Cuando era más joven mi organismo tenía una especie de periodo de aviso antes de verme afectada por algo. No es fácil describirlo dado que variaba constantemente. En ocasiones sólo era una punzada en la boca del estómago justo antes de que Elliot y E.T. fueran al bosque para intentar llamar a casa. Una punzada que veía su climax inmediatamente posterior cuando a la mamá de Elliot se le caía el café al ver al pobre extraterrestre totalmente demacrado pidiendo ayuda con el dedaco estirado.

Normalmente todos los procesos siguen esta norma de progresión. Comienzas con una leve sensación de sorpresa, seguida de incomodidad, dolor estomacal o cefaleas, escozor de mucosas y por fin, llanto. Pues bien, yo me he saltado todos los estadios anteriores.

Mis padres siempre me cuentan que con cuatro años, yendo todos de vacaciones a Galicia, nos sentábamos cada noche en una terraza de un restaurante en El Grove, pedíamos unas cuantas tapas para picar y yo sonreía más ancha que las caderas de Queen Latifah; leía “Banco de cerdito” en lugar de “Banco de Crédito” y me carcajeaba como una monguer encantadora. Y de repente, sin clase alguna de estímulo externo rompía a llorar preguntando cuándo nos iríamos a casa, para el desconcierto y contrariedad de mis padres y mi hermana.

Ahora funciono exactamente igual que lo hacía a los cuatro años. La leyenda de Chaplina Button. Si sigo dejándome llevar por la regresión, calculo que para Navidad ya podré dejarme caer en el suelo, juntar las piernas y moverlas pendularmente a máxima velocidad como si fuera espermio.

Y cuando Woody Harrelson con los ojos (literales aunque ficticios) de Will Smith abraza a Rosario Dawson y le dice “tú debes de ser Emily”, una pedorreta sobre vientre de bebe de más de quince segundos estalló dentro de mi cabeza y pensé que Will Smith era un egocéntrico y extravagante capullo y se me licuó la sonrisa para el resto del día preguntándome de qué otros mil modos podría haber exprimido en condiciones aquellas dos horas. Si de algo sirve ver un película a todas vistas prescindible es para darte cuenta de que estás desaprovechando tu vida. Y eso, personas, sí produce ganas de llorar derepente.

Pero… para prácticamente todo hay soluciones a medias en esta vida:

6 comentarios

  1. Vaya…

    Me has matado, creía que era buena … de llorar, pero buena…

    Saludos,
    YoMisma

  2. Me encanta Garden State. En esa peli me enamoré locamente de Zach Braff😀

  3. No me queda claro si te emociona Will Smith o no, quizás porque a mí me repugna (pero de un modo maravilloso), quizás porque hace demasiado calor para pensar (el aire acondicionado en mi casa sólo enfría el baño, ¿eso tiene algún sentido), o quizás porque empeizo a erosionarme emocionalmente y estoy como un trozo de vidrio pulido entre escombros, en fin.

  4. yo no lo puedo ni ver desde 2polis rebeldes, ésa si te hace creer que no hay salvación
    biosalidos, estooo, biosaludos!

  5. De acuerdo en casi todo:

    Will Smith smells
    Zach Braft rules (Scrubs 8 season ya!)

    .. pero hija, Hugh Grant? No habrás querido decir Laurie?
    Si tiene menos salero que el menú de un hospital!😄

    Buen blog, me resistia, pero he venido a verlo!
    Saludos

  6. Túmisma, Seven Pounds es basura yanki. Igual que El camino a la felicidad y demás ñoñeces con moralina caducada y exceso de pretensiones. Joder, como odio a Will ahora mismo.

    Zach Braff deja la boca abierta después de cada frase. Creo que tiene mocos crónicos. Por lo demás, sí, es buen guacho y tiene talento.

    Rabiña, realmente no puedo odiar del todo a Will, porque chapurrea español y siempre será una referencia de mi infancia. En todo caso, está muerto profesionalmente y es de los peores actores que existen.

    Bioafrutado, pensé que ya pasábais de mí.

    Rafa, Hugh Grant me hace mucha risa, no puedo evitarlo. Tiene ese gesto perpetuo de haber tenido éxito (aka money money) sin merecerlo en absoluto y siendo consciente de ello. Es un loser winner guay.

    P.D: ¿Cómo te atreves a decir que Oscar es el Dudley Moore español? Tienes razón, pero joder, hay cosas que hacen daño, sabes? Y Ópera prima es gigante, como él.
    No se le ha hecho justicia. No.

    ¡Me piro de vacaciones!

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