“El negro é mejó que tú…

…¡No tiene malicia ni mala intención! (Albert Pla dixit)

En veintisiete años de vida (si os preguntan veinticuatro y medio; que pasados los veinticinco al estar soltera te miran arrugando la cara hasta convertirla en una pelotilla de papel insípida e insultante) si de algo me he nutrido hasta convertirme casi en erudita es de rupturas y, aún más, de técnicas de rehabilitación post-abandono. Cómo no dejo de concentrarme en la hipótesis de que los blogs han de ser de utilidad, aún mínima, para alguien y no sólo la escupidera mental de los neuróticos, creo que ha llegado el momento de compartir con vosotros los pasos que deben seguirse en todo fracaso amoroso que merezca la pena ser definido como tal. Como escribo a motor y ocasionalmente se me apaga la pantalla del pc – soy un poco el equivalente moderno a Baudelaire en cuanto a precariedad y dejadez- no os adelanto aún cuantos son los pasos, pero ya lo vemos sobre la marcha ¿vale? Sólo importa el aquí y el ahora, los post de ayer sólo servirán para cubrir el pescado cibernético del mañana.

En primer lugar hay que saber cuándo romper. Por norma general la gente no corta de un día para otro. No estás en el septimo cielo, recibiendo y dando sexo oral con agradecimiento y dedicación, visitando museos, cenando especiado y presentándole a tu abuela y de un día para otro te mandan al carajo. Lo normal es que hayáis notado algo como un mes entero antes, tipo que ya no te meten la lengua en la boca al besarte, que ha dejado de comprarte surimi para la cena porque es muy caro o que, de pronto, ha decidido que estaría genial que te depilases la espalda. Cosas así. Bien, empieza aquí pues claramente la prerruptura, el minuto cero real de la rehabilitación. A quien madruga Dios le ayuda, amigos. Lo primero que debes hacer es volver a quedar con tus amigos sin que les quede ese regustillo de que quedas con ellos solo cuando te abandona tu pareja y pillarte la primera gran borrachera de “me huelo que de aquí a un mes compraré los condones yo sola”. Este tipo de actitud todavía descolocará más al dejador y es posible que incluso acelere el inminente final del amor. Eso es magnífico puesto que reduce el tiempo de incertidumbre en que la ingenuidad se apodera del dejado haciéndole creer que puede retener al amante. No seas bobo, por favor, si una tía después de dos años te pide que te afeites los hombros es que no te quiere. No hay más.

Lo segundo antes de que te manden a cagar es comenzar a practicar un deporte. Es importante que sea gratuíto o en su defecto muy barato, piensa que ahora la economía la sustentarás tú sola o solo y, sí, acostúmbrate a esa palabra: “solo”, “sola”, ración individual, un solo tetrabrick de leche, una cama de 90 y tal. Lo de hacer ejercicio es muy importante porque segregas endorfinas y tienes tu propia banda sonora vital siempre conectada mientras te mueves, lo cual te transporta a un estado Rockyesco altamente gratificante y te da una sensación de meta – siempre difusa – que dota a tus feromonas de un poder especial que te será muy util para el tonteo fácil con desconocidos que agregarás al banquillo metafórico carnal que ocupa una importante parte del proceso de superación.

Llega el día. Ten por seguro que si el dejador tiene un poco de decencia te abandonará en tu propia casa, para que luego puedas llorar a solas sobre tu almohada. Casi nadie deja en su propia casa -vamos, eso creo, no sé con qué clase de hijos de puta habréis salido vosotros-, porque cuando eres el que deja te es francamente dificil ignorar los movimientos espasmódicos de barbilla de la víctima. Sea como sea, tenemos que haber llegado preparados a este punto de la historia. Si somos el dejador sencillamente haremos un elegantísimo mutis abandonando el hogar y dejando en el aire un “espero que hablemos la semana que viene”  o un ya práctico y devastador “vendré a llevarme mis cosas cuando te venga bien”. Si somos el dejado, lo recomendable es que una vez apalabrada la cita fatídica hayamos pasado el día nutriéndonos de videos de Gila, Faemino y Cansado y muchas, muchísimas películas de los Farelly, para crear en nosotros esa atmósfera banal que hace que parezca que nada de eso va contigo. Esto evitará lo del movimiento antiestético de barbilla o el melodrama clásico con frases despechadas contundentes que tanta vergüenza ajena produce en el momento. Sólo laconismo y monosílabos. “Sí, es cierto” “Ajá” “Hm” “Oh, sí, sí”. Encogimiento de hombros y tono paternalista: “qué le vamos a hacer”. Incluír si es posible una pequeña palmadita en el hombro del contrario como si la putada se la estuviese haciendo él mismo, ese es un golpe de efecto muy bueno.

