MANUAL DE LA MUJER LIBERADA, Visiblemente despechada: Capitulo III

Todavía no he conocido a nadie con quién saliendo el tema de manera forzada (por mí) en la conversación me haya confesado sentir simpatía por Barbra Streisand. Yo, sin embargo, no cejo en mi empeño de intentar liberar de prejuicios a las gentes, de manera que este tercer capítulo del manual será la judía suficientorra icono gayer desde tiempos inmemoriales la que dé su lección magitral.

Confieso que mi simpatía hacia la Streisand se debe a una identificación antiquísima nacida con el comienzo mis interrelaciones con el sexo opuesto. En la mayor parte de las películas de Barbra en la década de los setenta, sino en todas, el personaje medio que se encargaba de encarnar correspondía al de una mujer que aunque independiente, resuelta y de convicciones inamovibles encontraba su punto debil al perder por completo el raciocinio y las bragas por su atracción hacia el co-protagonista, un hombre siempre fuera de su alcance en cuanto a belleza física y madurez emocional. Así que de Barbra pasaron tipos como Robert Redford, que en Tal como éramos se reía de ella porque le divertía que fuera rojilla y además se planchase el pelo para disimular la nariz; Ryan O’Neall, que la rehuía sin piedad y con cierto grado de agresividad por estar tan sumamente salida y ser mentirosa compulsiva en Qué me pasa, doctor? o George Segal que la despreciaba profundamente en La gatita y el búho – fragmento ilustrativo de la clase de hoy – por ser cortita y sumamente vulgar.

Finalmente se los trincó a los tres, al menos en la ficción, aunque dicen que Redford aún siente escalofríos cuando escucha The way we were. No obstante, Barbra, en su obstinación por llevarse al catre a estos caballeretes subiditos lo pasaba francamente mal durante 85 minutos pegada a su trasero cual perrilla en celo desechada que únicamente contaba con su chispilla natural para encandilarles ocasionalmente y acabar sitiándoles emocionalmente con la fuerza de la insistencia. La Streisand es la única mujer que recuerdo, junto quizás con Carole Lombard, en la historia del cine que se ligaba a los tíos a fuerza de ser pesada. Convirtiéndose en mosca cojonera insufrible que cuando desaparece echas inexplicablemente de menos y reclamas asombrado de ti mismo por poseer carencias intrínsecas que desconocías y que misteriosamente solo puedes saldar con la ayuda de una muchachilla poco atractiva pero muy divertida.

Yo, desde que empecé en esto del tener ganas de aparearme, siempre que me he sentido especialmente atraída por un chico y por alguna absurda razón me ha parecido inaccesible para mí: un tipo de esos que parece que tienes que estudiar tres licenciaturas, endurecer tu abdomen hasta que se pueda cortar verdura sobre él y peinarte a diario para que siquiera te dirija la palabra…  Siempre he recordado una escena de Funny Girl donde Omar Shariff está inexplicablemente colado por la judía y le pide que se vaya a cenar con él y con unas amigas:

OMAR

La esperaremos gustosos mientras se cambia.

BARBRA

Tendría que cambiar demasiado, se cansarían.

OMAR

Con usted lo hubiera pasado mejor, y me hubiera

reído más.

BARBRA

¿Le cuento unos cuantos chiste para que se los lleve?

Voilá! Eso es una tía. Llevo años queriendo usar esa última frase. No le digáis a nadie que no es mía. En cualquier caso… La lección hace referencia a una norma fundamental para una mujer liberada: una cosa es mostrar y otra dejarse abasallar ¡confianzas las justas!

Como muestra el siguiente gráfico:

 

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MANUAL DE LA MUJER LIBERADA, VISIBLEMENTE DESPECHADA (Lección II)

Hace meses que Cher nos enseñó como replicar a un chulo de playa cuando empieza a columpiarse en exceso. Hoy, por fin, en esta nuestra esperada segunda lección del arduo camino hacia la realización femenina personal contamos con la inestimable exposición de Kathleen Turner que mostrará la manera perfecta de romper con vuestra pareja y comenzar a vivir propiamente.

Atención al lenguaje corporal y la ceja perfectamente arqueada, adornos fundamentales para alcanzar la gloria, chicas.

SI LO ESTÁ PIDIENDO, DÁSELO!