Las fantasías que tenéis con vuestras exparejas

Uno de mis momentos favoritos de Closer –película que amo y aborrezco a la vez dependiendo de la etapa de ciclo hormonal en que la vea- es cuando Clive Owen y Jude Law hacen cibersexo casual. El segundo le pregunta al primero cuál es su fantasía sexual recurrente, y Clive, que interpreta a un dermatólogo brutote, salido y, sobre todo, muy honesto, responde: “Exnovias”. Nada de vigilantes de la playa, bibliotecarias o compañeras de oficina. Tampoco la clásica camarera del bar al que soléis ir por inercia supuesta o la monitora de aerobic del gimnasio, ¡ni siquiera la novia de tu mejor amigo! No, no, Clive es sincero y dice que se pajea pensando en gente que le rompió el corazón.

sex-ex-fantasy

El despecho, gracias a las cada vez más variadas y asquerosas neurosis del hombre moderno, se ha reciclado en reclamo erótico.

Como no conozco a todo el mundo, mi análisis sobre la psicología humana basa su principal argumento en los personajes de las películas proyectados como metáforas de las anécdotas que me han contado mis amigos a lo largo de los últimos cinco lustros después de invitarles, entonces creían ellos desinteresadamente, a una botella de vino. Así, en Manhattan, cuando Woody Allen está saliendo con Mariel Hemingway, una preciosa adolescente de diecisiete años con la voz de la versión Disney de Farinelli il Castrato, no puede evitar abandonarla por Diane Keaton, la pedante  y treintañera amante ilícita de su amigo de toda la vida para, poco tiempo después, darse cuenta de que realmente le gustaba la menor. Igual que nos ha pasado a todos, vamos.

El dicho popular: “No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” combinado con la triste verdad absoluta de que los amores más intensos suelen ser los no correspondidos, podrían ser el germen de esta clara tendencia a la nostalgia sexual. Porque en la distancia todo parece mejor de lo que era, incluso el Tang.

Tang

de aquellos polvos vinieron estos lodos

Hace una década, cuando aún quedábamos con la gente llamándoles al teléfono fijo de su casa, era mucho más sencillo pasar página. La fantasía no podía alimentarse más que con el encuentro accidental de un álbum de fotos antiguo y tangible. Entonces podías sostener aquella polaroid que os hicisteis en Paris, la podías manosear un rato, abrazar y llorar con ella contra tu pecho si estabas muy jodido o comenzar a olerla y besarla compulsivamente si realmente necesitabas medicación. Pero eso era todo, un breve conato de locura que se esfumaba en el aire cuando quedabas con otra persona, te llegaba un recibo de luz inesperado o tu madre se reía de ti. Lo que antes era  una caja de zapatos llena de cartas, entradas de cine o conciertos, postales, algún vaso de chupito robado, horribles pulseras hechas a mano, el envase del primer preservativo y algunas fotos de carnet humillantes, ahora es facebook. El pasado no está pudriéndose en un rincón oscuro del armario de tu dormitorio en casa de tus padres o, mejor, si ellos te quieren excesivamente y por tanto no te respetan en absoluto: perdida en ese trastero repletito de basura, polvo y clips al que nunca has subido y nunca subirás. El pasado está en el margen derecho de la página de inicio de facebook como sugerencia de amistad.

“Puede que conozcas a esta persona; tenéis cuarenta y ocho amigos en común”. Facebook se regodea al clásico estilo Gila y el “Alguien ha matado a alguieeeen…” se ha convertido en un “Alguien se ha follado a alguien durante años, luego le ha arruinado la vida y ahora cuelga fotos de la ecografía en 3D de su fetoooo”.

fetos con volumen

Estamos muy emocionados, pero no volveremos a comer botillo hasta después del parto

Esto tiene dos vertientes posibles que incluso se pueden dar paralelamente: la primera es que el hecho de ser tan constantemente partícipes a nuestro pesar voluntario o no, de la vida de quien ya hace mucho que no está en la nuestra, hace que las rupturas se superen antes. Esa grata sensación de alivio después del pequeño infarto de ver la foto de la pasada pareja con traje de novia sosteniendo la mano de algún “pobre hombre”, marca el punto y aparte del capítulo emocional. Nadie se vuelve a enamorar de su exmujer con un panorama así. Por el otro lado, está el hecho de que veas más  a menudo la cara del ex, traducida a partir de millones de píxeles, que la tuya propia en el espejo si no eres muy coqueto. Y, por ende, tu pasado se convierte inevitablemente en presente. Al ser presente se clava ahí dentro, la sonrisa odiosa de quien mandaste a paseo se tatúa irremediablemente sobre tu masa gris y quieras o no, en algún momento todos esos ceros y unos archivados ahí arriba, harán que tu subconsciente te la juegue de manera muy cochina para que acabes gritando: “¡¡Silviaa!!” cuando debajo tienes a Elena.

No queréis hacerlo, pero fantaseáis con vuestros ex. No estáis enamorados ya, es probable que ni siquiera os caigan bien y que cuando recordáis algunas secuencias memorables de la relación se os cree un nudo estomacal de vergüenza ajena, pero siguen estando ahí, igual que la carpeta de porno del disco duro que comprasteis en 2005 y que milagrosamente aún va. No os apetece, es rancio, previsible y triste, pero, es familiar. Y la sensación de familiaridad, el lugar común, nos hace a todos sentir seguros y tranquilos sin ninguna clase de esfuerzo más allá del que necesitamos para suspirar.

my super ex

Familiaridad

Desde aquí rompo una lanza en favor de todos aquellos y aquellas que alguna vez han llamado a su pareja por el nombre de la anterior. De verdad, no es culpa de ellos, esas cosas son tan inevitables como los deja-vú o los tornados.

Peor es lo de Johnny Depp que siempre se enrolla con tías semi-clónicas; eso sí que es traición consecutiva compulsiva. Lo de fantasear con el pasado es, lo que la gente sin escrúpulos como yo, solemos denominar con muchísima dignidad y petulancia: “Lealtad a uno mismo.” Eso sí, como alguna vez me llamen Silvia siendo yo Elena, ya le pueden dar por el culo al torpe idiota de los huevos.

Venga, ¡Besos!

 

Ponerle ojitos tiernos a tu propio clon o incluso zumbártelo*

*Esta entrada contiene una elevada cantidad de spoiler a lo loco.

Anoche vi de nuevo La isla (2005), una película de ciencia ficción que relata la historia de un escocés flipado y una rubia pechugona que descubren que son clones de millonarios, meros recipientes de futuros órganos a donar. Y, les parece muy mal todo. Pero mal atónico, mal de que dices “hostia, en serio soy un clon? ¡pero si mi abuela me daba bizcochos!” y Steve Buscemi te contesta: “es el mismo implante de memoria infantil que tenían todos, nena” y tú dices “Ah, bueno, si protagonizo anuncios de Calvin Klein lo de la abuela es superfluo. ¡Guala! ¿Qué es eso? ¿Una serpiente?”. No me entendáis mal, a mí La Isla me parece relativamente entretenida, pero hace aguas por todas partes y el personaje de Scarlett Johansson es tremendamente ovino pero, claro, ¿qué le puedes pedir a un clon?

Y  aquí está la cuestión: ¿qué le puedes pedir a un clon? O mejor ¿Qué le pedirías tú a un clon? Mi momento favorito de la cinta se produce cuando Ewan Mcgregor se encuentra consigo mismo y descubre que su yo original es bastante gilipollicas, diseña barcos y es potencialmente hepatítico por, según dice, su agitada vida sexual en el pasado; vaya, es un fantasma el tío. Charlan animadamente, Ewan clon cree que Ewan’s original le ayudará a descubrir el pastelón de la fábrica ilegal de seres humanos – te acaba de conocer y ya te mete en un marrón- y al cabo de un cuarto de hora el original está apuntando al clon con un revolver yendo en el coche a 250 por hora. Hay gente que no sabe amenizar una velada sin jugar a la ruleta rusa 2.0.

Amenazar de muerte a tu propio clon, no hombre no, eso no son maneras. Bueno, yo entiendo que todo es razón de contexto, si llama a mi puerta una tía exacta a mí y me dice: “oye, mira, que al final lo de darte mi hígado no puede ser, pero si te hace puedes participar conmigo en una trama conspiratoria que pondrá en peligro la vida de ambas.” Yo, si mi soplo al corazón no cede a la tensión y me mata antes, me echo de casa de una patada en mi lindo trasero, y ni un café me preparo. Pero, ¿qué pasa si te llega tu clon y es como tú pero mejorado? Y no digo mejorado de hacerte coger complejo de inferioridad – sentir envidia de uno mismo; Freud se lo pasaría en grande con esto -, si no mejorado de decir: “vaya ¡pero si soy un bombón”. Os ponéis a conversar y tenéis los mismos gustos e inquietudes, realizáis razonamientos elaborados idénticos sobre vuestro estado de ánimo, vuestras aspiraciones y emociones y acabáis las dos eufóricas por la conexión y química existente entre tú y tu duplicado y, en consecuencia, por instinto y por la pauta social que se ha arraigado en tu conducta a lo largo de la vida, no puedes evitar empezar a tontear. Todo fluye de maravilla, hay una empatía absoluta y te gustas mucho. Llega entonces el momento de tocarle la cara a tu clon a ver qué se siente y porque la situación te lo pide a gritos (esto es muy “Consejo Cosmopolitan”). Acto seguido esgrimes una sonrisa boba y un comentario que con cualquiera que no fueras tú misma haría que te sintieras avergonzada: “Mmmmhhh… qué suave”.

¿No parece de una evidencia meridiana que acabarían enrolladas esas dos pavas? Es muy “Annäis-Annäis de Cacharel” todo esto.


Así que tumbada en la cama, mientras le pegan un tiro a Ewan Macgregor hepatítico, promiscuo y original; yo sentí pena por el fin de un romance que nunca se gestó. De tal modo que no pude evitar decir en voz alta: “Pues yo me lo haría con mi clon a ver qué se siente.” Hubo un largo silencio reflexivo y a continuación un: “Sí, sí, menudo morbazo.”

Puede que esto roce el narcisismo patológico pero sólo es cuestión de analizar el concepto.  Todos nos pasamos la vida pensando que tenemos sentido del humor, buen gusto, que besamos bien y que practicamos un sexo oral de primera. Como la autocrítica es un tema dificilísimo y, por el contrario, ponerse de acuerdo con alguien que literalmente “has encontrado en la calle” es prácticamente imposible, ¿no sería el nirvana de las relaciones pillarte una casita de campo a pachas con tu doble exacto y pasar la vida en una balsa de aceite sin discusiones y con un sexo simétricamente preciso? Nunca tener que decir “no, ahí no, ahí, ahí, ¡ahí!”, porque no hace falta.

Después de estoy tengo la absoluta certeza de que si existe una dimensión postvital tras la muerte y sirve de algo haberse portado más o menos bien en la estancia en la tierra, el paraíso debe ser algo así. Tú y tu alma gemela (gemelísima) flotando en la estratosfera en un sesenta y nueva eterno.

Actriz oscarizada, actriz cagada

No sé qué me ha pasado este fin de semana con José Coronado, pero por fuerza ha de ser la clave para haberme acordado luego de Natalie Portman y las mierdas que está haciendo así porque sí. Estaba viendo La vida mancha y pensando “madre mía Coronado, madre mía, esta noche vas a hacer un cameíto en mi intensa vida onírica, sí señor, sí, eso sí que son entradas sexys, sí, válgame!” y acto seguido me comuniqué a mí misma la posibilidad de que en otro punto del planeta un chico canadiense de 28 años estuviese tirado en la cama viendo Mamma mia y pensando: “mother of mine, Meryl Streep, mother of mine, tonight you are going to make a Little cameo in my intense oniric life, yes sir, yeah, these are a really sexy moves of hips, yeah!,  “worth me”!”. Idea que se desvaneció instantáneamente ante la pasmosa evidencia de que si un tío de veintitantos está viendo Mamma mia, solo en su habitación, posiblemente no le guste Meryl Streep ni nada que tenga vagina. Así que me quedé con la idea de Meryl rechazada por un homosexual y luego, con la más simple, Meryl rechazada porque esta mayor. Después me vi Anita no pierde el tren que aunaba mujer madura enamorada y relativamente estupenda y mi primera sensación del día: “Coronado, sí, por favor”.

Más tarde estudié la idea de las actrices de más de cincuenta que aún tienen rollo y evolucioné hacia la de que no es la edad avanzada lo que las hace perder fuelle. Vi el tráiler de Amor y otras cosas imposibles (cágate) y recordé aquel minirepor del telediario donde afirmaban que todas las actrices oscarizadas de los últimos años habían sido posterior e inmediatamente rechazadas por su pareja. El poder y el éxito han hecho tanto daño al atractivo de las mujeres como los anuncios de higiene íntima para pérdidas de orina y los laxantes o productos contra la flatulencia, cuyos spots siempre están protagonizados por tías. Se nos acusa de tener gases y de triunfar en la vida, no hay manera de tenerles contentos, no. Continuando con el tema – siempre sin abandonar a Coronado subliminalmente; pasarán décadas antes de olvidar el Activia – me descargué las filmografías de las últimas diez féminas galardonadas:

Marion Cotillard justo después de interpretar a Edith Piaff participó en esa meadilla en clave de fa sobre la tumba de Fellini que es Nine. Una mierda bastante grande llena de bombillicas de muchos vatios que hace parecer indigno al mismísimo Daniel Day Lewis. Sandra Bullock, tampoco defraudó a nadie, llevaba toda su carrera haciendo mamonadas, así que resulta altamente coherente que recogiese el Razzie a la peor actriz del año unos días antes del Oscar del 2010 por la pesada y conservadora The blind side; luego ha seguido con sus comedietas de demasiado eterna treintañera. Helen Mirren, la reina, incapaz de renunciar a su imagen de sex symbol mega-talludita hizo junto a Joe Pecsi, Love Ranch de la cual se dijo: “Si una película sobre la prostitución puede ser considerada antierótica, entonces ‘Love Ranch’ lo es”.  Reese Witherspoon se lleva la palma de insultantes pastelones sin puto sentido:  Ojala fuera cierto, Como en casa en ningún sitio o la más reciente y deplorable: ¿Cómo sabes si…? En su caso da la impresión de que ya sólo pensase en los libros de historia del cine del futuro en los cuales figurará en buen lugar; sea como sea, sus nietos nunca dirán “Abuelita y tú por qué hacías tanta basura de joven? Tampoco necesitábamos una mansión para el perro, ¿sabes?”. Hilary Swank debía sentir nostalgia de los tiempos del Nuevo karate kid y después de dejarse el cuello con Clint Eastwood para ganar la segunda estatuilla la cagó con Postdata: te quierouna peli que es caca pero ni yo denostaría una semana antes de la regla – y el bodrio tedioso terrorífico La cosecha. Reconozco que Charlize Theron, oscarizada en 2003, ha hecho cosas respetables desde entonces… sino fuera por ese larguísimo anuncio futurista de Loreal titulado Aeon Flux. Nicole Kidman, ¿qué os puedo decir? Ya sabéis que la odio con toda la fuerza de mi alma, pero siendo objetivos y dejando eso a un lado, lo cierto es que ya hace años que Nicole fue reemplazada por un ciborg en fase beta y aún no han acabado de encontrar el modo de crear en él más registros faciales que el de “mohín sensual” y/o “mirada de loca”.

Ahora Natalie ha hecho una peli con Ashton Kutcher, ese hombre que haría auténtica carrera como chico de calendario si hubiese un gremio más amplio de camioneras en el mundo, una comedia romántica-tóntica: Sin compromiso. Además de la peli con niño y con Lisa Kudrow. Esto prueba que las compensaciones kármicas existen y nadie, ni siquiera la niña de Beautiful girls pueden escapar de ellas.

Ah, se me olvidaba Kate Winslet. Qué despiste, ¿no? ¡Pues claro que no! Kate es irreprochable, no ha hecho absolutamente una sola cagada en toda su filmografía y, de hecho, sólo por ella deberían crear una nueva categoría en la ceremonia, algo así como The Beatificator Oscar for a life dedicated to the pluscuamperfection. Te amo Kate Winslet y siempre lo haré.

La conclusión final de todo esto no es ninguna, como siempre, o son todas, como siempre. Yo diría, porque si no esto va a quedar flagrantemente cojo, que a no ser que seas Kate Winslet, si algún día te dan el Oscar, ve a la ceremonia, recógelo y acto seguido desaparece del mercado, bórrate, o como a los modernos les gustará decir: Salingerízate*. Es la única opción.

*Salingerízate.

Porque él nunca habría hecho un anuncio de yogur para cagar bien.

Dónde pago, cago.

No sé si echariáis de menos a Di Nabo Descomunale, antaño leit motiv ocasional de mis entradas. Yo ya no.  Si él y la señorita Prozac volviesen a verse dentro de unos años el reencuentro no sería especialmente dulce.

Y es por esto que yo creo que cuando has tenido a alguien dentro de ti metafórica y literalmente hablando,  luego no puedes coleguear de buen rollo como si te cayese bien. No seamos tan “zens” y dejemos de hablar con nuestros ex; es ley de vida.


SEC. 34. INT. SALA DE ESTAR DE MISS PROZAC. MADRUGADA.

Hay dos sofás de dos plazas cada uno, Miss Prozac (29 años) en uno de ellos, se lía un cigarrillo de vainilla vestida con un camisón corto y una bata de raso negra, sus gestos y su lenguaje corporal parecen indicar que está sola, pero no es así; Di Nabo (26 años) está sentado en el sofá contiguo, impecablemente vestido y abierto de piernas no tan impecablemente la mira serio y con suficiencia, masajeándose la sien izquierda con los dedos índice y corazón de la mano correspondiente.

DI NABO

¿Y qué pasó?¿ Te enamoraste y te olvidaste

de mí?

MISS PROZAC

Tú te crees que la génesis de todo en esta

vida está en tu santo ombligo italiano, ¿no?

primero me olvidé de ti, pasó un tiempo hasta

que ya casi no podía recordar ni tu cara, y

después, me enamoré. There is not consecuential

relation, my friend. (le da una rápida pasada

de saliva al cigarrillo con la punta de la

lengua terminándolo de liar)

DI NABO

Tengo que creérlo… (pausa) ¿Y qué tal…?

MISS PROZAC

¿Y qué tal qué? ¿El sexo, no? Qué infantil eres…

(pausa, da una calada larga) Pues de momento

no me escupe ni nada.

DI NABO

Qué aburrido…

MISS PROZAC

¿Quieres en serio que te explique hasta qué punto

resulta imposible contabilizar mis orgasmos?

DI NABO

¿Por qué? ¿No has tenido ninguno? Mi dispiace.

MISS PROZAC

(sonríe)

(pausa) Te diré que si juntase todos los estornudos

que he tenido y los comprimiese junto con las veces

que me he aguantado para hacer pis y cuando por

fin lo he hecho se ha descongestionado todo mi

cuerpo sintiendo una levitación e ingravidez casi

divinas sólo me acercaría… ¡un poco! al polvo

que echamos esta mañana.

DI NABO

(incómodo)

Eres una sádica de mierda.

MISS PROZAC

¡Pues no preguntes! Yo no lo he hecho.

Así me siento yo con un ex, suficientorra y como vestida de hombre

Así me siento yo con un ex, suficientorra y como vestida de hombre

DI NABO

Pero de haserlo, yo, que soy mucho más

elegante, te hubiese resposto que esa chica hace

gimnasia rítmica desde los ocho años.

MISS PROZAC

(soplándole a la cara)

Tópico y fallido, amico. Me es dificilísimo sentir

envidia de los desórdenes mentales y alimenticios

de tu novia gimnasta.

DI NABO

¿Crees que se podría medir cuál de los dos gana

en felicidad al otro?

MISS PROZAC

Abstenerse de competir en este caso es ya un premio.

DI NABO

(se pone de pie y pasea por el salón) ¡Bueno! Tú

sempre has sido más conformista que io, así que

estarás más satisfecha con menos.

MISS PROZAC

Yo no ambiciono menos, ambiciono cosas distintas.

DI NABO

Ambichionas cosas más fásiles de conseguir.

cualquiera puede tener un novio tirado, un trabajo

de merda y un blog pretencioso.

MISS PROZAC

Yo no tengo blog.

DI NABO

Yo tengo una inyeniería y una novia rica y escultural.

MISS PROZAC

Sólo te falta el psicoterapeuta y ya podréis salir

en una revista de muebles.

DI NABO

Reconócelo, soy mucho más afortunado que tú.

MISS PROZAC

Hace un minuto prácticamente has confesado

que no eras feliz, tío loco. No pienso admitir

ninguna amargura para tu regocijo de ser inmundo.

Me he reído más en los últimos meses que en toda

mi infancia y tú, sin embargo, tienes las mejillas

sustancialmente más flácidas que la última vez por

falta de gesticulación. Si querías exorcizar

tus frustraciones buscando caquita en mi vida

debiste quedar mejor con tu ex de la adolescencia

a la que sí dejarías lo suficientemente traumada

para que hoy día sea una yonki asesina bebés

con remordimientos.

DI NABO

Tú sigues enamorada de mí ¿eh?

MISS PROZAC

Oye, que la ira me ponga cachonda no tiene

nada que ver con el amor.

Miss Prozac se levanta y camina hacia otra habitación de la casa hasta salir de plano.

DI NABO

¿Adónde vas ahora?

MISS PROZAC

A masturbarme. Soy una mujer fiel.

Di Nabo sacude la cabeza y sonríe resignado.

Funde a naranja.

Derrame cerebral

No os ha gustado un carajo mi anterior post, eh? Ya lo sé, era flojo y deprimente. Pero ¿qué presión, no? Esto es peor que tener pareja. Como decía Woody en Sueños de un seductor: “Es imposible que mantenga el mismo nivel todo el tiempo, acabaría sufriendo una embolia”. Hoy he pensado en hablar de los encuentros fortuítos y de esas personas que conocemos en algún momento de la vida, sobre todo en la adolescencia y primera juventud y hacen que luego las películas de los Cohen no nos sorprendan tanto. Poder decir al ver Celda 211 “había un tío en mi barrio que era clavao.”

Cuando llegué a Barcelona soñaba con una suerte de vida bohemia plagada de amistades pintorescas e intercambios dialécticos enriquecedores. Me imaginaba pasando del Marsella al Pipa Club recorriendo a lo largo de toda la noche un análisis exhaustivo de los movimientos artísticos de la historia como alegoría de las variaciones anímicas del ser humano desde la infancia a la premuerte. Subidón, bajón, subidón, bajón, subidón, BAJÓN. Al final de la noche, alguno de mis amigos doblemente inquietos, por su espíritu multivocacional en un lado y su adicción a los psicotrópicos en otro – me ofrecería un poco de Lsd o el ácido que más de moda estuviese en esa estación del año – en primavera lo está petando la quetamina, la mescalina es más de inviernos introspectivos y solitarios – y yo me negaría no sin antes esgrimir un discurso sobre mi tolerancia hacia los drogadictos intelectuales – todo mentira, claro – y mi interés en esperar a los sesenta para empezar a freirme el cerebro y deshacer mis cartílagos – esto último dicho con una sonrisa muy amplia y un pestañeo repetitivo que evocase el más repelente a la par que oscuro candor.

Mis amigos, esos, los del Pipa Club y la absenta, no serían mis amigos realmente, al menos no esa clase de amigo al que le hablas de tus problemas y complejos y a veces le pides dinero para pagarte un aborto, no; serían amigos de los que lucen como complemento estético ante un futurible editor de tus novelas sobre la vacuidad del alma. Amigos que revisten tu imagen de un comercial tono outsider para que parezca que en efecto tienes contacto con el underground y has vivido experiencias intensísimas que han anestesiado por completo tu temor a la muerte y te han arropado con el manto de la incredulidad otorgándole a tus chistes un valor cuasi divino.

Año y medio llevo en Barcelona y he conocido a pocas personas interesantes que  además se desvían bastante del patrón soñado para darle peso a mis escritos. Se resumirían en un peter pan bisexual, una bloguera surrealista, un erasmus priapista y un hippie redimido. El caso es que hace unos meses que creo que no acabaré la novela sobre el corazón encallado porque he ignorado demasiado las drogas de diseño y he odiado demasiado intensamente a la gente que se compra harapos made in Adolfo Dominguez como para darle carisma a uno solo de mis poros. Pero… pero hace mes y medio paseando por las Ramblas un francés trompetista de pelo rubio y rizado que había debido de ganar la rifa de la americana y el pañuelo de Rimbaud, me acompañó pidiendo mi permiso  hasta la altura de Colón hablándome de su desordenada vida como músico callejero, más callejero que musical; luego se despidió dándome su número de teléfono (me pareció fraudulento que un tipo así tuviera movil) y haciendo una encantadora observación: “Bonitos calcetines”. Despertó a la snob que vive dentro de mí y no pude evitar durante todo el camino compartido imaginarnos juntos sentados en un café del Borne a él tocando la trompeta desafinada ante el horror y antipatía del resto de la terraza, y a mí mientras escribiendo frases célebres de Wilde desordenadas sintácticamente con rotulador permanente sobre la mesa. Algo así absurdo y cargante, pero que en una película de la Nouvelle vague quedaría quenipintao.

En fin, iba a quedar con él esta semana, de madrugada al salir de mi nada enrollado curro, pero mi espíritu de conservación se pasa el glamour por el forro de los testículos ante la probable perspectiva de morir empalada por instrumentos de viento. Creo que no compensaría demasiado el intento puesto que tras darle muchas vueltas he llegado al a conclusión de que resulta casi imposible fraguarse un círculo amistoso de pintorescos culturetas, con alma de poeta y aspecto de vagabundo con acceso a ducha semanal; no si yo no estoy tan colgada como ellos. Y aparte de eso, ¿es posible la amistad entre personas permanentemente colocadas? ¿No sería algo parecido a ir a ver películas en 3D siempre con la misma persona, hacer única y exclusivamente eso, ponerse juntos gafas de dos colores y un buen día, al cabo de treinta o cuarenta sesiones de fliparlo en compañía que os saquen de allí y os den una mesa, dos sillas y un nestea a cada uno a ver de qué cojones habláis en cuanto se os pase el mareo?

Chaplina dice NO a las drogas. Ya está bastante loca ella con un par de red bulls a la semana.:

Cómo conocí a vuestro padre. (pahilot)

EXT. TERRAZA DE CASA DE TEODORA. DÍA.

Tea y Marsala conversan bebiendo una cerveza de litro marca Xibeca sentadas en la mesa de una perfecta y antinaturalmente bien decorada terraza de la casa de la primera.

TEA

He vuelto a ver a mi primer amor

del instituto.

MARSALA

Oh, odiaba a aquel tipo, no pudo

tratarte peor. Era egocéntrico,

mezquino, intolerante y olía a rancio.

TEA

¡No olía a rancio!

MARSALA

Olía a bar de fritanga sin extracción

de humos mezclado con bolas de

naftalina. No olía a rancio; olía a

abuela tres semanas muerta.

TEA

Oye, estuve dos años saliendo con

ese tío  y aparte de su horrible

personalidad lo único malo que tenía

es que no sabía pronunciar la erre;

¡pero no olía a rancio!

MARSALA

Puedes seguir engañándote a ti misma

todo lo que quieras Tea, pero aquel

tipet parecía rociado por agua de

colonia séptica.

Entra Birna con una perfecto traje de ejecutiva sexy y se sienta junto a sus dos hippiolas amigas armada con una jarra de cerveza en la mano izquierda.

BIRNA

Chicas, en cuanto os despiojéis debemos

bajar al bar; he conocido a un equipo de futbol

americano que lleva varias semanas en

aislamiento; no nos queda mucho tiempo.

MARSALA

Yo no  puedo, he quedado aquí con Lolo

y Tea está flipada con su novio del instituto.

BIRNA

¿Quién? ¿Mofetín?

TEA

Oh, ¡basta! Tú y yo ni siquiera íbamos

juntas al instituto.

BIRNA

Lo sé, pero oí vuestra conversación

mientras fingía estar en el baño.

MARSALA

¿Finges que vas al baño y te quedas

espiándonos?

BIRNA

Sí, Marsala, a veces es necesario un

mutis a tiempo para recuperar

información y réplicas más elaborados.

MARSALA

Eres muuuy rara.

BIRNA

Por favor, tú vives con alguien que se

deja llamar Lolo; no te arriesgues tanto.

Mira Tea, la única razón  para acostarse

con alguien maloliente es que se trate de

un millonario tremendamente excéntrico

o que lleves semanas convaleciente y hayas

perdido el sentido del gusto y el olfato.

TEA

En primer lugar, Randal no huele mal.

BIRNA

¿Has dicho Randal? Ni siquiera necesito

oir más, acabo de perder mi libido.

TEA

Y en segundo, nunca me he acostado

con él.

MARSALA

¿Que no te has acostado con él? Por Dios

Tea, estuvistéis dos años juntos. Lolo

y yo sólo tardamos tres días.

TEA

Oye, no todos tenemos el apetito

sexual de un mono adolescente. Pero

creo que esta vez es un nuestro momento.

BIRNA

Por favor, Tea, soy tu mejor amiga…

TEA

Marsala es mi mejor amiga.

BIRNA

Soy tu mejor amiga y no permitiré que

te lo hagas con un pies negros. Te dejo

a los delanteros y el centrocampista, en

señal de afecto y agradecimiento.

MARSALA

Vaya, eres una auténtica furcia.

Entra Lolo acompañado de Rubén.

LOLO

Hola amor mío (besa tiernamente

la gorda cabeza de Marsala). Hola chicas,

este es Rubén, le conocí en el bar y le

animé a que se viniese a tomar algo.

BIRNA

(a Tea)

¿No te da la sensación de que Lolo al lado

de Marsala parece estar reducido a escala?

Ese Rubén está como un auténtico queso, eh?

Tea… (le da un golpecito) Tea, por favor, tienes

la boca llena de saliva.

Rubén se acerca a Tea con suficiencia y una sonrisa de medio lado y Tea le mira con desespero enfermizo.

RUBÉN

(ofreciéndole la mano)

¿Estás bien?

BIRNA

Se ha quedado exctatónica, el resultado

de fundir excitada con catatónica.

Tea le da la mano a Rubén y se la aprietan durante unos segundos ralentizadamente. Birna le da una palmada en la espalda a Tea para hacerla reaccionar y ésta escupe toda la saliva acumulada sobre los pantalones de Rubén. Todos se quedan callados con cara de horror y sorpresa.

NARRADORA

Y esta es la historia de cómo ahuyenté

un ligue de vuestra tía Birna.

Rubén se mira a la entrepierna con pavor y consecuentemente a Tea con repugnancia. Se marcha con los hombros gachos.

LOLO

Esta claro que mientras Tea no sea

capaz de controlar sus funciones

fisiológicas no podremos hacer

amigos hombres.

P.D: ¿No os parece que la mayor parte del tiempo es un tostón realmente grande ser mujer?

Como no me leas te cap0

Y hasta aquí hemos llegado. Nada más que añadir, señoría.

 

A lo mejor es desproporcionado para un café, diréis, pero es que el receptor es un ser de talentos desproporcionados igualmente.