Cuando estéis a solas ya podréis regodearos en vuestro horror y tal, durante todo un día, llorar a lo loco, escuchar a Leonard Cohen y ver gore, o lo que haga la gente para desintoxicar justo después. Luego ya no se puede llorar más, ni ver Los puentes de Madison. Empieza el periodo de auto-adulación, como ya lleváis un mes haciendo footing, estaréis más duros y guapetes ergo preparados para apuntaros a la biblioteca pública y tontear con universitarios. Es recomendable que en las primeras salidas como soltero estrenado no se beba más alcohol que la persona a la que te vas a ligar; a los ojos de un borracho alguien sobrio parece siempre mucho más respetable y atrayente.

Tras el primer coito post marital, que en las mujeres se dará al cabo de una semana de soltería aproximadamente y en el de los varones entre un mes y, si no estáis atentos, un año de salidas constantes sin encuentro fructífero de salidas de otro tipo; es necesario apuntarse a una actividad aparentemente creada para el enriquecimiento cultural pero evidentemente pensada para el ligoteo más sutil: véase un grupo de cuentacuentos, de lectura o una twiitquedada en vuestra ciudad de residencia. Es importante disfrutar de la vida sexual intrascendente y de una tensión sexual no resuelta con alguien que os guste más y que, quizás, no os lleguéis a trincar nunca, puesto que os ayudará a creer en el amor romántico con el que soñabais a los trece años.

Una vez que tengamos el sexo, el deporte, la tensión y el tonteo disfrazado de realización cultural podemos pasar a la dieta. Las pizzas, las salchichas, las hamburguesas, la pasta con mucha salsa y todas esas mierdas que comen los niños de 8 años no son buenas para el estado de ánimo. Añadid zumo de naranja y aspartamo – componente de la sacarina del mercadona que produce sensación de euforia – a vuestra vida y presumid de ir bien al váter, esto último principio básico para una calidad de vida real.

Llegados a este punto apenas os acordaréis de la cara de vuestro ex y dudosamente desearéis comprometeros con nadie que no sea vuestro preparador físico o ING Direct pensiones.

4 comentarios

  1. “…o una twiitquedada en vuestra ciudad de residencia…” Vaya, todavía no quedamos para que te explique de qué va la Twittbarna y veo que ya lo tenés perfectamente captado😉

    Muy buen post.

  2. jajaja seeeh, se os ve el plumero. Por cierto, a la siguiente me apunto, si tenés la cortesía de informarme del dónde y el cuándo concretos. Parece que Cenicienta tiene derecho a un viernes esporádico si avisa con tiempo.

    Gracias y aspartamo!

  3. Siempre se hace el cuarto viernes de cada mes en el 7sins. Así que a priori debería ser allí mismo el viernes 28/05, pero de aquí a entonces ya se comentará por Twitter. Empieza a las 19 y “termina” a las 22, aunque después solemos cenar por allí y luego irnos de fiesta😉

  4. Bravo!
    No lo habría expresado mejor.
    Yo decidí hace un par de meses que al menos durante este año retrasaría mi año de nacimiento al 84 o el 85, ya que los 27 salta a la vista que no es una edad nada sexy.
    Sobre lo del aspartamo tendré que probarlo, y las twiitquedadas diría que es algo como muy futurista como para encontrarlo en Alicante.
    En fin, que cada maestrillo tiene su librillo, y lamentablemente creo que estoy en proceso de impartir masterclass en fracasos amorosos.
    Saludos!

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