“El negro é mejó que tú…

…¡No tiene malicia ni mala intención! (Albert Pla dixit)

En veintisiete años de vida (si os preguntan veinticuatro y medio; que pasados los veinticinco al estar soltera te miran arrugando la cara hasta convertirla en una pelotilla de papel insípida e insultante) si de algo me he nutrido hasta convertirme casi en erudita es de rupturas y, aún más, de técnicas de rehabilitación post-abandono. Cómo no dejo de concentrarme en la hipótesis de que los blogs han de ser de utilidad, aún mínima, para alguien y no sólo la escupidera mental de los neuróticos, creo que ha llegado el momento de compartir con vosotros los pasos que deben seguirse en todo fracaso amoroso que merezca la pena ser definido como tal. Como escribo a motor y ocasionalmente se me apaga la pantalla del pc – soy un poco el equivalente moderno a Baudelaire en cuanto a precariedad y dejadez- no os adelanto aún cuantos son los pasos, pero ya lo vemos sobre la marcha ¿vale? Sólo importa el aquí y el ahora, los post de ayer sólo servirán para cubrir el pescado cibernético del mañana.

En primer lugar hay que saber cuándo romper. Por norma general la gente no corta de un día para otro. No estás en el septimo cielo, recibiendo y dando sexo oral con agradecimiento y dedicación, visitando museos, cenando especiado y presentándole a tu abuela y de un día para otro te mandan al carajo. Lo normal es que hayáis notado algo como un mes entero antes, tipo que ya no te meten la lengua en la boca al besarte, que ha dejado de comprarte surimi para la cena porque es muy caro o que, de pronto, ha decidido que estaría genial que te depilases la espalda. Cosas así. Bien, empieza aquí pues claramente la prerruptura, el minuto cero real de la rehabilitación. A quien madruga Dios le ayuda, amigos. Lo primero que debes hacer es volver a quedar con tus amigos sin que les quede ese regustillo de que quedas con ellos solo cuando te abandona tu pareja y pillarte la primera gran borrachera de “me huelo que de aquí a un mes compraré los condones yo sola”. Este tipo de actitud todavía descolocará más al dejador y es posible que incluso acelere el inminente final del amor. Eso es magnífico puesto que reduce el tiempo de incertidumbre en que la ingenuidad se apodera del dejado haciéndole creer que puede retener al amante. No seas bobo, por favor, si una tía después de dos años te pide que te afeites los hombros es que no te quiere. No hay más.

Lo segundo antes de que te manden a cagar es comenzar a practicar un deporte. Es importante que sea gratuíto o en su defecto muy barato, piensa que ahora la economía la sustentarás tú sola o solo y, sí, acostúmbrate a esa palabra: “solo”, “sola”, ración individual, un solo tetrabrick de leche, una cama de 90 y tal. Lo de hacer ejercicio es muy importante porque segregas endorfinas y tienes tu propia banda sonora vital siempre conectada mientras te mueves, lo cual te transporta a un estado Rockyesco altamente gratificante y te da una sensación de meta – siempre difusa – que dota a tus feromonas de un poder especial que te será muy util para el tonteo fácil con desconocidos que agregarás al banquillo metafórico carnal que ocupa una importante parte del proceso de superación.

Llega el día. Ten por seguro que si el dejador tiene un poco de decencia te abandonará en tu propia casa, para que luego puedas llorar a solas sobre tu almohada. Casi nadie deja en su propia casa -vamos, eso creo, no sé con qué clase de hijos de puta habréis salido vosotros-, porque cuando eres el que deja te es francamente dificil ignorar los movimientos espasmódicos de barbilla de la víctima. Sea como sea, tenemos que haber llegado preparados a este punto de la historia. Si somos el dejador sencillamente haremos un elegantísimo mutis abandonando el hogar y dejando en el aire un “espero que hablemos la semana que viene”  o un ya práctico y devastador “vendré a llevarme mis cosas cuando te venga bien”. Si somos el dejado, lo recomendable es que una vez apalabrada la cita fatídica hayamos pasado el día nutriéndonos de videos de Gila, Faemino y Cansado y muchas, muchísimas películas de los Farelly, para crear en nosotros esa atmósfera banal que hace que parezca que nada de eso va contigo. Esto evitará lo del movimiento antiestético de barbilla o el melodrama clásico con frases despechadas contundentes que tanta vergüenza ajena produce en el momento. Sólo laconismo y monosílabos. “Sí, es cierto” “Ajá” “Hm” “Oh, sí, sí”. Encogimiento de hombros y tono paternalista: “qué le vamos a hacer”. Incluír si es posible una pequeña palmadita en el hombro del contrario como si la putada se la estuviese haciendo él mismo, ese es un golpe de efecto muy bueno.

Cuando estéis a solas ya podréis regodearos en vuestro horror y tal, durante todo un día, llorar a lo loco, escuchar a Leonard Cohen y ver gore, o lo que haga la gente para desintoxicar justo después. Luego ya no se puede llorar más, ni ver Los puentes de Madison. Empieza el periodo de auto-adulación, como ya lleváis un mes haciendo footing, estaréis más duros y guapetes ergo preparados para apuntaros a la biblioteca pública y tontear con universitarios. Es recomendable que en las primeras salidas como soltero estrenado no se beba más alcohol que la persona a la que te vas a ligar; a los ojos de un borracho alguien sobrio parece siempre mucho más respetable y atrayente.

Tras el primer coito post marital, que en las mujeres se dará al cabo de una semana de soltería aproximadamente y en el de los varones entre un mes y, si no estáis atentos, un año de salidas constantes sin encuentro fructífero de salidas de otro tipo; es necesario apuntarse a una actividad aparentemente creada para el enriquecimiento cultural pero evidentemente pensada para el ligoteo más sutil: véase un grupo de cuentacuentos, de lectura o una twiitquedada en vuestra ciudad de residencia. Es importante disfrutar de la vida sexual intrascendente y de una tensión sexual no resuelta con alguien que os guste más y que, quizás, no os lleguéis a trincar nunca, puesto que os ayudará a creer en el amor romántico con el que soñabais a los trece años.

Una vez que tengamos el sexo, el deporte, la tensión y el tonteo disfrazado de realización cultural podemos pasar a la dieta. Las pizzas, las salchichas, las hamburguesas, la pasta con mucha salsa y todas esas mierdas que comen los niños de 8 años no son buenas para el estado de ánimo. Añadid zumo de naranja y aspartamo – componente de la sacarina del mercadona que produce sensación de euforia – a vuestra vida y presumid de ir bien al váter, esto último principio básico para una calidad de vida real.

Llegados a este punto apenas os acordaréis de la cara de vuestro ex y dudosamente desearéis comprometeros con nadie que no sea vuestro preparador físico o ING Direct pensiones.

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INSOMNIO

Hace días que no me duermo antes de las cinco de la mañana. Ayer recurrí, para entretenerme, a una página donde puedes encargar una camiseta con diseño personalizado; quedé muy contenta con mi compra, ya veremos qué pasa cuando la reciba. Esto me preocupa enormemente y lo comparto, para que comprobéis hasta que punto estoy fastidiada de lo mío.

Creo que estoy pillando un gripazo del copón, será altamente interesante combinar fiebre, fármacos y amor esta semana. Por el momento, no tengo nada que contar, este post está dedicado a sacarle un mínimo jugo al hecho de no poder dormir. Creo que debería zanjar la búsqueda del hombre ideal y quedarme con mi novio (¿verdad, cariño?) Así que tras 40 respuestas, espero que masculinas, tras varios meses de disposición pública del mismo, doy al test del hombre ideal por finalizado. Y el premio simbólico es para…:

El anónimo que hizo dos veces el test entre las 2:24 y las 2:25 de la madrugada del 9 de noviembre con un 100% de respuestas acertadas. Bueno, lo de la ensalada fue un ful, pero siempre hay que ceder en algo, sino es como muy gratuito. Os adjunto sus respuestas y os explico porque él y no vosotros, viles mortales:

– ¿Qué edad tienes, mozo? Entre 25 y 35 años (porque menos que eso me haría sentir talludita y más asqueada)

– ¿Con cuál de los siguientes personajes de Lost te identificas más? Jack Shephard (el médico superhéroe) (Porque casi todos contestaron Hurley, el obeso bonachón, pensando que así resultaban más monos y, lo cierto, es que Jack es una víctima de su propia y apabullante fuerza vital. Un pringado, también, pero un héroe, al fin y al cabo.)

– Elige una de las siguientes ciudades para vivir: Roma (sí, porque por Roma puedes dar paseos por miles de años de historia, los helados están más ricos allí y las fontanas dejan boquibierto a cualquiera aunque viva dentro de la de Trevi)

– Si vieras a la novia de tu mejor amigo cometiendo adulterio, tú… Hablarías con ella pidiéndola que confesase (Prefiero lo de los anónimos con montajes fotográficos para acojonarla porque tiene más gracia. Pero a la hora de la verdad es mucho mejor y más racional opción hablar con la furcia en cuestión )

– Marca cuales de los siguientes libros has leído: La insoportable levedad del ser, La metamorfosis, Crimen y castigo, Demian, El libro de los amores ridículos, La inmortalidad (el resto no me leeis ná! Yo siempre he tenido debilidad por los hombres cultivados a los que, aparte, les gusta Milan Kundera y todo! y además Dostoievsky les parece un salao.)

– ¿Alguna vez has sido infiel? No, jamás, me parece una inmoralidad (Sí, y además ensucia un montón)

– ¿Usas gafas? Sí, desde hace años (Esta pregunta era del todo irrelevante, sólo la puse de relleno para poder adjuntar la respuesta posible de “Sí, pero solo las monturas” en homenaje a Berto, Groucho y tantos otros.)

– ¿Cuál es tu estilo a la hora de vestir? Nunca me había planteado si tengo estilo… (No me gustan los tíos coquetos y tan conscientes de sí mismos, llamadme machista o aburrida, pero ya ves… Me da repelísimo)

– ¿Con cuántas mujeres te has acostado? No creo que mi vida sexual sea aún asunto tuyo, moza… (Perfecto, ni me lo digas nunca, así yo tampoco tendré que cantar y de esa manera el misterio nos arropará siempre dejándonos disfrutar del morbo de la intriga agregada a nuestra vida ínitima)

– Con cuales de los siguientes adjetivos te identificas? Leal, Divertido, Observador (Lo justito. Algunos se pasaron agregándose cualidades como si estuvieran a precio de saldo y otros pecaron de modestía tediosa con simples “sexy” u “observador”, este último solo, da un miedo terrible, ¿qué haces observando todo el día? ¿a quién? ¿qué pretendes? ¿estás grillado?)

– Si fuera nuestra primera cita y tú te sintieses atraído, qué me propondrías? Ir al cine a ver una de esas pelis independientes que habías comentado que te gustaban tanto (las luces apagadas dan mucho juego; es un clásico) (Mucho mejor una peli independiente a un minibotellón a estas alturas, o un cuentacuentos pretencioso o una comida pesada. Soy una chica obvia, qué le vamos a hacer?)

– Combina tu ensalada perfecta a partir de los ingredientes que elijas de la siguiente lista: Lechuga, Cebolla, Tomate (Esto es una mierda supergrande, ya lo dije al principio, no obstante lleva cebolla, algo es algo. )

– Si hubiera un exterminio masivo poblacional y tu fueses el mesías todopoderoso responsable de elegir a diez personas para sobrevivir y repoblar el planeta a quienes salvarías: Salvaría a un médico, un científco, un poeta, un arquitecto, un agricultor, un químico, un antropólogo, un genio multidisciplinar, un humorista y a Scarlett Johanson (presuponiendo que sea fertil) (Porque no me curré esta respuesta para que la ignoraseis en masa, bastardos!)

– Mi héroe es… Mi padre

– Si tuviera que pasar una noche de sexo loco, loco, loco… Catherine Zeta Jones (Porque es la única de la lista que parece tener ganas y aprecio en un hombre que sepa detectarlo.)

– La cualidad que más admiro/codicio en una pareja es: La lealtad (Todo lo demás es superfluo al final.)

 

Y dicho esto, querido amigo cibernético diseñado para mí, has de saber que ya estoy enamorada. Sí, de un tipo que contestó que no tenía héroes y que le pondría frutos secos, queso, espinacas, granada, bacon y champiñones a una ensalada. Qué paradoja. Aún así… nunca te olvidaré.

http://spreadsheets.google.com/embeddedform?key=piMjy8_NjpkJIQXz57o0gPg&hl=es

EL AMOR: CIENCIA, FICCIÓN O MAMONADA

No os habréis enterado, porque sólo ha sido noticia en la península intependiente de mi habitación pero lo cierto es que han vuelto a “admitir” el video de Berto/Joe en el youtube. Nunca sabré qué sucedió exactamente. Podéis verlo y enamoraros por consiguiente del señor Romero o el señor Dassin o incluso de la señorita Comino en este enlace http://www.youtube.com/watch?v=z02ZjjJAe6E (si no os gusta… bueno, no hace falta que me lo reprochéis, tampoco).

Así mismo la vida en Barcelona comienza ahora a ser espléndida por muy diversos motivos, especialmente gracias a los medios de transporte y los de comunicación; tan inmediatos, bellos y prolíficos en general, y a que el jueves haré el amor. Perdonadme por mi falta de pudor, pero lo cierto, es que si una no puede restregar su vida sexual satisfactoria por su propio blog, ¿cuando puede? Y bien que os cachondeabais de mí cuando era celibe, bastardos.

Por otro lado, hace unas semanas dejé aparcado un nada ambicioso proyecto de montaje. Mi intención era llegar a hacer un documental sobre la evolución de las relaciones de pareja entre hombres y mujeres últizando únicamente mis 500GB de películas y música, citas literarias de algunos genios de nuestro tiempo y/o breves definiciones científicas o gramáticas encontradas en la red y sin moverme de mi asiento experimentando y/o interrogando por doquier porque, al fin y al cabo, ¿qué me van a decir que no me hayan dicho ya en un botellón?

Finalmente me quedé enquistada en el capítulo quinto del corto documental facilón. No obstante, tiene mucho sentido, dado que es exactamente el punto de enquistamiento paralelo producido en mi biografía sentimental. Cuando llego yo a ese quinto capítulo lo que sigue es un abismo. Mi propuesta es ofreceros el producto en bruto inacabado para que compartáis conmigo en que fase os habéis quedado, si vuestras experiencias son parejas a las mías o incluso aún más carentes de desarrollo y, sobretodo, para aquellos que hayáis pasado del nivel cinco: ¿cómo es? ¿qué hay? ¿se come bien?

Son sólo diez minutos; algunos de vosotros habéis tenido noviazgos más breves, pero, venga…

MANUAL DE LA MUJER LIBERADA, Visiblemente despechada: Capitulo III

Todavía no he conocido a nadie con quién saliendo el tema de manera forzada (por mí) en la conversación me haya confesado sentir simpatía por Barbra Streisand. Yo, sin embargo, no cejo en mi empeño de intentar liberar de prejuicios a las gentes, de manera que este tercer capítulo del manual será la judía suficientorra icono gayer desde tiempos inmemoriales la que dé su lección magitral.

Confieso que mi simpatía hacia la Streisand se debe a una identificación antiquísima nacida con el comienzo mis interrelaciones con el sexo opuesto. En la mayor parte de las películas de Barbra en la década de los setenta, sino en todas, el personaje medio que se encargaba de encarnar correspondía al de una mujer que aunque independiente, resuelta y de convicciones inamovibles encontraba su punto debil al perder por completo el raciocinio y las bragas por su atracción hacia el co-protagonista, un hombre siempre fuera de su alcance en cuanto a belleza física y madurez emocional. Así que de Barbra pasaron tipos como Robert Redford, que en Tal como éramos se reía de ella porque le divertía que fuera rojilla y además se planchase el pelo para disimular la nariz; Ryan O’Neall, que la rehuía sin piedad y con cierto grado de agresividad por estar tan sumamente salida y ser mentirosa compulsiva en Qué me pasa, doctor? o George Segal que la despreciaba profundamente en La gatita y el búho – fragmento ilustrativo de la clase de hoy – por ser cortita y sumamente vulgar.

Finalmente se los trincó a los tres, al menos en la ficción, aunque dicen que Redford aún siente escalofríos cuando escucha The way we were. No obstante, Barbra, en su obstinación por llevarse al catre a estos caballeretes subiditos lo pasaba francamente mal durante 85 minutos pegada a su trasero cual perrilla en celo desechada que únicamente contaba con su chispilla natural para encandilarles ocasionalmente y acabar sitiándoles emocionalmente con la fuerza de la insistencia. La Streisand es la única mujer que recuerdo, junto quizás con Carole Lombard, en la historia del cine que se ligaba a los tíos a fuerza de ser pesada. Convirtiéndose en mosca cojonera insufrible que cuando desaparece echas inexplicablemente de menos y reclamas asombrado de ti mismo por poseer carencias intrínsecas que desconocías y que misteriosamente solo puedes saldar con la ayuda de una muchachilla poco atractiva pero muy divertida.

Yo, desde que empecé en esto del tener ganas de aparearme, siempre que me he sentido especialmente atraída por un chico y por alguna absurda razón me ha parecido inaccesible para mí: un tipo de esos que parece que tienes que estudiar tres licenciaturas, endurecer tu abdomen hasta que se pueda cortar verdura sobre él y peinarte a diario para que siquiera te dirija la palabra…  Siempre he recordado una escena de Funny Girl donde Omar Shariff está inexplicablemente colado por la judía y le pide que se vaya a cenar con él y con unas amigas:

OMAR

La esperaremos gustosos mientras se cambia.

BARBRA

Tendría que cambiar demasiado, se cansarían.

OMAR

Con usted lo hubiera pasado mejor, y me hubiera

reído más.

BARBRA

¿Le cuento unos cuantos chiste para que se los lleve?

Voilá! Eso es una tía. Llevo años queriendo usar esa última frase. No le digáis a nadie que no es mía. En cualquier caso… La lección hace referencia a una norma fundamental para una mujer liberada: una cosa es mostrar y otra dejarse abasallar ¡confianzas las justas!

Como muestra el siguiente gráfico:

 

Chico no conoce chica

SEC.30 INT/NOCHE. CAFETERÍA.

(falta texto)(…) Elisa (27 años) se retira la bolsa de hielo de la mejilla en el momento en que el camarero les sirve las bebidas. Una cerveza Guinness para Alberto (32 años) y un carajillo con nata para Elisa.

ALBERTO

(sonriendo satisfecho)

Gracias…

ELISA

Gracias.

Elisa juega escarbando levemente con la punta de la cucharilla sobre la nata montada. Alberto la observa.

ALBERTO

Eres la única persona de tu sexo y edad que

he visto nunca tomar un carajillo. ¿Juegas

también a la petanca?

ELISA

Bueno, cualquier cosa que lleve nata montada por

encima es más femenina, ¿no crees?

ALBERTO

Sí, especialmente si es una mujer desnuda

con nata montada por encima.

Ambos dan su primer sorbo a sus bebidas quedando con un bigotillo blanco en el labio superior de nata y cremilla de Guinness respectivamente. Ninguno de los dos se molesta en limpiárselo.

ALBERTO

Era verdad.

ELISA

¿El qué?

ALBERTO

La historia que conté de Pinocho y las fotografías. Nunca he

tenido lo que se dice éxito con las mujeres. Sin embargo con

los hombres me va bien; con los heterosexuales, digo, se ríen

un montón conmigo…

ELISA

Bueno, si lo piensas, nadie que a nuestra edad esté ahora soltero

ha tenido éxito en sus relaciones ya que al fin y al cabo

todas las que han tenido hasta ahora han fracasado.

ALBERTO

Bueno, hay distintos niveles de fracaso, también…

ELISA

Ya, y disintas cantidades, tú por ejemplo ¿con cuántas chicas

has estado?

ALBERTO

¿A qué te refieres con “estar”?

ELISA

Pues… dejémoslo en que cuente como relación

o al menos simulacro, el haber cenado y… ¡yacido! como

mínimo una vez con la chica.

Alberto asiente y mira hacia el techo pensativo echando cuentas con los dedos de ambas manos. Elisa le mira y sonríe con cierto grado de excepticismo.

 

ALBERTO

Hm… (tras unos segundos) Cuarenta y siete.

ELISA

(abriendo más los ojos)

¡Cuarenta y siete!

ALBERTO

Sí, según tu definición del “estar”, con cuarenta

y siete. Pon dos arriba, dos abajo, a veces cenábamos

directamente en la cama; no sé si cuenta un dos por uno.

ELISA

Así que has estado con cuarenta y siete tías…

Madre mía cómo está el mercado…

ALBERTO

¡Gracias! Y dabas clases de autoestima ¿verdad?

Joder, soy un chico divertido…

ELISA

Perdóname, no lo dudo, no quería ofenderte, de veras,

perdona… (Susurra asombrada) Cuarenta y siete… (Pausa) Perdona.

¿Y qué es lo que te ha fallado con… esas cuarenta y siete?

ALBERTO

Pues no lo sé, se lo hubiese preguntado a alguna, pero

cuando me despertaba ya se habían ido. (Ríen) ¿Y tú qué?

¿Has roto muchos corazones?

ELISA

Pues vaya, corazones… psé. Sólo cuando les pillas desde

el instituto dominas el tema de la cardiología. Con el tiempo

tendéis a endureceros mucho. Y hablando estrictamente de dureza…

pues, ¡cuando me depilaba!… Me iba razonablemente bien.

ALBERTO

¿Pero cuanta gente?, humíllate. A mí me has obligado a dar

cifras…

ELISA

Bien… Pues tampoco puedo ser muy precisa. Pero

te diré que, al menos, en total… no he estado con

tantas chicas como tú…

ALBERTO

(pausa seguida de risita

de pajillero)

Qué cerda…

 

Ambos se miran, sonríen y dan otro sorbo a sus respectivas bebidas.

 

 

 

MANUAL DE LA MUJER LIBERADA, VISIBLEMENTE DESPECHADA (Lección II)

Hace meses que Cher nos enseñó como replicar a un chulo de playa cuando empieza a columpiarse en exceso. Hoy, por fin, en esta nuestra esperada segunda lección del arduo camino hacia la realización femenina personal contamos con la inestimable exposición de Kathleen Turner que mostrará la manera perfecta de romper con vuestra pareja y comenzar a vivir propiamente.

Atención al lenguaje corporal y la ceja perfectamente arqueada, adornos fundamentales para alcanzar la gloria, chicas.

SI LO ESTÁ PIDIENDO, DÁSELO!

EL ALBERGUE ESPAÑOL

Es la traducción literal del título de una película que ciertamente me resulta bastante indiferente en general – en buena parte por culpa de su insulso, frío y soso protagonista – pero que posee la envidiable cualidad de lo evocador. Ahora, acabo de verla por segunda vez, y he vuelto a “obesar” mis ganas de vivir en Barcelona. Me pregunto hasta qué punto se puede justificar la obtención de una beca de estudios. Yo quiero estudiar la vida, razón más poderosa que esa para que alguien me preste pasta para vivir a mis anchas en la ciudad condal?…

Mirad a los científicos locos del acelerador de partículas, nadie sabe muy bien cual es la motivación ni la finalidad de poner en juego la continuidad de la existencia del planeta y ahí les tienes, con su camisas hippies/tirolesas, totalmente emporrados hablando con entusiasmo de lo molón que sería llegar a crear miniagujeros negros con el potencial energético de un mosquito. Flipados terroríficos. Esto no viene sino a corroborar que en efecto el único valor en alza para la consecución del éxito en cualquier cometido de la vida no es ni el talento, ni la inteligencia, ni la coherencia, ni el trabajo, ni ná! Sólo la iniciativa tiene valor.

Vamos, que yo estoy en mi casa, tirada hablando de lo increíblemente divertido que sería secuestrar a Eduard Punset y obligarle a darnos charlas a mí y a mis colegas cada fin de semana y ahí queda todo. Pero luego hay un tipo catalán que se pasea por la Plaza de Catalunya y piensa: “oye, pues… casi que el Estudio de Meditación de Punset me queda de paso, eh? voy ahora mismo hasta alli con cinta aislante y un arma blanca y Redes será mío!!”. Va, lo hace y ya está. De cabeza, sin pensar, a lo loco, sin complejos, vaya, como si hubieses entrado en una clase de estado de gracia cuando no es más que un histérico delirio de grandeza… Pero sólo esto explica el éxito de gentes tales como el tipo ese del millón de pixels… o al que se le ocurrió lo de los microrrelatos, nieto posiblemente del inventor del post it…

Por mi parte estoy trabajando en un artilugio que permita mantener el culo despierto tras 9 horas seguidas de conexión a internet; para parados, informáticos y millonarios orientales locos. Lo llamaré el “assvibrator” o algo suficientemente atractivo e intrigante. Hasta que me haga asquerosamente rica a costa de su desarrollo… seguiré criticando al resto de emprendedores; una iniciativa del todo censurable y gratuíta pero… you never know!