Chaplina, el retonno. Apadrina una guionista del primer mundo.

Hola personas desconocidas que me leen y mamá (sí, te da corte que te mencione en público, ¿no? pues no haber entrado, ya sabes lo que vende en el mundo del espectáculo -y en el callejero- mentar a la madre).

Hace un rato impreciso encontré en mi correo un mensaje de turpentine con su correspondiente enlace al blog personal, haciéndome sabedora de que me otorgaba un galardón virtual por mi “trabajo” (llamarle trabajo a esto lo dota todo de un halo tal de pretenciosidad que me desnuda y me convierte en una imbécil, ¿eh? Una tía muy antipática con los pechos al aire, muy mal de imagen) y me he sentido obligada, gracias además a la cantidad inmoral de tiempo libre de la que dispongo, a actualizar mi blog.

 

Gracias turpentine, ¿puedo llamarte turp? Venga, anda, te voy a llamar turp, tampoco me puedes dar permiso de inmediato, entiéndeme, tengo que intuir que estás conforme. Gracias turp, me has jodido la vida. (Es broma, llevaba un año escribiendo en el interior de las puerta de los WC de bares de modernos frases tergiversadas de rumbas de El Pescaílla; tenía que volver.)

Todo ha cambiado por aquí, en WordPress city. Me gustaba más antes, cuando al escribir el borrador de la entrada la letra te salía tamaño niño cegarruto (a ver, ¿eh? no del tamaño de un chaval ciego, si no del tamaño que requeriría un niño poco leído y con astigmatismo), pero dejando eso a un lado y esperando que si tengo fieles lo sean lo suficiente como para tolerar que me publicite en mi sitio, me “reestreno” con una entrada de vídeo. Lo siento, los días que voy al gimnasio, no pienso. Sudo, luego no existo. Virtualmente no existo, a nivel carne voy bien.

Apadrina una guionista del primer mundo