La discriminación positiva o cómo tener una película mediocre, incrustarle una historia homosexual y creerte transgresor y sensitivo.

Hay una película altamente insulsa titulada 9 songs donde un chico y una chica jóvenes que se acaban de conocer en una ciudad en la que ambos están de vacaciones deciden encerrarse en la habitación de hotel de uno de ellos para follar como conejos entre tema y tema popi, parando para lavarse los dientes a la vez o hablar de sus respectivos pezones juntos frente al espejo. Ya sabéis, esa clase de conversación tan habitual entre dos amantes recientes: “¿Has visto lo andrógina que soy? Hasta tengo aquí un pelo que parece púbico en la teta izquierda.” Así en esencia pero expresado con imágenes poéticas o, en su defecto, montaje caótico, para que todo resulte muy moderno y a ningún apasionado del indie espectador en la sala se le pase jamás por la cabeza: “pero qué mierda de peli porno con menos genitales y diálogos más largos es esta absurdez?”

El brailerotismo ha llegado.

Yo nunca oí hablar de Nine songs, me la topé un día en el cinetube o alguna página análoga, vi veinte minutos y la deseché en favor de Bruce Willis o algún yanki aún más comercial; cosa que hago siempre que me cabreo con los hijos de Sundance o con Haneke. No puedo decirlo pero imagino que Nine songs terminaba con alguna promesa de amor puro descubierto a través de la lujuria y un “yo contigo, aquí en pelotas me quedaría toda la vida” ¿No te jode? ¡Y yo! Y sin estar enamorada ni nada. Vivir el resto de mi vida en una suite de lujo, yendo desnuda a todas partes y desayunando de buffet libre; de niña imaginaba que el cielo debía ser así.

Ayer fui a ver – ¡pagué por ir a ver! – el remake de Nine songs pero con dos lesbis: Habitación en Roma. Fui con el chico que me gusta – esta expresión es un poco de Primaria, pero cuando alguien nos gusta mucho, tenemos todos trece años otra vez y nos salen granos y salivamos más – con la esperanza de que fuese como fuese al menos podríamos tocarnos un poco durante la proyección. Mi acompañante me confirmó que se erotizó mucho más por sus propias expectativas durante los trailers previos que en el visionado directo de las escenas de cama. Yo siempre he creído que Medem es un coñazo supravalorado que vive de aquellos espectadores afrancesados que son capaces de sacarle partido lírico a cualquier engendro kitsch (según Milan Kundera: “la negación de la caca”) porque ellos mismos tienen el poder de hacerse su propia lectura superior a partir de imágenes siempre, eso sí, bien fotografiadas e iluminadas, mejor que un anuncio de Anäis Anäis. Así, yo ya iba predispuesta a odiar la película.

No me creí nada, ya no sólo lo inverosímil de la historia de amor, sino incluso la atracción sexual entre las dos mujeres. No parece que se gusten mucho, parece que están meramente erotizadas consigo mismas y tienen ganas de un frotamiento clitoridiano, como decía Faemino: “cualesquiera”. Elena Anaya tiene sólo dos registros: “cara absorta”, “cara calentona”. Se ha pasado los últimos tres lustros de su carrera profesional con la boca abierta. Y la rusa no puede ser más afectada y cargante. Ese lenguaje corporal calculado que hace que en ningún momento te olvides de que pegadas a ellas hay un cámara con una erección elefántica intentando mantener el pulso y pidiendo cocaína y afrodisiacos varios por el walky talky a producción a ver si puede caer algo de mambo para él en el set, cuando Medem se ausente a hacer pilates y meditación trascendental durante el descanso.

Esos diálogos mortalmente estúpidos expresados con la cadencia de un ministro en un prostíbulo de lujo, esos ojos cerrados como de meterte en una bañera caliente y hacerte pis, esa ingeniera inventora que viste como un lating king y ese “humor” pueril que ya rebasa la vergüenza ajena y la convierte en grima, me parecen insultantes y muy a menudo bochornosos, peor que los especiales navideños de los noventa con los hombres del tiempo versionando musicales del Hollywood dorado. Peor que eso, en serio, aunque pensaseis que no había nada.

Pero no es eso. No es mi cabreo, es mi decepción lo que pesa sobre los 7 euros con 50 céntimos de la entrada. Me apena profundamente que se base el interés de una historia de amor única y exclusivamente en el hecho de que es homosexual. Me pasó con Brokeback mountain. Hice el ejercicio de imaginar que Jake Gyllenhaal era una chica y la historia me pareció amena pero nada perturbadora en cuanto a la transmisión de sentimientos auténticos; aunque reconozco que ahí al menos sí se sentía la tensión sexual y el rollo “qué ganas tengo de dejarte el ojete como un caldero, truhán”.

Me apena, y quiero dejar esto claro antes de que alguien asevere que debería colgar una etiqueta que rezase homofobia en la entrada, que no se hagan buenas películas de amor sobre la homosexualidad. Todas pecan de buscar una estética divinesca o una controversia suma que venga bien para la taquilla. Yo quiero una historia de amor homosexual en la cual no haya un discurso sobre la homosexualidad, ya es hora de normalizarlo de verdad. Me parece sustancialmente más creíble el amor entre Jim Carrey y Ewan Macgregor en I love you, Phillip Morris que la mencionada Montaña de la espalda rota porque al menos en aquella no existe el momento sorpresa “Oh, vaya, qué horror, se me ha puesto esto duro ya verás cuando se entere mi madre o el panadero”, simplemente son gays, no hay duda sobre eso, se ven, se gustan y se enamoran. No es un historia suave y poética, es una comedieta absurda, pero me lo creo.

Me creo a Whoopy Goldberg – … – enamorada de la amante de su esposo maltratador en El color púrpura y también a William Hurt – a este ya de cabo a rabo (qué sutil soy) – en El beso de la mujer araña. Transmite una mayor complicidad y afecto intrínseco, la relación entre Robert Redford y Paul Newman en Dos hombres y un destino o la de Geena Davis y Susan Sarandon (la misma peli, pero con pechos) en Thelma y Louis; si a mitad de metraje en cualquiera de esas dos películas hubiera habido un silencio con mirada sostenida seguido de un “Me gustas a morir” habrían sido redondas películas de amor entre dos homosexuales.

¿Para cuando algo natural? Un par de personas que se conocen y encajan y lo ves en pantalla por la complicidad entre los actores, la dosificación de diálogos, la puesta en escena, la superación de la adversidad en un conflicto bélico de proporciones ingentes; que en Doctor Zhivago Omar Shariff perfectamente podría haberse enamorado de un ayudante médico cualquiera en lugar de Julie Christie y ya hubiera sido la repolla de peliculón.

En fin, me cago en Medem y sus repetidas operaciones de extracción de costillas para poder llegar a meterse toda la churra en la propia boca. Que todo tiene un tope y cuando oyes click es mejor que pares.

10 comentarios

  1. Como siempre sublime ^^
    Una de las cosas que mas me molestan de ciertos homosexuales es que tienen tendencia a recordarme CONTINUAMENTE que les gustan las personas de su mismo sexo (yo no tengo amistad con un GAY, tengo amistad con una PERSONA), y esto se aplica también a las historias de ficción,
    ¿son del mismo sexo? vale pfff XDD no por eso va a ser mejor la película no? algo parecido me paso con el anime Gravitation… una historia de amor entre dos homosexuales con menos ritmo que una tortuga XDD lo peor es que ahi uno de ellos era completamente una tia, le faltaban tetas, y se suponia que era un tio, de hecho tenia voz de tia.

    Por cierto, no solo NO soy homofobo, si no que DOS de mis mejores amigos son gays y normalmente cuando salgo por la noche acabo en algun bar gay.
    Posiblemente sea brutalmente criticado y abucheado en los comentarios y tildado de homofobo, nazi y mierdas peores ….

    Mas interesante habria sido que especificaras que tal con el muchacho ese que te gusta. ¿Floreció la pasión?

    Un saludo

  2. bravo Chaplina!!!
    Hacia mucho tiempo que no me reía tanto (ultimamente mi vida es más bien aburrida…)
    Y totalmente de acuerdo con la MedemAdversion… pero quiero que conste en acta, que Los Amantes del Circulo Polar me gusto y mucho (en su momento, en el segundo visionado perdio bastante…)
    Pero todo lo demás caca de la vaca…
    No creo que vaya a ver Habitacion en Roma (no creo que la estrenen por aqui)… pero un día sin querer vi Caotica Ana y todavia estoy echando espuma por la boca… que bazofia!!!
    un abazo y un millon de carcajadas tokiotas
    Nico inTokio

  3. Maravilloso.Escribe usted rozando lo sublime.A mí de Medem me gustan sus actrices desnudas.

  4. Después de Caótica Ana me lo espero todo de ese señor.

    ¡Brailerotismo! :___D Qué tiempos aquellos.

  5. Llevo unas cuantas horas (con sus descansos correspondientes para ir a clase, dormir la siesta y estudiar algo que mañana ya no recordaré… ) leyendo tus entradas desde anoche que descubrí el blog =)
    Me sentí identificada con muchos de tus post, y con los que no… igualmente me encantaron!
    Tienes un arte pa’ escribir…
    Lo dicho, te seguiré leyendo

  6. Sinuhloa, musha grasia. Uno de mis mejores amigos es bisexual y sabe lo que es el amor, por eso posiblemente le darán por el culo -siempre en este caso en sentido figurado- las películas de Medem.
    Con respecto a lo que pasó y pasa con el chico es que siempre, siempre florece la pasión, en forma de bulto del deseo o de cenas copiosas y elaboradas.

    Nico! No sabes cuánto echaba de menos esto. Actualizar es terapeútico; todos deberían abandonar facebook y “montar” un blog como el que abre un chiringuito de cara al verano. Tienen suerte en Tokyo de no conocer la existencia de Julito, no tendrían rictus facial lo suficientemente anodino para ser consecuentes con su “arte”.

    RATM a mí también, están buenorras, a pesar del marcamiento de hueso del escote, que no puedo con eso.

    Perico Romero, Pabler mío, sólo diré una cosa: “CAGÓTICA Ana”, y hubiese sido una gran comedia.

    Dawny, muchísimas gracias, me alegra mucho ser una evasión puntual para el estrés estudiantil y me encanta que te identifiques, hay quien me acusa de que escribo con en nabo que no tengo pero codicio. ¡Suerte con los exámenes!

  7. La verdad es que los homosexuales todavía no han alcanzado la normalidad como personajes en el cine. En los ochenta eran las típicas reinonas cómicas, y hacia mediados de los noventa se convirtieron en personajes perfectos, el amigo que toda chica desea. Algo de eso creo que comenté cuando hablé de American Beauty en mi blog.

    En otro orden de cosas, no entiendo la relación entre cerrar el FB y actualizar el blog. Algún día me lo tendrás que explicar.

  8. Pues es sencillo, Alan; todo el tiempo que antes dedicaba a buscar en facebook el aspecto de las exnovias de mi novio o de las novias de mis exnovios lo canalizo ahora en escribir entradas cuando la ira y la inseguridad me acechan.

  9. Bueno, me he reido con tu post (muy deslenguado y pinturero) y estoy de acuerdo con muchas cosas:

    a) Las pelis de Medem (TODAS) son una cagada.
    b) Ya en el tráiler, la rusa parece de pena. No hay ni un microsegundo de duda de que su futuro como actriz es paticojo
    c) Es una peli relamidíííísima que en el fondo lanza una ojeada de purititomacho a dos tias en pelotas haciendo el memo. La homosexualidad es una excusa que supuestamente justifica ese tipo de visión “recortada” del cuerpo de la mujer. Estoy de eso hasta los pelos.

    En fin, que la crítica de Boyero ya la dejó a dos metros bajo tierra. Bien por él.

    And now… other things:

    1.- ¿Qué te pasa con Haneke, muchacha? Pero si es sublime, porrrdiossss. NO falla una el tio.
    2.- En “Brokeback Mountain” no creo que lo conmovedor sea la homosexualidad (asunto prescindible en este caso) sino el fracaso al que se ven condenadas muchas relaciones, hetero, gays, bi, zoofílicas, o cualesquiera. Y el director no se puede comparar con Medem ni de lejos. Se daba el Medem con un canto en salva sea la parte.
    Bueno, estas son dos opiniones mias, simplemente.
    Saludos!

  10. Amén, hermana. No te conozco de nada, y acabo de descubrir este blog, pero no podía estar más de acuerdo con lo que has dicho.

    Una entrada brillante, me dispongo a seguirla en espera de más🙂

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