¿Y a tí…? ¿Cómo te gusta el filete?

La pasada jornada nocturna tuvimos charla trascendental. Un bisexual, un heterosexual y una indefinida prácticamente convencional. Los dos hombres de la mesa defendían la idea de que serían incapaces de yacer de manera cotidiana con alguien que desde el primer día no les “entrase por los ojos”. Este discurso, con el consumo creciente de voll dams se convirtió en un sencillo, pontificador y claro: “jamás me comprometería con alguien que no envidiaran mi amigos.” Yo, personalmente, jamás he seleccionado (que verbo tan nazi, eh?) a mis parejas por lo que pudieran pensar de ellas mi círculo social. De hecho, la mayor parte de las veces, cabría incluso pensar que si lo he hecho ha sido con el fin de que mis novios movieran a la risa de mis amigos, lo cual no deja de ser pintoresco para muchos y lamentable para los dos muchachos que digo me acompañaban en aquella cervecería transformada súbitamente en escenario de terapia de grupo.

“Es que a Marta le gustan los hombres horribles…” dijo el guaperas italiano atusándose el tupé, seguido de un incondicional apoyo argumentado de mi querdio amigo bisex: “Doy fe de ello, empezando por…”, censuro los nombres y descripciones adjuntas que siguieron a esta exposición de mis pasados estados y preferencias sentimentales, ya fueran platónicas o efectivas. Hablaron de mis adorados pasados y presentes como si fueran los candidatos ideales a protagonizar un remake de “Freaks” aka “El pasaje del terror” y me contemplaron con sentida lástima tras la enumeración, culminando el discurso con una pregunta abierta, muy abiera, como las piernas de todas las rubias despampanantes que se habrá trincado el señor Nabo Discomunale: “Por qué, Marta… por qué?”.

Ayer fui incapaz de responder, había dedicado otras once horas a mi nueva vida capitalista y mi coeficiente mental efectivo era de unos 70 perceptiles, sólo era capaz de tragar, asentir o fruncir el ceño. Esta mañana me desperté y cotilleé varios muros facebookianos en busca de respuestas. El muro del facebook es el diario personal sin candado del siglo XXI y me dí cuenta de cuál era la razón, sumamente ingenua y pueril os advierto, de que mis predilecciones afectivas siempre se hayan centrado en individuos de apariencia poco atractiva. Es triste pero… es que los guapos son tontos del culo. Sé que esperabáis una reflexión más sofisticada, pero, nunca aspiré a fundar una religión, chicos. Cuando haces el amor con un feo te sientes a un tiempo diosa y misionera del amor, eres el colmo de la belleza, la inteligencia y el altruismo, un puto pack de perfección. Te dices, “madre mía, qué buena persona soy y que firmes tengo los pechos, este hombre que tengo debajo está a un tris de llorar de agradecimiento.” En cambio, cuando el que está encima de ti es el perfecto aspirante a ilustrar un artículo de metrosexualidad en la Mens health, tu autoconcepto pierde su equilibrio ya de por sí precario a fuerza de visionados constantes de lo que se considera bello o idílico y la única idea que ronda tu cabeza es la siguiente: “Si cambiamos de posición ahora y me tengo que doblar cual contorsionista erótica entregada, cabe la posibilidad de que la antinatural, dolorosa y nada plástica postura deje al completo visionado pornográfico mis zonas menos atractivas, mis cordilleras celulíticas, mi fealdad más oculta y… entonces, la vendida seré yo… shit!”. Sí, shit! en mis monólogos internos me quejo en inglés para remarcar mi ira más profunda.

Los guaperas no quieren hablar de la vida y disfrutar en compañía de alguien afín, no nos engañemos, los guaperas que encima tienen otras virtudes remarcables, son un atajo de prepotentes autofeladores (algo parecido a mí cuando me trinco a un feo) que lo único que buscan es una sumisa aunque hiperactiva y atlética bella mujer que no haya leído nunca un libro porque el tiempo sobrante para la adquisión de cultura lo han dedicado a la adquisición de un vientre plano y unas uñas de porcelana. Lo único que un guaperas listo quiere es casarse con una imbecil a la que sus amigos no lleguen a conocer personalmente nunca pero con la cual tengan fantasias sexuales a diario. Sí, la meta de un macho man es una palmadita de aprobación en la espalda.

Y sí, amigos, he escrito este post lo más rápido que he podido porque si no no me da tiempo de ir al gimnasio a convertirme en una de esas. ¿Os dais cuenta de lo triste que es la vida? Qué vergüenza me doy a veces.

misioneras del amor o…

…esclavas de la tonificación.

P:D: Creo que siempre escribo el mismo post.

El rumor que quiero que me adjudiquen

No llevo ni tres semanas currando – aunque hace tres que me contrataron, pero me da vergüenza llamarle currar a lo que he hecho hasta ahora –  y ya conozco parte de las truculentas costumbres de algunos de mis compañeros de trabajo, de entre los cuales a muchos ni siquiera sé aún cómo les curva el culo porque jamás les he visto o al menos no de cuerpo entero. A uno de los chicos que entró conmigo le han adjudicado un mote: El Krusty loco. Única y exclusivamente porque tiene el pelo rizado; no se han esforzado demasiado.

Las grandes empresas son como pequeños pueblos de la España profunda. Y cada sector es una barriada. Sabes que hagas lo que hagas acabarás teniendo apodo y se contará una inverosimil, morbosa y/o ridícula historia sobre ti y tu vida privada. En mi pueblo había una chico que a principios de los noventa, viendo con unos amigos los trailers de una película en vhs en un bar, al ver el anuncio de La Mosca, dijo en voz alta The fly, tal y como lo pronunciarías tú si tuvieras ocho años. A partir de ese día todos le han llamado siempre “Teflí” y cuentan que su mujer le dejó porque estando borracho besó accidentalmente a la hermana de ésta confundiéndola con ella. Un apodo estúpido unido a una anécdota tonta. Yo no sé a vosotros, pero a mi Teflí me da qué pensar; no os voy a decir que me deje en vela o shock más de cuarenta segundos seguidos, pero, joder, me produce inquietud.

Xavi Lechuga lo tiene fácil, nadie se fijará en nada más; el mote y cualquier anécdota de su infancia traumática te lo imaginas tú por defecto en cuanto te lo presentan por el apellido. Va en el lote. ¿Pero qué hay de mí? Sólo me ampara el hecho de la pésima imaginación de la gente que trabaja sentada ocho horas al día. Al menos, por esta misma última circunstancia, nadie podrá meterse con mi culo.

Cómo llevo una semana yendo a currar con una de las sandalias rotas y ando como un pato o como un Jesucristo paródico, vosotros escogeis; espero que usen el dato como base y deduzcan que en mi tiempo libre doy patadas a las paredes para autoflajelarme respecto a mi mala conciencia por ser incapaz de controlar el remolino que se forma en mi simpático flequillo y, consecuentemente, me llamen “La pizpireta psicótica” o “Flequillo rebelde, pie de acero”: abreviado en “Flerrepia” que parece una especie de alga, una enfermedad o un nombre castellano.

Pero no será así, amigos, con la suerte que tengo, seré la “chica Prozac” por mi excesivamente jovial forma de hablar con desconocidos o, simplemente, “la de León”. Es profundamente aburrido y terriblemente injusto no poder crearse uno mismo la leyenda y que tu vida la acaben escribiendo para el público una panda de brujas insulsas o de gañanes afeminados. Vaya… una no sabe cuanto odio concentran las hormonas hasta que no se pone a soltar veneno. 

 

oficinista.jpg image by wanda066

 

¿Y qué habéis aprendido hoy? Que no por el hecho de que una persona tenga a Marisol en el mp3 te puedes fiar de ella.

Ensaladas de buffet libre

Si pensabáis que había dejado un tiempo de luto tras mi último horrendo post sobre mis mal escogidas actividades íntimas que me hacían digna de pasar un puente en el infierno de los promiscuos ¡os equivocabáis! Lo cierto es que mi craso error (o graso, según desde qué perspectiva lo miréis) se convirtió en un paradójico empujoncito hacia el amor (aka amore) y ahora estoy de vacaciones en la villa de la alegría y el paroxismo (”paroxismo” es un término que llevo queriendo usar desde hace unos doce años cuando mi santa hermana lo utilizó para publicar un anuncio por palabras en el País de las Tentaciones. Creo, querida, que eres una de las personas más pedantes a la par que divertidas que he conocido jamás, te lo digo tocándome el pecho izquierdo, no porque el hecho me erotice, sino porque lo tengo justo encima del corazón).

Dicho esto, si no he actualizado antes ha sido porque la pantalla de mi ordenador está practicamente muerta, de cuando en cuando reaparece utilmente y se queda unas horas conmigo, lo justo para hablar un rato por el msn, responder algún correo y ver una supravalorada película online, en este caso Un beso a medianoche, que me ha proporcionado unas intensísimas ganas de cagar. Lo peor de todo, aparte de la insulsez generalizada y lo psicótico extremo del personaje femenino es que el protagonista se parecía a mi mejor amigo cruzado con una rata de dibujos animados y creo que mi subconsciente esta noche me la jugará y mañana iré al curro completamente zombie.

¿Chaplina has dicho “curro”? Sí, yo tampoco me lo creo. Tengo un curro de los de madrugar. Es la primera vez que se produce este fenómeno en mi vida. Nunca había tenido un trabajo en el que entrara antes de las doce de la mañana y en el que trabajasen en total más de quince empleados. Ahora me despierto a las 6:30 y comparto espacio con ochoncientas cincuenta personas. Debería estar horrorizada, pero las ensaladas al gusto por cuatro euros que me pimplo cada día unidas al hecho de que uno de los mini-jefes (no es que sea una persona de tamaño pequeño que manda en voz pitufada sino que es un chico de tamaño estandar que manda poco y sobre pocas personas) tiene apellido vegetal. Sí, podéis llamarme infantiloide, pero así soy yo, fácil de contentar, ponme una mesa con dieciocho ingredientes a elegir y un compañero de trabajo llamado Lechuga y seré la tía más feliz del planeta. Además dan cheques gourmet, ¡¡¡cheques gourmet!!! ¡En serio! Jo, llevo toda la vida queriendo trabajar en un lugar donde dieran cheques gourmet; es como jugar a los sims todo; mi matrix particular se está despendolando en exceso; para cuando me desenchufen lo voy a pasar fatal desayunando papillas de bario.

Bueno, no sigo, no tengo nada que contar, aparte del hecho de haberme convertido en una pieza más del engranaje capitalista. Podéis escupirme ya, pero cuando me compre la scooter en septiembre iré veloz como el viento y ningún escupitajo me alcanzará, muajajaja!

Esa gente que nos quiere y a la que tratamos como si fuera basura no reciclable

Yo no vine a Barcelona a descubrirme a mí misma, nunca he sido capaz de afectarme lo suficiente como para tomarme tan en serio o pensar que necesito encontrar mi lugar. Mi sitio ha estado siempre debajo de donde se han asentado cada vez mis nalgas, ni más ni menos -más tirando a más que a menos, muy a mi pesar y a razón de la bollería industrial -. Y ya ves, parece que me he encontrado conmigo misma y sin buscarme. Es terrible, porque si alguna vez pensé en mí en tercera persona siempre me supuse simpática, curiosa incluso, y ahora, ahora que me tomo cafés a diario conmigo misma he de deciros que me caigo como el culo. En siete meses he descubierto que soy egocéntrica, excesivamente impulsiva, sumamente inconsciente, poseo una empatía nula y frivolizo incluso con los hipotéticos atentados contra mi seguridad vital. Vamos, que soy una gilipollas. He encontrado a una tonta del culo con la que incluso me molestaría compartir más de dos minutos en la cola del baño de un concierto gratuíto de Ojos de Brujo en fiestas de barriada. Soy muy boba, en serio. Y tengo un tono de voz horrendo. Lo sé, hay videos de karaoke y escuchas telefónicas que lo atestiguan.

En fin, no me creeréis, esto es lo típico que una dice para que por contraste cuando te conocen o te juzgan conociéndote ya, digan: “Bueno, Marta, pero hueles bien.” Pues no, qué va, a veces huelo a cerrao. Hace poco hice una estupidez descomunal. Esa clase de tonterías que uno hace a motor, en plan: “Vaya, esto lo he visto hacer en miles de comedias románticas y al final el aeropuerto traía regalo salivar y matrimonio, así que voy a probar”. Y allí estábamos yo, yo misma, unos amigos, el chico y el mejor amigo del chico. Yo pensaba en el chico, me decía, básicamente y dentro de lo dificil que es pensar trascendentalmente con Rafaella Carrá de fondo a todo trapo: “Pero, madre mía, qué chico… no me lo merezco” y yo misma me replicaba con un contundente: “Desde luego que no, pava, pero ¿has visto a su amigo? parece simpático, ¿no?”. Fin.

Y me sentí como Robert Downey jr en Kiss kiss bang bang (creo que es la tercera vez que la recomiendo y habéis sudado de mí, me dais un poco de vergüenza y todo) cuando se reencuentra con su amor de la adolescencia, una chica preciosa y rebosante de encanto, con el pecho firme, la piernas largas y la réplica rápida e irónica siempre dispuesta y… y se enrolla con su amiga la fea. ¿No es fantástico? Y piensas en Freud para encontrar algún atajo psicológico para justificarte pero, ni por esas, por primera vez en la vida descubres que no tienes ni la más remota excusa salvo la constatación de que eres francamente idiota y que así acabará creciéndote un pene como sigas actuando como un tío; como un picha brava de segunda, torpe e incoherente. Así es mi “yo” auténtico, un castigador de los clásicos. La clase de tipejo del que las mujeres despotricamos siempre con indignación infinita y sin ninguna clase de censura. Un cabronazo del copón.

En el último trimestre, me he desenamorado de un desconocido, me he declarado a otro ser ignoto, he tonteado con docenas y he vivido con otros dos. El primero de los dos últimos, un gay persa loco que quiere “haser gera” conmigo y el segundo un hombre que ha presenciado pacientemente todas mis exaltaciones para bien o para mal, ha reído, ha llorado y me ha llevado el desayuno a la cama. Y yo, que siempre me he reído de Meg Ryan por pasar de Tom Hanks hasta el minuto noventa, que me daban ganas de agitar el televisor cada vez que Rachel y Ross la cagaban, que me ponía una y otra vez la secuencia del final de la tercera temporada de Luz de luna cuando Maddie y David se revolcaban por el suelo y se dejaban de tonterías, sí… yo… Yo me he enrollado con el mejor amigo del protagonista. Así es que, aunque merezco morir violentamente a navajazos propongo los siguiente desenlaces a mi comedia romántica. Vosotros elegís, estáis ahí para ponerme a parir y creo que Yago ya no entra, así que necesito algo de fealdad en mi vida:

1. FINAL COMPENSATORIO:

Ella (yo y yo misma) corre ralentizadamente detrás de él cuando éste se va a una fiesta loca loca de Erasmus, plagada de francesas cachondas. Él, que es un cacho de pan nos coge entre sus brazos y nos perdona la vida. