Chaplina, el retonno. Apadrina una guionista del primer mundo.

Hola personas desconocidas que me leen y mamá (sí, te da corte que te mencione en público, ¿no? pues no haber entrado, ya sabes lo que vende en el mundo del espectáculo -y en el callejero- mentar a la madre).

Hace un rato impreciso encontré en mi correo un mensaje de turpentine con su correspondiente enlace al blog personal, haciéndome sabedora de que me otorgaba un galardón virtual por mi “trabajo” (llamarle trabajo a esto lo dota todo de un halo tal de pretenciosidad que me desnuda y me convierte en una imbécil, ¿eh? Una tía muy antipática con los pechos al aire, muy mal de imagen) y me he sentido obligada, gracias además a la cantidad inmoral de tiempo libre de la que dispongo, a actualizar mi blog.

 

Gracias turpentine, ¿puedo llamarte turp? Venga, anda, te voy a llamar turp, tampoco me puedes dar permiso de inmediato, entiéndeme, tengo que intuir que estás conforme. Gracias turp, me has jodido la vida. (Es broma, llevaba un año escribiendo en el interior de las puerta de los WC de bares de modernos frases tergiversadas de rumbas de El Pescaílla; tenía que volver.)

Todo ha cambiado por aquí, en WordPress city. Me gustaba más antes, cuando al escribir el borrador de la entrada la letra te salía tamaño niño cegarruto (a ver, ¿eh? no del tamaño de un chaval ciego, si no del tamaño que requeriría un niño poco leído y con astigmatismo), pero dejando eso a un lado y esperando que si tengo fieles lo sean lo suficiente como para tolerar que me publicite en mi sitio, me “reestreno” con una entrada de vídeo. Lo siento, los días que voy al gimnasio, no pienso. Sudo, luego no existo. Virtualmente no existo, a nivel carne voy bien.

Apadrina una guionista del primer mundo

Monja, prostituta o presidiaria

En el canal del huevo, ya sabéis a cuál me refiero, dos monjas; una latina de unos treinta y tantos y otra española octogenaria se disponían a elaborar un pastel hojaldrado y dulzón por amor a Dios. Su conversación durante el proceso repostero se basó en el intercambio de enumeraciones de méritos realizados en nombre o por voluntad del Señor. La jovénula le preguntaba amable e intrascendentemente a la viejuna cuál de las actividades diarias le costaba más, a lo que la segunda bastante picada respondía con un elegante y prepotente: “¡Ninguna! ¿por qué, a ti sí?” y continuaba con un contradictorio: “Fregar las escaleras suele costar mucho, pero a mí me gusta; me gusta todo porque el Altísimo así lo quiere.”

Es cierto que si un ente con una altura superior a la tuya te insta a hacer algo, tú lo haces con temor y con hábito si hace falta. Durante unos minutos contemplando a aquellas dos colesteradas mujeres pensé que aunque no estaba mal la seguridad del comido por lo servido sin límite de edad, ser monja como alternativa a la miseria era igual que vivir en un infierno aséptico. El infierno del blanco y gris, de los días clonados, la ausencia de coqueteo, de cómida rápida, de lencería fina, de cahipirodskas, de bikinis, vacaciones exóticas y visionados de Lost, el infierno de la negación del erotismo y la aceptación de una vida ociosa, contemplativa pero al mismo tiempo cuajada de obligaciones diarias y madrugones rayando en lo inmoral.

monja

Mi hermana y yo, echadas en la habitación de un hotel de Huesca (¿quién se sabe el gentilicio de ese jodido lugar?) horrorizadas con la idea de acabar en un convento, aún de forma hipotética, convenimos que ya de aspirar a cama y comida por la cara, mejor cometer un crimen y pasar unos cuantos lustros a la sombra. Resulta que en la cárcel se percibe hasta un pequeño sueldo. No sólo estás con calorcito, conoces gente nueva con vidas intensas, tienes tele y te dan de comer y de vestir, no, es que además te pasan dineros para que puedas hacerte tus planecitos vacacionales para cuando salgas. ¿No es formidable? Y para entrar sólo tienes que putear a alguien que te caiga mal; putear de verdad, claro, no basta con una colleja; con eso como mucho te ponen una multa y pagar gratuítamente no tiene encanto.

Pero no, tampoco vale, me emocioné con mis proyectos personales como outsider y estaba deseando publicar este post y animaros a todos a caminar fuera de la ley; cuando caminas fuera de la ley tienes que llevar ropa interior especial, sexy hasta lo criminal, para que cuando te pasees por los barrios de perdición y desenfreno todos sepan que eres un chungo y te respeten y saluden con un gesto de cabeza. Como si fueras Mickey Rourke antes del autoaccidente.

No, presidiaria no, porque acabaría violada por un armario cuatro por cuatro, rapada mascachicle de tabaco que no se habría cortado las uñas antes de intimar. Sería un juguetito carcelario y no haría amigas de verdad, sólo amantes a la fuerza. Y puede que muriese de gangrena vaginal o convirtiesen mis pechos en muñones. Os lo explico así de crudo para que os identifiquéis directamente con mi rechazo.

chica presa

La tercera y última opción para evitar el convertirme en vagabunda por exceso prolongado de procastinación era, por supuesto, la prostitución. Ni siquiera la de lujo, claro, estamos equiparando formas de vida análogas en cuanto al coste de su praxis. Es decir, algo que puedas hacer a motor, sólo con salir y proponértelo inércicamente. Así pues, la prostitución de calle con chulo incorporado es de entre las tres propuestas la más sana, porque se realiza al aire libre. Los pros son que practicas el sexo con hombres, siendo relativamente selectiva dentro de lo horripilante, pero selectiva al fin y al cabo, y al acabar el día compartes las ganancias con un proxeneta/jefenovio.  Y compartir es bonico. Posiblemente se gane más de lo que percibes en la cárcel y tienes contacto esporádico con gentes pertenecientes a los dos otros mundos mencionados. Lo malo es la posible violencia gratuíta a la que te expones, que te contagien algo mortal  o que te regateen a la hora de pagar.

prostitute

Además, de entre las tres es la que requiere mayor esfuerzo y, al fin y al cabo, también está sometida a unos estrictos horarios. En ninguna de las tres se cotiza un cuarto y elijas la que elijas en el momento en el que la abandones o deseches por una alternativa más propicia, siempre que salga en una conversación de tercera cita con un chico arruinará vuestra imagen.

Total, que no me he decidido. Yo quería ser escritora de diálogos en agencias matrimoniales. Era mi oficio predilecto soñado. Pero claro, no está nada bien pagado; ni siquiera está homologado ¿os lo podéis creer? Yo sí. Así que he pensado seriamente sobre estas tres opciones. Bueno, tampoco nos engañemos, sólo he pensado esporádica y superficialmente pero desde hace años en lo de pasar mi vida cocinando hojaldres en un convento. En todo caso ¿no os resulta reconfortante pensar que no estamos tan mal? ¿No es maravilloso ser mujer?

Es lo mismo que tener una red mohosa debajo del culo que te protege, siempre relativamente, en caso de que lo eches todo a perder. Y eso amigas, es dominio única y exclusivamente nuestro!

*Nota: Post reeditado con negrita por consejo y en honor a Patril.

Como no me leas te cap0

Y hasta aquí hemos llegado. Nada más que añadir, señoría.

 

A lo mejor es desproporcionado para un café, diréis, pero es que el receptor es un ser de talentos desproporcionados igualmente.

Un Po’ porno

Me he reído tanto que necesito difundirlo. Ójala Stefano versionara este videaco:

Sublime, ¿que no?:

Tu sei cattivo con me
perché ti svegli alle tre
per guardare quei film
un po’ porno

Tu sei cattivo con me
perché mi guardi come se
io fossi un’attrice
porno

Porno Pop Porno Pop Porno
Pop Porno Porno Porno

Tu sei cattivo con me
perché ti piace sognare
quei tipi di donna
un po’ porno

Tu sei cattivo con me
perché mi lasci da sola
e ti guardi quei film
un po’ porno

Porno Pop Porno Pop Porno
Pop Porno Porno Porno

Ma quando viene sera
tu mi parli d’amore
e guardandomi negli occhi
mi fai sentire davvero
una donna un po’ porno

La realidad imitando a mi ficción

p1011102

 

 

 

 

 

 

 

Pobre Chihuaca…

JUST LIKE A WOMAN

“No ha aguantado la energía”

Siempre que me gustaba un chico guapo y éste se ponía a tiro – esto es, me pedía que le recomendase una película o que le metiese hacia adentro la etiqueta de la camiseta-, automáticamente, me convertía en Barbra Streisand. Me refiero a “por dentro”, no es que me diese narizazos contra un muro rollo nany killer con el síndrome premenstrual. De repente tenía la sensación de que sólo estaba allí, con aquel guaperas tomando café, porque me usaba para robarme frases ingeniosas y ligarse a una tía más buena, así es que sin más me convertía a mí pesar en una especie de bufoncilla entrañable capaz de comunicarse por eructos si era necesario para entretener/retener al chico en cuestión durante el mayor tiempo posible. Muchos pensaréis que Barbra no define el rol de salá, pero seréis esos que han sudado de Qué me pasa, doctor? y, en consecuencia, no tenéis voz ni voto para criticarla…

Cuando la cita acababa el chico sonreía y me pedía otra para el día siguiente. La presión mental era casi dolorosa. Sufría migrañas chistosas. Cada fin de semana tres funciones distintas para un solo espectador. Al final, por agotamiento, el tío se enamoraba de mí y por fin podía rebajar el nivel intelectual y quedarnos en casa a ver una peli de los Monty Python y que hicieran ellos las gracias por mí. Como el humor es afrodisíaco, yo me limitaba a allanar el terreno un mes y luego La vida de Brian me conseguía el coito final y Woody, la gloria. Al cabo de un año – como mucho – la relación había terminado. Porque claro… una no puede mantener el mismo nivel siempre y menos sin cobrar un duro. Y cobrar por entretener a un novio… en fin, quizás sea una idea excesivamente transgresora para nuestros tiempos.

pobrina…no se lo cree ni ella

Luego estaban los listos y divertidos. Igual que sucede con las corrientes artísticas o estéticas, yo alternaba mis líos con guaperas normaletes con mis affairs apasionados de mano de horrendos comicastros. Si bien la primera opción acababa dejándome seca, totalmente vampirizada y con el aspecto de un tubo de pasta dentífrica en manos de una familia numerosa; la segunda llevaba consigo unas consecuencias aún más devastadoras que la anterior. Aquella resplandeciente Barbra que me hacía de apuntadora desde mi fuero interno se pegaba un tiro por intimidación delante del feo ingenioso. Todos los recursos que fluían a borbotones cuando el buenorro siquiera ofrecía un leve bailoteo pestañil de curiosidad, me abandonaban cuando el listillo desplegaba sus armas de insultante locuacidad ante mí. De pronto me crecían las tetas y me sentía más chica que nunca en todo el día. Cualquier broma era replicada con un exhabrupto por mi parte. La brillantez ajena me ponía violenta o me dejaba muda y con los dientes recastañeantes. El encuentro, en estos casos, desemboca en una incomprensible – para mí – y atosigante – para ambos – tensión sexual no resuelta.

En cuanto a dicha resolución si tenía lugar lo hacía al cabo de varios meses – o años – o era despachada con un casi pubertoso beso a la puerta de mi casa. Todo perfectamente puritanesco, como si de una sit com mi vida se tratase.

es más femenino mirar aviesamente

Con el paso de los años he aprendido que no tengo un tipo de hombre. Soy completamente incapaz de reaccionar adeacuadamente a los estímulos y los invierto. Cuando he de ser comedida me paso de lista y cuando debo atacar directamente, sencillamente me paralizo. Es por ello que he ideado un nuevo sistema de conquistas. La próxima vez que me ligue a un guaperas le pediré a alguien que grabe nuestra conversación para poder proyectársela al siguiente bufón. Lo haría a la inversa, pero ¿para qué? no pienso tener hijos con un guaperas, ¿quién quiere pasar el resto de su vida bostezando?

En fin… kiss kiss, bang bang para todos.

*Nota: Este post ha sido interrumpido en numerosas ocasiones, sino juro que podría haber adjuntado una conclusión. Ya ni sé lo que quería decir… Me imagino que sólo lo empecé para ofender en masa a todos mis exnovios. Pero ya sabréis que me lo invento todo, ¿verdad?

“Hazle más patético”

Tengo problemas para relacionarme con la ficción. No se me dan del todo mal las personas; unos me odian, otros me aman y otros me tachan. Como le pasa a la mayoría de los mortales relativamente libres. Pero los personajes, en concreto los paridos por mí, ya son otra historia – la historia que a mí me de la gana pero otra, paradójicamente ajena a mí, en cualquier caso -. Llevo varios meses con dos en concreto. Una chica y un chico. La novedad, mi transgresora aportación a la comedia romántica, es que ella le ha de encontrar a él y no a la inversa.

Tenía a una chica segura de sí misma, prepotente, insensible, cínica y con problemas de vello sobrante. Y tenía a un chico. Éste poseía multitud de características en su nacimiento como personaje. Estaba perfectamente definido y a todos nos caía bien. Hice una reunión masónica con mis amigos imaginarios, mis escritores favoritos y mis directores de cine predilectos y nadie parecía sentir recelo alguno. Sólo me quedaba encontrar el modo en el que ella también sintiese inclinación hacia el simpático mozo. A mitad de la historia me di cuenta de que el personaje masculino era demasiado majo y demasiado feo para atraer pasivamente a una chica segura de sí misma, prepotente, insensible, cínica y con problemas de vello sobrante. Ella era una bruja insoportable y él un bendito fetil; el escenario propicio para el enamoramiento tendría que haber sido una isla desierta, o un mundo súbitamente apocalíptico en el que sólo quedaran ambos recorriendo juntos los supermercados de las grandes superficies abandonadas, poniéndose ciegos de congelados y fornicando en cada una de las camas de los Ikeas del planeta por toda la eternidad.

No me gustaba la idea de convertir mi historia de amor urbanita en una pastiche de ciencia-ficción malilla y torpe. Tampoco quería que mi velluda favorita fuese más amable. Y él, bueno, él era demasiado majo, inverosimilmente encantador; demasiado, demasiado encantador. Pero no había forma; a mi bruja le caía mal mi santurrón y éste a su vez sudaba por completo de la primera. Esta mañana encontré la solución: “Hazle más patético”, dijo mi profe con contundencia. Derepente todo estaba claro; se presentaron ante mí, como en una rueda de reconocimiento, algunos de los tíos más tristes con los que he tenido alguna historia más o menos intensa en mi vida. Todos componiendo el tipo de chico que te gusta en algún momento y no sabes muy bien por qué; ni guapos, ni divertidos, ni especialmente inteligentes, ni apasionados, ni siquiera mínimamente cultos, nada de nada, un sáhara de lo estimulante. Pero en algún breve momento de autoadoración has pensado: “Yo a este le saco partido como hay Dios; que lo hay y es chica”. Luego el romance se desvanece y practicamente ninguno de los dos se lleva el gato al agua, no has aprendido nada y te sientes como una O.N.G que tiene tan poca capacidad de organización y convocatoria que sólo ha podido repartir bocatas una noche a varias docenas de vagabundos y luego tiene que cerrar. Pero al final el pringao haciéndoselo de penitas ha conseguido mojar.

Pues bien, mi feo con encanto se ha convertido en un bajuno, enclenque y lamentable pajillero para poder conmover y por consiguiente atraer a la chica. Quizás explicado así os parezca contradictorio, incluso absurdo e insostenible, lo sé; pero… ya me diréis cuando os la descarguéis de cinetube.

Ja! Mi vo acé mishonaria.