Fantasías salivares con Sheldon Cooper

Justo antes de ver los dedos de mis pies necrosados por un enero barcelonés poco cariñoso, estrené una miniestufa de alto consumo con aspecto retro y peligrosidad elevada. El paroxismo que experimenté en los primeros minutos de calor artificial me llevó a la compulsiva búsqueda de una sit-com que contuviese un personaje llamativo y antiérotico con las suficientes cualidades paradójicas como para elevar mi libido durante al menos veintiún minutos en la intimidad más absoluta de mi microdormitorio nuevo.

Hace dos años tenía un novio que me intentó demostrar en un sólo visionado cuán absurda y tediosa había sido mi existencia hasta entonces sin haber visto The big bang theory. La aborrecí practicamente a los dos minutos de reproducción. Sheldon Cooper, pensé, mis cojones Sheldon Cooper. Y seguí con Ted, Sawyer, Barney y Desmond (si haces una ensalada con Lost y HYMYM acabas poniendo el listón muy alto).

Esta tarde, mi estufa y yo nos comprometimos a explorar lo despreciado en el pasado, como si las experiencias vividas en los últimos tiempos me hubieran preparado para poder digerir con erupto póstumo de satisfacción las bondades de ese colorista universo que hace apología del manual simétrico del friki contemporáneo ideal. Vi dos episodios al azar y acto seguido decidí que si Sheldon no iba nunca a manosearle un pecho a Penny todo aquello de fingir congralutarme con chistes pedantes, previsibles y calculados era lo más parecido a quedar con alguien en el Meetic tras estudiarte la bibliografía de Houellebecq sólo porque decía en su perfil que le pirraba Las partículas elementales (como engancharte al wow para ligar con un emo, algo así retorcido y bajuno).

¿Por qué nos hacen esto? Ahora todo el mundo trinca en la primera cita o, en su defecto, se mandan un mensaje insinuante vía facebook o, peor, declaran públicamente sus intenciones de coito embrutecido sin pudor (no digáis que no, que eso lo veo yo a diario, incluso en mi propio muro) a la primera de cambio. Ahora necesitamos de la ficción para poder calmar nuestras ansias de romanticismo. Antes la gente entraba en internet buscando porno, ahora o pronto, entraremos en busca de micromomentos bellos, de fragmentos de video donde dos personas se miran con ternura, donde emana la complicidad. En vez de videos titulados “colegiala es sodomizada por maduro con elefantismo fálico” nos bajaremos “Chico tímido descubre el amor enseñando a leer a poligonera con buen corazón e inteligencia emotiva”.

Le hemos dado la vuelta a la tortilla y nos hemos dado cuenta de que el lado de abajo ya se nos había quemado.

Tíos, no quería ponerme sentimental con todo esto, pero si han hecho una película sobre el facebook, ¿qué mierdas cabe esperar de la raza humana?

4 comentarios

  1. No hay ninguna película sobre el Tweeter, el Facebook ha pasado de ser un local selecto a una ensalada donde hay de todo.

    Eso sí, una magnífica ensalada como campo de estudio para la sociología y la psicología social. ¡Nunca hasta ahora ha habido tantos datos al alcance de la mano!

    **Knock Knock**…

  2. ^_^
    Creo que es evidente que nos estamos pudriendo lentamente… el bio-pic de la princesa del pueblo será la señal de que el Apocalipsis va a comenzar… reza tus oraciones!!

  3. A sus pies siempre.

  4. No todo el mundo trinca en su primera cita, tía. No juegues con eso.

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