Violación de la propiedad emocional

Vaya título más pretencioso para un post tan chorra; es un gesto tan fraudulento que ya sé cómo se deben de sentir los visitadores médicos.

Bien, tengo que hacer un par de revelaciones para limpiar mi conciencia de borrones culturales, de mendacidad cinematográfica, de autoengaños en pro de la estética del carácter y la confección “bonita” de la propia educación sentimental. Allá voy: Desayuno con diamantes me parece una de las películas más estúpidas y autocomplacientes de la puñetera historia del cine. El personaje de Audrey Hepburn ahí es una especie de reencarnación anterior de Boris Izaguirre felizmente escondido dentro de una anoréxica estirada y gilipollas.

Los personajes son frivolones y snobs y se pasan la mayor parte del tiempo comportándose con excesiva consciencia de sí mismos y unas ganas histéricas de hacer el imbécil públicamente. La secuencia en la que George Peppard y Audrey Hepburn desayunan champán y luego se van a recorrer Nueva York a hacer juntos “cosas locas” que nunca haya hecho el otro, dura cerca de quince innecesarios minutos y se ha convertido en la malévola semilla que ha propiciado el nacimiento y asentamiento de Sexo en Nueva York en la cultura contemporánea. Por culpa de esa sucesión de paridas en 1961, ahora la mujer del siglo XXI parece una descerebrada guarrona más preocupada por el modelito bien combinado con el bolso del día y el modo en el que hay que succionar correctamente un falo, que por la jodida vacuidad de su perfectamente sondable alma. El efecto mariposa de la tontería barroca.

Sí, amigos, llevo un montón de años diciendo que Breakfast at Tiffany’s es maravillosa; pero jamás lo he creído. Sólo lo sabía abuelita, cuando la vimos juntas y al final nos partimos el culo abochornadas escuchando a Holly Golightly gritar: “Gato, gato… ¿dónde estás gato? Oh, gato…”. ¿Se puede ser más pava?


La razón de haber mantenido esto oculto durante todos estos años es un misterio incluso para mí. Jamás quise ligarme a un chico que tuviese  en consideración esa película como una de sus favoritas de todos los tiempos – y si hubiese querido ligarme a un chico así, en fin, tendría que haber acompañado mi falsa devoción con el pecho vendado y un par de calcetines bien compactados en la entrepierna -. Me he mantenido firme y fiel a mi engaño durante cerca de quince años y, ahora, con esto de las manifestaciones y caceroladas una no sabe si cruzará por dónde no debe y le darán un golpe en la cabeza que le haga olvidar datos tan nimios y a la par tan cruciales cuyo despojo público es júbilo puro. Sí, lo suelto por si se me olvida accidentalmente. Olvidar que odias algo que has hecho creer que amas; como los matrimonios tras las bodas de oro o cometer erratas tontas en el testamento al redactarlo de pedo.

Por otra parte, me puedo tirar horas muertas criticando a Tarantino y sacando pegas de cada puñetero plano. Los que me conocéis creeréis que le aborrezco. Pues es mentira. No tengo ni un miserable carraspeo para Quentin. Es más, le quiero, le prepararía ahora mismo un cocido maragato y le daría un masaje después, durante la digestión. Sencillamente me molestaba tener que dar la razón a la mayoría. Una nunca quiere que le guste el helado de chocolate, Baltasar o conocer Las Vegas porque es demasiado previsible y adocenado. Pero me pirra ver a Uma Thurman cortando cachitos de cráneo y liquidando chinorris en cuatro o cinco casi imperceptibles gestos. O a John Travolta bailar con esa cara de chulo heroinómano pasadito. O a Robert De Niro pegándole dos tiros a Bridget Fonda a plena luz del día por ser una tocapelotas, así, como el que da un manotazo y dice “joder, la pesada esta”. O a Steve Buscemi diciendo que no quiere ser el señor rosa y al propio Quentin quejándose de que señor marrón suena a señor mierda. En fin, Tarantino es un genio y le quiero de verdad, a pesar de que cada día se parezca más a Eric Stoltz en Máscara.

Ufff, me siento muy bien, eh? PERSONALIDAD REAL YA! o PRY! o Pride!

P.D: Tampoco me gustó nada El viejo y el mar. Lo siento, bob, Hemingway me hace cagar.

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