GENTE QUE ES FEA Y NO SABEMOS POR QUÉ: Entrega III

A lo mejor esta vez meo fuera del tiesto, pero como alarde de absoluta objetividad por mi parte, hoy presento a Sandra Bullock, esa mujer que a todos nos cae como una patada en el culo pero que, cuando nos ataca una de sus melosas producciones un sábado por la tarde no podemos apartar la vista de su espantada mirada de ciborg jovial, a no ser que den alguna otra supermierdición de la Roberts o de Hugh Grant. Los tres feos como monos pero, joder, con el culo imantado sin duda alguna.

Sandra, además de haber pactado con el diablo para que la dejara permanentemente en los 32 años de edad (exitosamente, al contario que Mel Gibson cuando intentó plantarse en los 41 y se pasó una década de entrevistas cumpliendo años hacia atrás… se te ve el cartón, macho, y además lo tienes agrietado, ¿quién te crees que se traga eso, cachondo antisemita…?) es, desde que me alcanza la memoria, el modelo de mujer accesible que todos los hombres ponían de ejemplo en los noventa para explicar con qué podrían conformarse: “Tampoco hace falta que esté muy buena, la tía de Speed valdría para un cumpleaños, por ponerte un ejemplo de mujer accesible de los noventa”.

Comenzó su carrera en teleseries de malamuerte en las que parecía una especie de travelo esquisitamente pulido cual maniquí del zara pero en color carne casi humana. Más tarde aparecería conduciendo una autobús a toda leche (uuuhhh… más de 50 por hora, vaya como se flipan los neoyorkinos; porque era Nueva York, ¿verdad? Con lo grande que es yankilandia y en Hollywood sólo parece existir Manhattan) para intentar ligarse a Keanu bodas rosas Reeves. Después la veríamos emparejada con toda clase de tipos de lo más tristes, como Bill Pullman, un hombre al que si colocas en una sala de espera de la Seguridad Social te inspirará ganas de morir, pensadlo.

 No hagas fuerza, Bill, en serio, no.

También tuvo que besar a Stallone, a Kiefer Sutherland (que aunque ahora todos perdáis las bragas con el prota de 24 lo cierto es que siempre tuvo cara de cerdita Peggy lesbian version) a Chris O’Donnell cuando ya estaba bastante fondón y melifluo cual político conservador americano de principios de siglo; a un tío llamado Harry Connick jr. epítome de la repulsión erótica y al cara pijo prepotente de Ben Affleck, el cual siempre he creído sufre moquera crónica dado que es incapaz de cerrar la boca cuando está callado, circunstancia que te obliga a imaginar una gigantesca flema inundando su cerebro, hecho que, por otro lado, explicaría que haya protagonizado tanta basura a motor.

Tras este puntual repaso de la carrera besucona de la Bullock, habreís deducido que lo que pretendo probar es que el haber sido partenaire de tanto tipo mediocre no es coincidencia. No. Sandra fue diseñada en un laboratorio de Los Angeles, es la primera actriz probeta, mitad ciencia, mitad tecnología; esto es, es un androide de latex con cerebro biónico, de ahí que tenga 44 años pero se comporte como si tuviera dieciséis y a la par se tome tan en serio las escenas dramáticas de sus “comedias” “románticas”. Se creó para poder tener una especie de actriz maestra (entiéndase “maestra” en su acepción de polivalencia, como en una llave, vaya, que hay que acotarlo todo… podíais buscarlo en la wikipedia, también) que no carraspease jamás ante un diálogo besuguero y que se dejase sobar por un coprotagonista carente de carisma y talento.

Sandra Bullock no es la vecinita de en frente, no, básicamente porque si viviera al lado de tu casa o pudieras verla en cueros junto a la ventana serías incapaz de mirarla fijamente sin un fíltro fílmico si quisieras evitar quemarte la retina. Sandra es como un eclipse solar o como Papá Noel o como una lesbiana bonita, buenorra, encantadora y de amable trato con los hombres. Sandra no existe.

Y sí, además, es un androide macho:

 Me vais a decir que sólo lo veo yo, ¿verdad?

Anuncios