Monja, prostituta o presidiaria

En el canal del huevo, ya sabéis a cuál me refiero, dos monjas; una latina de unos treinta y tantos y otra española octogenaria se disponían a elaborar un pastel hojaldrado y dulzón por amor a Dios. Su conversación durante el proceso repostero se basó en el intercambio de enumeraciones de méritos realizados en nombre o por voluntad del Señor. La jovénula le preguntaba amable e intrascendentemente a la viejuna cuál de las actividades diarias le costaba más, a lo que la segunda bastante picada respondía con un elegante y prepotente: “¡Ninguna! ¿por qué, a ti sí?” y continuaba con un contradictorio: “Fregar las escaleras suele costar mucho, pero a mí me gusta; me gusta todo porque el Altísimo así lo quiere.”

Es cierto que si un ente con una altura superior a la tuya te insta a hacer algo, tú lo haces con temor y con hábito si hace falta. Durante unos minutos contemplando a aquellas dos colesteradas mujeres pensé que aunque no estaba mal la seguridad del comido por lo servido sin límite de edad, ser monja como alternativa a la miseria era igual que vivir en un infierno aséptico. El infierno del blanco y gris, de los días clonados, la ausencia de coqueteo, de cómida rápida, de lencería fina, de cahipirodskas, de bikinis, vacaciones exóticas y visionados de Lost, el infierno de la negación del erotismo y la aceptación de una vida ociosa, contemplativa pero al mismo tiempo cuajada de obligaciones diarias y madrugones rayando en lo inmoral.

monja

Mi hermana y yo, echadas en la habitación de un hotel de Huesca (¿quién se sabe el gentilicio de ese jodido lugar?) horrorizadas con la idea de acabar en un convento, aún de forma hipotética, convenimos que ya de aspirar a cama y comida por la cara, mejor cometer un crimen y pasar unos cuantos lustros a la sombra. Resulta que en la cárcel se percibe hasta un pequeño sueldo. No sólo estás con calorcito, conoces gente nueva con vidas intensas, tienes tele y te dan de comer y de vestir, no, es que además te pasan dineros para que puedas hacerte tus planecitos vacacionales para cuando salgas. ¿No es formidable? Y para entrar sólo tienes que putear a alguien que te caiga mal; putear de verdad, claro, no basta con una colleja; con eso como mucho te ponen una multa y pagar gratuítamente no tiene encanto.

Pero no, tampoco vale, me emocioné con mis proyectos personales como outsider y estaba deseando publicar este post y animaros a todos a caminar fuera de la ley; cuando caminas fuera de la ley tienes que llevar ropa interior especial, sexy hasta lo criminal, para que cuando te pasees por los barrios de perdición y desenfreno todos sepan que eres un chungo y te respeten y saluden con un gesto de cabeza. Como si fueras Mickey Rourke antes del autoaccidente.

No, presidiaria no, porque acabaría violada por un armario cuatro por cuatro, rapada mascachicle de tabaco que no se habría cortado las uñas antes de intimar. Sería un juguetito carcelario y no haría amigas de verdad, sólo amantes a la fuerza. Y puede que muriese de gangrena vaginal o convirtiesen mis pechos en muñones. Os lo explico así de crudo para que os identifiquéis directamente con mi rechazo.

chica presa

La tercera y última opción para evitar el convertirme en vagabunda por exceso prolongado de procastinación era, por supuesto, la prostitución. Ni siquiera la de lujo, claro, estamos equiparando formas de vida análogas en cuanto al coste de su praxis. Es decir, algo que puedas hacer a motor, sólo con salir y proponértelo inércicamente. Así pues, la prostitución de calle con chulo incorporado es de entre las tres propuestas la más sana, porque se realiza al aire libre. Los pros son que practicas el sexo con hombres, siendo relativamente selectiva dentro de lo horripilante, pero selectiva al fin y al cabo, y al acabar el día compartes las ganancias con un proxeneta/jefenovio.  Y compartir es bonico. Posiblemente se gane más de lo que percibes en la cárcel y tienes contacto esporádico con gentes pertenecientes a los dos otros mundos mencionados. Lo malo es la posible violencia gratuíta a la que te expones, que te contagien algo mortal  o que te regateen a la hora de pagar.

prostitute

Además, de entre las tres es la que requiere mayor esfuerzo y, al fin y al cabo, también está sometida a unos estrictos horarios. En ninguna de las tres se cotiza un cuarto y elijas la que elijas en el momento en el que la abandones o deseches por una alternativa más propicia, siempre que salga en una conversación de tercera cita con un chico arruinará vuestra imagen.

Total, que no me he decidido. Yo quería ser escritora de diálogos en agencias matrimoniales. Era mi oficio predilecto soñado. Pero claro, no está nada bien pagado; ni siquiera está homologado ¿os lo podéis creer? Yo sí. Así que he pensado seriamente sobre estas tres opciones. Bueno, tampoco nos engañemos, sólo he pensado esporádica y superficialmente pero desde hace años en lo de pasar mi vida cocinando hojaldres en un convento. En todo caso ¿no os resulta reconfortante pensar que no estamos tan mal? ¿No es maravilloso ser mujer?

Es lo mismo que tener una red mohosa debajo del culo que te protege, siempre relativamente, en caso de que lo eches todo a perder. Y eso amigas, es dominio única y exclusivamente nuestro!

*Nota: Post reeditado con negrita por consejo y en honor a Patril.

5 comentarios

  1. Se puede saber comohas pasado de monjas a putas en dos párrafos?😄

    Es oscense, el gentilicio de Huesca.

    (lo se porque los tengo cerca XD)

  2. Emmm…¡me pido puti! Bueno, “yigolós”, pero tanto monta, monta tanto, y en tu culo mi pepino.

    P.D. ¿Por qué preocuparse por los de Huesca teniendo a esos sufridores que son los de Calahorra? Pobres “calagurritanos”…siempre me sonó diarreico-laxante.

  3. las monjas follan, las presas rezan, las prostitutas viven en una cárcel. Todo es según el color de a quien madruga te sacará los ojos.
    Sinceramente suyo, el equipo ttjas

  4. “Vagabunda por exceso prolongado de procastinación”, quicir, vaga de cohones, ¿no?
    Cuánta energía gastan los seudo-intelectuales en buscar eufemismos en el diccionario para sentirse mejor.
    Haber “estudiao”.

    Besos.

  5. Simpático genitlicio ese, Rafa. No hay mucha diferencia entre na monja y una puta; Julie Andrews lo demostró hace tiempo.

    Reverend, yo no te imagino poniendo el ojete, la verdad. Tú eres más rollo culo contra la pared tocando la armónica para los italoamericanos que te conseguirían el tabaco para hacer negocios en el presidio.

    Equipo, las putas monjas de mi cole vivían en celdas.

    Tullidito, es cierto, me avergüenzo de esa frase, joder.

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