“Tenemos el ojete saturado”

(Eslogan de una pancarta de Plaza Catalunya exhibida a lo largo de la madrugada del día de reflexión de las elecciones autonómicas y municipales españolas, el 22 de Mayo de 2011)


Yo nací en 1983, a estas alturas de la vida creo que todos los miembros de mi generación y los de las inmediatamente anteriores y posteriores, al menos, ya deberíamos saber de manera meridiana tres cosas fundamentales:

La primera es que si eres un mafioso o un alto ejecutivo ficticio y quieres que cuiden de tu chica para que no te la robe nadie, sabes que en cuanto encomiendes la misión a cualquier pringado ajeno al clan será ese mismo el que pasados 90 minutos te la robe ante tu estúpida geta de estupefacción.

La segunda es que si eres Jessica Fletcher no te andes con rodeos ni parafernalias, el asesino siempre es el que te contrató.

Y la tercera, y no menos importante ni menos obvia es que, una semana de Re-Evolución en todas las plazas del país no iba a evitar que uno de los partidos principales del disfuncional sistema bipartidista arrasase en estas elecciones.

Ahora bien, las tres premisas se corresponden con tres conclusiones bien claras, también:

–          Verás, Bill Murray, quizás si te llevas a tu viaje de negocios sucios a Uma Thurman a que conozca Nápoles y la invitas a cenar a sitios guapos donde pongan los mejores fetuccini de toda Sicilia, ella se sentirá cuidada y pasará totalmente de Robert de Niro, que al fin y al cabo es un soso y sólo hace el amor en la posición del misionero ralentizado.

–          Jessica… Cobra por adelantado, mujer, que siempre te la meten doblada esos psicópatas ricachones y piensa que, que yo sepa, las novelistas sesentonas que resuelven crímenes son autónomas y tú ya estás demasiado talludita para no abrir un fondo de pensiones. Que entre los “simpas” y los best sellers de misterio a un euro, no tienes ni para el Flexoben.

–          En cuanto a ti, ciudadano con derecho a voto en España que tiene ampollas en el culo que reafirman su creencia en un sistema mejor o más perfecto, no me resoples y me vengas con lo de “joder… el PP, qué vergüenza, yo me apeo” y quédate ahí, sigue dándole a la cazuela a lo loco, grita, agítate, patalea, exige, suda y come garbanzos hasta que por fin alguien te pueda asegurar la bolsa, la vida, la chica y el futuro presupuesto para los medicamentos contra los dolores reumáticos. Ni Zamora se ganó en una hora, ni viendo Tele 5 en una butaca orejera y resoplando por lo mal que va el mundo y la de imbéciles que salen por la tele.

Por qué no actualizo

Llevo los últimos dos meses torrándome al sol por el día y vendiendo tarjetas de crédito al ponerse el sol. Un torbellino de emociones, sí, pero no es suficiente para justificar mi abandono temporal de la literatura activa.

La razón de que no actualice es de peso; 20 kgs exactamente de carne, hueso y… pelo:

Así es, a mí que nunca me gustaron ni los perros ni los rastafari; aquí me tenéis rendida ante los más pequeños y costumbristas placeres de la vida. Feliz y eso que el café sólo llevaba un chorrito de Bailey’s.

¡Que viene el lobo!

INT. DORMITORIO DE MISS PROZAC. NOCHE

Di Nabo, tumbado, con el dorso de la mano derecha apoyado sobre la frente resopla largamente sobre la cama de una seminconsciente Miss Prozac, que más que dormida parece estar cocinándose en su propio sudor corporal. D.N. acaricia con ternura la mojada espalda de M.P:

DI NABO

Aquí no se puede vivir sin

aire acondicionado.

MISS PROZAC

Tampoco se puede vivir sin ti;

y no quedará otro remedio.

DI NABO

Uy, uy… señorita Prozac ¿no se estará

usted enamorando?

MISS PROZAC

No tengo ni la más remota idea.

Creo que no, pero el lunes por la

mañana, cuando no esté aquí ya

para preguntármelo señor Di

Nabo, será definitivamente terminal.

Y el lunes a las 8:25 horas de la mañana la señorita Prozac dio una vuelta sobre sí misma en la cama, esta vez la mitad de vacía, mientras la voz monocorde y robotizada de una mujer rezaba sin parar “Es hora de levantarse: son las ocho horas… vein te mi nu tos.”

P.D: No, no, no será una aventura, una aventura…

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Como no me leas te cap0

Y hasta aquí hemos llegado. Nada más que añadir, señoría.

 

A lo mejor es desproporcionado para un café, diréis, pero es que el receptor es un ser de talentos desproporcionados igualmente.

Erizar

Hay muy pocas cosas que me pongan la piel de gallina, en serio. Ayer fue el cumpleaños de un amigo al que hace años que no veo y me acorde de una.
Se llama Vladimir Visotsky; me pasé años escuchando canciones suyas sin conocer la traducción de las letras. Pero no hace falta aprender ruso para entender esto:

Todos los pelillos de punta.

Along the cliffside, above the abyss,

along the very, very edge,

I am whipping my horses up into a frenzy;

but it seems I’m running out of air,

I want oxygen; I drink the wind, I gulp the fog;

 I can feel myself perishing in a mortifying rapture…. :

Horses, slow down just a bit, slow down a bit;

 pay no heed to the tightly.

But the horses I have are like no others

I am running out of life. I am out of tine,

I won’t have the chance to finish my song…

I will water my horses, I will finish my refrain,

I will linger for a moment on the very, very edge…

We made it just in time: no one ever shows up late

when God summons a guest;

but the angels seem to be singing in such irritated voices

or is that the harness bell that is chiming its heart out?

Mi héroe, Capítulo IV

Iba en uno de esos tediosos viajes en tren – tediosos digo, antes de conocer la pesadez gangrenante cerebril del León-Barcelona actual – hacia Madrid con La insoportable levedad del ser entre mis manos. Había impreso nuestra foto con cara de monguers como marcapáginas; yo fraggle pleno, tú empanado feliz. Creo que entonces estaba completamente enamorada de ti. Es normal, ¿quién no se ha enamorado de ti alguna vez? Pensaba mientras leía a Kundera y su descripción de Sabina – el que considero personaje femenino más digno de la literatura unversal, de la mía, al menos- con el trenecillo agitándome el pecho y las palabras del checo grabándose en mi inexperta alma para siempre …pensaba:

“El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro. “

 …pensaba que aquello debía ser lo más cerca que puede estar uno de la felicidad. Cuando te gusta más el borrador que lo que será la obra que nunca llegaremos a estrenar. Te había conocido y en sólo unos pocos meses te habías convertido en mi mejor amigo. Tenía la impresión entonces que Kundera escribía sobre nosotros, que lo había hecho antes incluso de que tú y yo fueramos un proyecto de persona, antes de que tus padres y los míos – por sus respectivas cuentas, obviamente – se plantaran el primer beso húmedo. Por fin me sentía protegida y completa, te había encontrado y ya nunca me faltaría con quien contar.

Es imposible escribir sobre la felicidad, bob, sin caer en el caramelo. Aún garrapiñados, aún ausentes del resto en cualquier fiesta, aún escribiendo coitos en un mantel de papel, aún viendo amanecer con tu discromatopsia, aún llorando, aún riendo, aún escalando pequeñas montañas, aún soñando de la mano, aún engullendo burritos del infierno, aún tirándonos juntos de cabeza, aún siendo aborrecidos por cualquiera por tanto derroche de nosotros… Da igual, porque mis palabras jamás se acercarán a describir ni una ínfima parte de la tranquilidad y la plenitud que me llenan, que lo invaden todo, cuando sé que estás aquí, frente a cualquier barrera geográfica, temporal o circunstancial, tú siempre estás aquí, conmigo. Yo siempre estoy allí, donde tú estás.

Y como me da por el culo tanto azúcar, adjunto una foto nuestra, poco favorecidos, como siempre, y presumiblemente groguis:

Y en palabras de un niño pelirrojo de los años ochenta mejor amigo del prota…: “Tú eres mi mejor amigo. ¿hay algo más importante que eso?”

Te quiero, foca. 🙂

Encima tiene talento, el muy bastardo: http://www.flickr.com/photos/tolaputaviaigual/

Mis héroes, Capítulo III: Woody

El 8 de febrero cumplo 26 años y creo que debería cortarme el pelo y dejar de parecer una folclórica. Pero no hablemos de mí y mi peculiar estilo estético. Hablemos de él.

La evolución de mi relación con Woody Allen no ha sido muy dramática en quince años – incluso a pesar de que muriese él hace seis y ahora hayan puesto ese señuelo como cadáver embalsamado y sostenido con un palo con el fin de pasearle por las ruedas de prensa y poder seguir utilizando su nombre como mera marca engañosa en los títulos de crédito -. Cuando mi hermana me lo descubrió de niña mi opinión era que todas sus películas eran una tremendamente larga y naranja partida en docenas de pedacitos y dominada por actores feos y gente torpe y tartamudeante que sólo sabe hablar de si mísma.

Ahora pienso exactamente igual – al menos hasta Desmontando a Harry – sólo que ese concepto me seduce. Y el cine anaranjada de Woody me acompaña permanentemente, se ha instalado en mis recuerdos filtrándole como si fueran propios. El fanatismo tiene varios grados de locura, pero en mi caso soy demasiado vaga como para obsesionarme tanto. Al final he visto todas sus películas menos Zelig – quiero dejarme una para cuando por fin nos confirmen que ha muerto oficialmente – pero a lo largo de un puñado de años, dosificándole al máximo. No puedo ver varias películas de él seguidas porque acabaría siendo poseída por unas ganas terribles de retroceder en el tiempo y pretender ir contra las leyes físicas es un error insalvable que podría traer consecuencias nefastas.

Bien, yo lloro siempre con esto:

Yo siempre he sido un poco Annie; así me bautizó aquel muchacho tan divertido… ¿que habrá sido de él? (esto es retórica, no te manifiestes cual Candyman cuando diga “Woody” por tercera vez).