Las fantasías que tenéis con vuestras exparejas

Uno de mis momentos favoritos de Closer –película que amo y aborrezco a la vez dependiendo de la etapa de ciclo hormonal en que la vea- es cuando Clive Owen y Jude Law hacen cibersexo casual. El segundo le pregunta al primero cuál es su fantasía sexual recurrente, y Clive, que interpreta a un dermatólogo brutote, salido y, sobre todo, muy honesto, responde: “Exnovias”. Nada de vigilantes de la playa, bibliotecarias o compañeras de oficina. Tampoco la clásica camarera del bar al que soléis ir por inercia supuesta o la monitora de aerobic del gimnasio, ¡ni siquiera la novia de tu mejor amigo! No, no, Clive es sincero y dice que se pajea pensando en gente que le rompió el corazón.

sex-ex-fantasy

El despecho, gracias a las cada vez más variadas y asquerosas neurosis del hombre moderno, se ha reciclado en reclamo erótico.

Como no conozco a todo el mundo, mi análisis sobre la psicología humana basa su principal argumento en los personajes de las películas proyectados como metáforas de las anécdotas que me han contado mis amigos a lo largo de los últimos cinco lustros después de invitarles, entonces creían ellos desinteresadamente, a una botella de vino. Así, en Manhattan, cuando Woody Allen está saliendo con Mariel Hemingway, una preciosa adolescente de diecisiete años con la voz de la versión Disney de Farinelli il Castrato, no puede evitar abandonarla por Diane Keaton, la pedante  y treintañera amante ilícita de su amigo de toda la vida para, poco tiempo después, darse cuenta de que realmente le gustaba la menor. Igual que nos ha pasado a todos, vamos.

El dicho popular: “No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” combinado con la triste verdad absoluta de que los amores más intensos suelen ser los no correspondidos, podrían ser el germen de esta clara tendencia a la nostalgia sexual. Porque en la distancia todo parece mejor de lo que era, incluso el Tang.

Tang

de aquellos polvos vinieron estos lodos

Hace una década, cuando aún quedábamos con la gente llamándoles al teléfono fijo de su casa, era mucho más sencillo pasar página. La fantasía no podía alimentarse más que con el encuentro accidental de un álbum de fotos antiguo y tangible. Entonces podías sostener aquella polaroid que os hicisteis en Paris, la podías manosear un rato, abrazar y llorar con ella contra tu pecho si estabas muy jodido o comenzar a olerla y besarla compulsivamente si realmente necesitabas medicación. Pero eso era todo, un breve conato de locura que se esfumaba en el aire cuando quedabas con otra persona, te llegaba un recibo de luz inesperado o tu madre se reía de ti. Lo que antes era  una caja de zapatos llena de cartas, entradas de cine o conciertos, postales, algún vaso de chupito robado, horribles pulseras hechas a mano, el envase del primer preservativo y algunas fotos de carnet humillantes, ahora es facebook. El pasado no está pudriéndose en un rincón oscuro del armario de tu dormitorio en casa de tus padres o, mejor, si ellos te quieren excesivamente y por tanto no te respetan en absoluto: perdida en ese trastero repletito de basura, polvo y clips al que nunca has subido y nunca subirás. El pasado está en el margen derecho de la página de inicio de facebook como sugerencia de amistad.

“Puede que conozcas a esta persona; tenéis cuarenta y ocho amigos en común”. Facebook se regodea al clásico estilo Gila y el “Alguien ha matado a alguieeeen…” se ha convertido en un “Alguien se ha follado a alguien durante años, luego le ha arruinado la vida y ahora cuelga fotos de la ecografía en 3D de su fetoooo”.

fetos con volumen

Estamos muy emocionados, pero no volveremos a comer botillo hasta después del parto

Esto tiene dos vertientes posibles que incluso se pueden dar paralelamente: la primera es que el hecho de ser tan constantemente partícipes a nuestro pesar voluntario o no, de la vida de quien ya hace mucho que no está en la nuestra, hace que las rupturas se superen antes. Esa grata sensación de alivio después del pequeño infarto de ver la foto de la pasada pareja con traje de novia sosteniendo la mano de algún “pobre hombre”, marca el punto y aparte del capítulo emocional. Nadie se vuelve a enamorar de su exmujer con un panorama así. Por el otro lado, está el hecho de que veas más  a menudo la cara del ex, traducida a partir de millones de píxeles, que la tuya propia en el espejo si no eres muy coqueto. Y, por ende, tu pasado se convierte inevitablemente en presente. Al ser presente se clava ahí dentro, la sonrisa odiosa de quien mandaste a paseo se tatúa irremediablemente sobre tu masa gris y quieras o no, en algún momento todos esos ceros y unos archivados ahí arriba, harán que tu subconsciente te la juegue de manera muy cochina para que acabes gritando: “¡¡Silviaa!!” cuando debajo tienes a Elena.

No queréis hacerlo, pero fantaseáis con vuestros ex. No estáis enamorados ya, es probable que ni siquiera os caigan bien y que cuando recordáis algunas secuencias memorables de la relación se os cree un nudo estomacal de vergüenza ajena, pero siguen estando ahí, igual que la carpeta de porno del disco duro que comprasteis en 2005 y que milagrosamente aún va. No os apetece, es rancio, previsible y triste, pero, es familiar. Y la sensación de familiaridad, el lugar común, nos hace a todos sentir seguros y tranquilos sin ninguna clase de esfuerzo más allá del que necesitamos para suspirar.

my super ex

Familiaridad

Desde aquí rompo una lanza en favor de todos aquellos y aquellas que alguna vez han llamado a su pareja por el nombre de la anterior. De verdad, no es culpa de ellos, esas cosas son tan inevitables como los deja-vú o los tornados.

Peor es lo de Johnny Depp que siempre se enrolla con tías semi-clónicas; eso sí que es traición consecutiva compulsiva. Lo de fantasear con el pasado es, lo que la gente sin escrúpulos como yo, solemos denominar con muchísima dignidad y petulancia: “Lealtad a uno mismo.” Eso sí, como alguna vez me llamen Silvia siendo yo Elena, ya le pueden dar por el culo al torpe idiota de los huevos.

Venga, ¡Besos!

 

Eso nunca te lo cuentan

Mi historia con Barcelona comenzó a mediados de Junio de 1996. Tenía trece años, acababan de ponerme aparato en los dientes y sufría unas fantasías cerdísimas con mi profesor de Historia. Estudiaba en un colegio de monjas, las Dominicas, y la visita a la ciudad condal había sido organizada por algunas de ellas, contemplando dentro de la ruta: la Sagrada Familia (por fuera), el parque Güell, el Nou Camp (por fuera), Las Ramblas de Catalunya y “El barrio chino” (por fuera). El barrio chino era, según las monjas, el Raval. Señalaban hacía la izquierda y decían susurrando y arrastrando mucho las eses y las erres: “Esssso, essso esss el barrrrrio chino”. El arrastre era una pista para poder deducir que había sexo en aquello. Todo lo que fuera “de follar” era tratado por las hermanas como algo tenebroso, peligroso y casi mítico. Ese hambre canina (de lujuria) distorsionaba en su cabeza la idea de barrio de putas hasta cortocircuitarla dotándolas de superpoderes inútiles; pues cuando preguntabas inocentemente que si “barrio chino” significaba que se trataba de la parte de la ciudad con más tiendas de todo a cien, se quedaban mudas, miraban al frente y seguían su camino deslizándose dos centímetros por encima del suelo, derrapando suavemente sobre su vergüenza autohipnótica.

Nadie te cuenta cuando tienes trece años que El barrio chino es un comercio coital. Te enteras tú después de tomarte algo detrás de la Boquería y tragar el café entre vahos de orín y paseantes como sacados de una fiesta de los Sex Pistols.

Mi siguiente visita a Barcelona fue en Junio de 2005. El año que acabé la carrera de Cine (lo tengo que decir porque sólo me ha servido para eso, para rentabilizar el coste a base de menciones). Un amigo me invitó a la ciudad bajo el pretexto de que estaba enamorado de mí. Luego vine y era sólo una estretegia de marketing turístico. Un poco cruel pero efectivo. Fuimos a un montón de sitios guays que hoy día soy incapaz de recordar y durante toda la visita me di cuenta de que mi interés por el hombre combinado con la falta de interés de él en mí daba como resultado una pérdida sustancial de calidad en mis chistes. Cada salida era amenizada con un monólogo de él sólo interrumpido cuando a mí me daba por jalear o aplaudir emocionada. Querer y no ser correspondido te convierte en una gruppie, te descerebra, pierdes todo poder de seducción. Eres una especie de viscosa y repugnante ameba que se arrastra pidiendo más con pudor infinito porque sabe que no merece otra ración. Pide y se disculpa a la vez, una pena.

Nadie te cuenta que cuánto más te gusta la persona menos disfrutas de su compañía por las espectativas creadas y la inseguridad gestada. Y porque además, tú te sientes con el mismo poder sexual que Danny DeVito.

En uno de mis primeros trabajos en Barcelona, ya viviendo aquí, en Enero de 2009 nos invitaron a toda la plantilla a una mariscada postnavideña. A mí no me acaban de gustar los productos de mar y la gente pija que trabaja como comerciales desalmados me produce ganas de automutilarme; ellos te cuentan su dinámica vital y tú mientras te sacas un ojo, metes el dedo bien en la cuenca y hurgas hasta encontrar el botón de apagado. Allí estábamos y el vino no se acababa nunca. El vino como motor de los discursos cada vez más desmadrados del personal. Durante unos instantes parecía claro que la noche acabaría con la mujer de mi jefe subastando sus bragas entre los acólitos más yogurines del marido. Al final se vivieron varios intercambios de pareja y un uso excesivamente naturalizado del consumo de cocaína. Todos ahí sacando espejitos y enrollando billetes, como si fuera una Gincana temática dedicada a Scarface. Rodeada de aquel clima apocalíptico y bastorro me rondó la idea de que al ser imposible vencerlos – no iba a ponerme a clavarle a cada uno su tenedor en la yugular, con lo pasados que iban ya resultaban graciosos- me tendría que unir a ellos y acabaría muriendo con la cara blanca, “harinada”, porque yo no conozco la mesura. Esto de pensar tan intensamente en la muerte durante una cena de empresa debe ser bastante común, pero a mí me llevó a determinar que:

Nadie te cuenta que los que no nos drogamos no lo hacemos por convicción moral o por exceso de imaginación que llene los huecos, los vacíos existenciales,  sino por miedo a la muerte. Sin más.

*Nota: Alguien me preguntó en formspring qué cosas nadie me dijo y luego me enseñó la vida y sólo se me han ocurrido estas tres. Lo he falseado bastante, es un post lleno de trampas, pero en todo caso nunca será tan malo y fraudulento como lo es la última película de Liam Neeson: Sin identidad. No sé si os dais cuenta de que esto que acabo de hacer es probar veneno para evitar que os mate a vosotros. Chaplina ayudando siempre, vuestra probadora de venenos oficial. Liam Neeson caca.

La venganza de lo público

Acabo de recibir un correo cadena con la foto de un asesino, violador y psicópata; todo en el mismo pack. El texto reza “Que todo el mundo conozca a este hijo de puta”. Por lo visto el engendro acaba de salir del centro de menores y no se sabe en qué lugar de la geografía española se encuentra en la actualidad. El mail tiene la intención de hacer a las niñas familiarizarse con el rostro del criminal para no acabar accidentalmente metiéndole la lengua en la boca en un pub nocturno y que éste la muerda, la escupa y la queme. Es un modo de poner las cosas en su sitio, vaya.

No entro a valorar lo práctico, moral o no que es el texto en sí mismo ni sus funciones, es que el hecho me ha llevado a convenir que dentro de todos los males que se le pueden ocasionar a un ser humano para vengarse de sus actos, por monstruosos que sean, la vergüenza es el principal. El qué dirán de ti públicamente, tu reputación, que tatúen las muros del barrio con tu número de teléfono y un listado contiguo de servicios sexuales o que te llamen “puta” educadamente en tu muro del facebook. Eso es lo peor que te pueden hacer.

Cuando los amigos discuten o las parejas rompen, consecuentemente y casi de manera inmediata se borran mutuamente como contacto en las redes sociales. Es bastante revelador. No se trata de una especie de ceremonia simbólica, de rito funerario que llore la pena de la pérdida de un vínculo. Un cojón. Es que nos da un canguelo tremendo que después de haber roto con alguien el otro se ponga a publicar tus miserias a los ojos de todos; que ensucie tu imagen pública. Que avergüence al pequeño político carismático encerrado dentro de cada uno de nosotros y que sólo vive para alimentar su vanidad.

Es terrorífico pensar que la mayoría de nosotros – y me incluyo, osada yo – que nos pasamos la vida buscando valores más elevados y pensamientos más complejos, que necesitamos encontrarle un sentido a la vida superior a nosotros mismos, tengamos al final problemas de insomnio cuando nos pasa por la cabeza una conversación de terceros sobre cuáles eran nuestras costumbres sexuales más excéntricas o qué tipo de anécdotas traumáticas marcaron nuestra infancia. Porque con los amigos y los novios no hay juramento hipocrático y una vez que la relación se trunca y disuelve tememos que se produzca el mismo efecto que si pinchas una cama de agua, esto es, que todo lo que la relación contuvo se desparrame a la vista de todos, nos moje el culo y haga peligrar por completo nuestra estabilidad hasta hacernos caer o sentir muy muy incómodos. ¿No os ha encantado la metáfora de la cama de agua? Es tan precisa y fresca a un tiempo.

Yo por mi parte he hecho tan mal las cosas, he contado tantas intimidades no remuneradamente y he actuado de modo tan ridículo en innumerables ocasiones que creo que he llegado al punto zen en el cual nada de lo que se diga de mí ni quien lo diga me importa. Quizás esa sea la génesis del ir tan agusto al cuarto de baño (dos o tres veces cada día, sí, señores, soy feliz) y de que ninguna pena me dure más de una semana o más de dos películas de Gene Kelly. A todos los demás mortales que estáis ahora viendo a qué corresponde el cuadradito rojo con un 4 o un 5 que hay junto al icono de la bolita del mundo en el cáustico universo de Zuckerberg, a vosotros os diré algo que me dijo mi hermana hace muchos años y que deberíamos tatuarnos en el antebrazo antes de hacer un discurso en un salón de actos llenito: “Todos somos carne en futura putrefacción”.

De esa pobre gente que se enamora de bipolares (siéndolo ellos ya un poco)

Casi todas las personas que he conocido son monotemáticas. Tienen un tema fetiche durante años y de ahí no les saca ni Dios. Los del fuera del casi en lugar de dar la brasa con una disciplina sufren de una obsesión patológica por algo o, más precisamente, por alguien. Ya sabéis, la típica colega lesbiana reprimida que tiene un amor platónico definido por ella misma como “más grande que la vida” o, peor, el clásico capullo esotérico profundamente pillado por la pies negros que hizo de su corazón carne picadita en juliana para alimentar su posterior ostracismo.

Seguramente en algún artículo ciencistoide de revista femenina (nunca digo que de este agua no beberé y así me va, cagalérica perdida cuatro veces al año) leí que a lo largo de la vida en la sociedad actual pasamos por una media de siete relaciones importantes antes de decantarnos por una estabilidad definitiva. Pensad en cómo puede llegar a multiplicarse esa estadística cuando los antes nombrados como “los del fuera del casi” componen en realidad la mayoría de los seres que consideramos atractivos. El sex appeal de los torturados debe ser. El Wherther que deseamos lleve dentro cualquier amante futurible. Alguien que cuando sale en la conversación se convierte en el centro, ya sea en su presencia por un discurso plagado de anécdotas imposibles o en su ausencia como tema, siempre mencionándole en el recuerdo como “aquel personaje” o “joder, menudo tipo” o “madre mía, el tío que vivía en una furgoneta, que podía domesticar sus propios ácaros como animal de compañía…”

He parado un momento de escribir para activar el centrifugado de la lavadora. Menuda metáfora, ¿no? Centrifugar la cabeza; someterla a vapuleos cíclicos y violentos con el fin de desapelmazarla y dejarla lista para su secado y posterior uso. ¿Qué pasa cuando alguien hace el centrifugado cerebral varias veces en veinticuatro horas? Y no digo ya que le pasa a él o a ella, esa víctima segura de un tumor currado a base de vapuleos, sino qué pasa con quien le tenga que aguantar. Y aquí es donde llega el gran quit de todo el asunto. Y es que todos los que no son monotemáticos, obsesivos o bipolares, todos los del otro bando, las piezas maestras que encajan con cualquier mierda, llevan dentro de sí la mayor de todas las patologías, un pequeño y cabreado Freud con ganas de marcha. Porque al final, cualquier relación digna de ser ficcionada o sublimada en cualquier arte, se compondrá siempre de un loco y un psicólogo. Pauta de la cual es culpable Cervantes, eso sí está claro.

Al iniciarse una relación de noviazgo hay que estar sumamente atento cuando reparten los roles, porque sólo hay dos y ninguno de ellos mola especialmente. De entrada uno cree que Quijote, al ser el prota, lucirá más en las partidas del geriátrico: “Yo, yo veía gigantes en vez de moli… ¡escoba!” Pero a los ojos de cualquiera que crea que la madurez existe ergo es alcanzable, la mejor de las posturas posibles es Sancho. Sancho, epítome absoluto de la mujer maltratada de nuestros días. Y cuando digo “mujer maltratada” no quiero referirme de aquellas cuyos vecinos salen en Gente para comentar que ya llevaban meses oyendo gritos y viendo morados, sino a las mujeres pusilánimes o “pusilanizadas” por sus parejas. Esas chicas que no confiesan lo que ganan para no acomplejar a su churri pizzero de treinta años pero que lee a Voltaire. Esas mujeres preciosas que dejan de pintarse y ponerse escote porque ya las llaman “guapas” en casa. Esas pobres Sanchas que una vez fueron independientes y con sentido del humor y ahora son espectadoras atónitas de la vida de aquel que les inserta la tita de cuando en cuando.

A lo largo de una relación abocada al fracaso, vamos, eso, a lo largo de una relación da igual si eres el loco o el compañero leal del zumbado porque, pase lo que pase, todo es contagiable. Si algo aprendí en las interminables charlas de mi exadorado Bernardino en las clases dedicadas a Cervantes, es que Don Quijote se acababa Sanchificando hacia el final de la obra, reconociendo que Dulcinea era una bastorra y que no tenía ni pajolera idea de adónde dirigirse y que Sancho, por su parte, empezaba a ver la vida de colores. Trasladar eso a una pareja de nuestros días es asumir que la bipolaridad es contagiosa, que el breakdance emocional al final acaba cansando y que ni el ti@ más carismátic@ y divertid@ del planeta, con los quebraderos mentales más pronunciados y los cambios de humor más dramáticos está a salvo de la cordura y, por prolongación, de convertirse en un funcionario, un hombre gris de Momo.

La conclusión final y un poco perdida de todo esto – me estoy quijotizando a lo bobo; pero hacen píldoras para ello y se llaman “cuatro-meses-en-Edimburgo-y-a-tomar-por-saco – es que nunca, jamás, ni aunque la conversación sea interesante, te rías horrores con frecuencia y la persona en cuestión desnuda sea supergenerosa, se te ocurra hacerle la cena a alguien que vea gigantes en lugar de molinos. Y no os preocupéis si creéis que no los distinguiréis de entrada, la mayoría huelen ya a hachís a un metro de distancia.

*Nota:

AUDREY HEPBURN

¿Cómo se sabe si una persona miente o no?

CARY GRANT

No se puede saber

AUDREY HEPBURN

Yo creo que sí.

CARY GRANT

Según un viejo dicho del pueblo indio: los pies

blancos dicen siempre la verdad y los pies negros

siempre mienten. Así que si algún día encuentras

un indio y le dices: ¿Qué eres tú, un sincero “pies

blancos” o un mentiroso “pies negros”? Y él te

contesta “Soy un sincero pies blancos” ¿Cómo lo

averiguarás?

AUDREY HEPBURN

(Silencio.) ¡Pues mirándole los pies!

CHARADA (Stanley Donen, 1963)

MANI MANI PULACIÓN

Reproduzcamos los siguientes diálogos besugueros y comentemos pues:

 

DIÁLOGO BESUGUERO (the beginning of shit):

MISTER ESPÁSIVA

Tú lo quieres a él.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

No, no, qué va.

MISTER ESPÁSIVA

Sí, sí, tú lo quieres a él. Yo sé que tú lo quieres

a él pero tú aún no lo sabes.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

No, en serio. Ni siquiera es mi tipo.

MISTER ESPÁSIVA

Ajá… tú lo quieres a él. Te lo digo yo.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Que no…

MISTER ESPÁSIVA

Sí, tú lo quieres.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Deacuerdo. Lo amo. ¿Ahora me podrías contar

qué es lo que quiero para desayunar? Es que me

apetecen tostadas, pero es posible que quiera

palmeras de chocolate y aún no lo sepa. Dios no

quiera que acabe comiendo tostadas porque

aún no me he encontrado a mí misma.

DIÁLOGO BESUGUERO Second part:

MONSIEUR JE-SAIS-TOUT

¿Te puedo decir algo?

SEÑORITA BORNYESTERDAY

¿Acaso hay alguna forma de impedirlo?

MONSIEUR JE-SAIS-TOUT

Si no te lo digo yo te lo dirá la vida.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Ah. Eres un emisario divino. Adelante.

MONSIEUR JE-SAIS-TOUT

A ti ese chico te gusta y te gusta mucho.

¿verdad?

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Desde luego que me gusta. Es inteligente, es

higiénico, es divertido y tiene un culo precioso.

Es como si me preguntaras si me gusta la Fontana

di Trevi.

MONSIEUR JE-SAIS-TOUT

Pues no hace falta que se note tanto. Se nota

muchísimo que él te gusta por cómo le miras.

Tómatelo con calma.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Relájate tú; aún no he empezado a tirarle monedas.

DIÁLOGO BESUGUERO Third part:

HEDONIST BALLS-TOUCHER

¿Te has acostado con él?

SEÑORITA BORNYESTERDAY

¿Lo parece? No lo sé, es posible que me lo

haya trincado y aún no lo sepa. Seguramente

Mr. Espásiva controle mejor mis coitos.

HEDONIST BALLS-TOUCHER

¿Te vas a acostar con él?

SEÑORITA BORNYESTERDAY

No me he depilado.

HEDONIST BALLS-TOUCHER

Pero te quieres acostar con él.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Es curioso porque me gusta tanto que se me

nota con solo mirarle; incluso estoy enamorada

aunque aún yo no lo sé y, sin embargo, si

me concentro en los 12 euros que cuesta la

cera caliente y los cuarenta y cinco minutos de

intenso dolor interpernil… por mí, como si te lo

tiras tú, nene.

DIÁLOGO HETEROSEXUAL (the end):

SEÑORITA BORNYESTERDAY

¿Tú crees que este tipejo me tiene rota?

MISS JEWISTCOHERENCE

Cristo… espero que no. Es el típico amante

de barbacoa.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

¿Qué cojones significa eso, pava?

MISS JEWISTCOHERENCE 

Significa que está bastante bien comer

chuletas a la brasa mientras te da el sol

en la cara una tarde de verano, pero hacerlo

una semana seguida produce enfermedades

cardiovasculares y, lo peor, haría de ti una

dominguera perpetua.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Francamente, Miss Jewistcoherence, no me

gusta la carne roja.

MISS JEWISTCOHERENCE

Ya… y además es Sabat.

FELIZ PUTO VALENTÍN

Creo que me va a venir la regla en aproximadamente tres horas y media (me conozco como si me hubiera autoparido) así es que me encuentro con el estado anímico adecuado para escribir este post y dedicarle mi “tarjeta” de San Valentín particular a todos aquellos que hoy discutiréis con vuestra pareja o, sencillamente, dormiréis solos.  Ya sabéis lo que me pirra hacer montajes manipulando comedias románticas o memorables frases de otros. Me hace sentir poderosa. Muajajá, yo muevo los hilos…

Para vosotros, con toda la mala leche de la que dispongo en un día como hoy. Cupido es sarasa, no te digo ná y te lo digo tó:

P.D: Adjunto el enlace a megaupload por si alguien quiere enviar el video a su ex (o para Klover, que no puede ver youtube). http://www.megaupload.com/es/?d=VG1RK6QU Luego no digáis que nunca os regalo nada.

P.D 2: Da muchísima grima eso de “fierecilla” ¿no os parece? Anda que no se fliparon ni nada con el final de Duelo al sol; es verlo y picarme todo el cuerpo.

“Voy a cumplir los cuarenta”

INT/NOCHE. DORMITORIO DE SALLY.

Sally (Meg Ryan) recibe a Harry (Billy Crystal) en su habitación, ataviada con un albornoz blanco y un kleenex apurado hasta la descomposición, en la mano izquierda. Llora a moco literal tendido porque acaba de hablar con su exnovio vía telefónica el cual le ha informado de su reciente compromiso matrimonial con otra mujer. Por su parte Harry estaba tranquilamente en su casa, con su jersey de Bill Cosby favorito y un best seller entre las manos cuando recibe la llamada de la única amiga a la que no se trinca y acude raudo y veloz a prestarle un hombre en el cual restregarse la carita.

(…falta texto…)

SALLY (llorando)

Voy a cumplir los cuarenta…

HARRY

¿Cuándo?

SALLY

Algún día…

HARRY

Dentro de ocho años.

SALLY

Lo sé, pero están ahí, acechándome como en

un callejó sin salida. No es lo mismo para los

hombres; Charles Chaplin tuvo hijos hasta cumplir

los setenta años.

HARRY

Lo sé. Pero ya era muy mayor para darles el biberón…

 

(Cuando Harry encontró a Sally. Guión: Nora Ephron)

Voy a cumplir los treinta. ¿Cuándo? Dentro de cuatro años… están ahí, acechándome, como en un callejón sin salida. No es lo mismo para los hombres. Voilá:

Happy birthday to me…