Pagadme una liposucción y arreglaré el planeta

Iba a ducharme antes de escribir este post. Me sentía ridículamente importante actualizando Chaplina’s place después de estos años, en los cuales todo el que en algún tiempo me haya seguido –literalmente o no- no habrá podido evitar tomar un momento para imaginarme dándome palmadas en los genitales. Hablo en el sentido figurado no erótico, aunque puede haber gustos para todos, claro, e incluso categorías concretas en porno webs que recen “pussy applause” (regalando conceptos millonarios sin despeinarme). Hay un mundo ahí fuera que aún tengo cuidado de desconocer. Me refiero a que sólo hay dos razones para no actualizar el blog: que de pronto tu vida se ha vuelto demasiado intensa para buscar tiempo para hablar de ella o que tu vida es tan sumamente aburrida, tediosa y miserable que la sola idea de sostener un lápiz frente a una hoja en blanco te crea agujetas neuronales preventivas.

Yo he pasado por ambas circunstancias, las he alternado en una irregular e imprevisible estructura peligrosamente inacabada de montaña rusa vital, con periodos en los que se confundía con una noria infantil que te deja parada varias horas en la parte de arriba sin sentir la más remota emoción, porque sólo estás a diez metros del suelo. Una birria.

Pero íbamos a hablar de estar gorda. En estos años de paro salpicado de ocasionales incursiones en brevísimos trabajos basura, prácticas de enfermería y sesiones grupales de escritura de guión, una de mis patéticas y recurrentes preocupaciones ha sido: “MI CULO”. Las dimensiones del mismo, concretando tema.

culo christina

Daba igual lo que pasase en mi vida, dentro del top cinco de prioridades existenciales, la de llegar a tener el culo más pequeño ha estado siempre ahí. En mi defensa, sólo puedo decir que nunca ha estado en el primer puesto; aún no me he acabado ninguna novela entera de Gustave Flaubert y sé que eso juego mucho en contra de mi buena nutrición cerebral. Y, amigos, el cerebro sigue siendo más importante que el culo, al menos que el volumen de las nalgas. Del ano ya no hablo, es otro mundo, bastante protagónito en cualquier etapa de la existencia humana; especialmente al principio y al final, cuando ya ni te lo puedes limpiar tú.

Así que por mucho que estudie y viaje, por mucha gente que conozca y muchas conversaciones reveladoras en las que participe, mi subconsciente baraja todos los pesos ideales de mujer que archivó a partir de las películas, reportajes y páginas de internet en que se comunicaban estas cifras. Tú me hablas de la realización personal, de la pérdida de valores, del darle vueltas a conceptos tan inaccesibles como la verdad y la nada y mientras asiento e intento tomar un esfuerzo de reflexión, existe una parte de mi cabeza –como una sala de house dentro de una macrodiscoteca para todos los gustos- que perturba con su musiquilla cargante haciendo vibrar las paredes de mi cráneo, alejándome de la trascendencia intelectual: “Cat woman pesaba cincuenta y seis; Zooey Deschanel cincuenta y cinco y Audrey Hepburn llegó a los cuarenta y tres kilogramos después de su primer divorcio. Así que yo soy una gorda, soy una gorda, soy una gorda ¿qué es la realidad? ¿qué es la nada? TENGO EL CULO COMO UN PANDERO.”

audrey en bañador

El culo es un lastre para MI inteligencia. Es posible que si hubiera renunciado al tulipán, los donuts, los batidos de chocolate, las cortezas de cerdo y los cocidos maragatos –por citar un pequeño muestrario de némesis- hoy podría ser una mujer poderosa y eficiente, podría haber dedicado mi mente y mis fuerzas a llevar hacia adelante ideales mucho más grandes que mí misma que hubieran reformado las políticas de nuestro país a tiempo, así como la naturaleza de nuestras gentes y nadie hubiera comprado nada nunca a plazos. De no haber tenido yo el culo gordo, ahora mismo no habría crisis.

Es verdad que me he arriesgado bastante con este último párrafo, pero si juntas a todas las mujeres inteligentes con obesidad, sobrepeso o ligero sobrepeso que conoces y les das, a través de cuerpos esculturales la suficiente confianza en sí mismas para poder ocuparse de cosas más importantes, entonces tendrás ¿Un grupo de neofascistas buenorras? Es posible. O puede que a un montón de chicas dispuestas a ayudar, no seas tan negativo.

Sólo digo que los anuncios de colonia han hecho tanto daño como los de laxantes y antiácidos siempre anunciados por mujeres, porque han dividido a la población femenina en tías guapas de póster con las que soñar húmedo y tías flatulentas con las que tomar café y hablar veladamente de las otras.

Gabourne y un guapo

Todas las veces que he querido adelgazar ha sido para no pensar más en ello. Pagadme una liposucción y arreglaré el planeta.

En fin, a mí sólo me sobran tres kilos y medio y ya podéis saborear la inquina que acompaña a esta reflexión, ¿cuántos creéis que debería perder Angela Merkel para poder hacer footing sin dolor de espalda? Espero que de mis palabras no se desprenda un subdiscurso pseudonazi que defienda una especie de superioridad de la “raza magra”. Para nada. Creo que hay mujeres con culos ingentes poseedoras de una seguridad tan aplastante como sus traseros, que se pasean por el mundo merecedoras de gobernar cada palmo de suelo que sacuden graciosamente con su taconeo, tías maravillosas cuya grasa extra no es mínimamente capaz de lastrar sus capacidades. Desgraciadamente yo no soy una de ellas.

Yo soy de las otras, de las que toman un breve descanso de leer Los hermanos Karamazov para subirse a la báscula un momento y a continuación Dostoievsky ha dejado de ser suficiente para alejar el pensamiento de la desoladora idea de que: “¡Mierdas! Hoy no podré tomarme el brioche en la merienda.” Y ya no te enteras bien de si Aliosha está o no realmente enamorado de Zossima o qué hostias le pasa al cura y sólo piensas en lo odiosamente esbeltas que eran aquellas rusas y, vaya, ya no has aprendido nada sobre existencialismo.

Es por eso que me dirijo exclusivamente a las mías, a las que pueden sacar partido a todo esto. Mala suerte si has llegado hasta aquí leyendo y eres absolutamente ajeno a las duras consecuencias de las preocupaciones banales. Porque confío en vuestras posibilidades, aquí os dejo la receta del gazpacho light: ¿el mayor aliado* de la evolución profesional, espiritual y física de una mujer joven? No, pero sacia bastante y está muy bueno. Si tuviera todas las respuestas, habría desactivado la opción de comentarios de este blog.

*Nota: La idea es una dieta rica en antioxidantes y vitaminas para hacer entre semana. Los fines de semana o días libres análogos son sagrados. Una cosa es querer perder culo y otra renunciar al jamón serrano, el cabernet sauvignon y los grandes placeres que son únicamente apreciados por el paladar. No estamos locos, sabemos lo que comemos.

GAZPACHO LIGHT:

2 kg de tomates maduros.

El corazón de una cebolla mediana.

Dos pimientos verdes (italianos)

Un pimiento rojo grande.

Vinagre, aceite y sal.

Gazpacho

Preparación:

Limpiar todas las verduras concienzudamente. Quitar y tirar los rabos de los tomates y de los pimientos así como las pepitas de estos últimos. Cortar en taquitos e ir triturándolo todo por partes en un recipiente adecuado hasta que se forme un puré.

Sobre una fuente sopera colocar un colador grande. Verter sobre el colador episódicamente el puré y tamizarlo dando vueltas y machando con una mano de mortero gruesa.

Una vez depurado todo sobre la fuente, el espesor ha de ser consistente. Añadir un chorrito de vinagre de vino para conservar y matar posibles bacterias de la verdura así como proporcionar el punto justo de acidez. Añadir aceite al gusto; yo suelo escribir mi nombre con el dosificador de la botella como si firmase, muy rápidamente (sé que esto no es orientativo si te llamas María Alejandra; pero tenía que reseñar mi encantador detalle personal por puro afán egocéntrico).

Por último probar para decidir cantidad de sal; también al gusto.

Tapar la fuente llena con film transparente procurando que el recipiente quede perfectamente cerrado, aislando de olores y sabores del frigorífico. Dejar enfriar al menos dos horas antes de tomar.

Consumir antes de tres días. Después de este tiempo, sigue siendo bebible al menos unas cuarenta y ocho horas más, pero es la misma diferencia entre beberte a Superman o a Clark Kent.

 

 

2 comentarios

  1. bueenas! me ha gustado mucho tu blog, acabo de crear uno de cocina, como estoy en una escuela de cierto prestigio , voy a compartir todo lo que aprenda aqui, tanto tecnicas como recetas…asique si os apetece, pasaos por el !😀 gracias!

  2. Pues lo del culo se puede solucionar con una buena dosis de footing y fuerza de voluntad…es así de “fácil”. Ahora, que la seguridad está en la cabeza de cada uno, y por mucho cuerpazo que se tenga eso no quiere decir que automáticamente ésta vaya a aumentar….pero ayuda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: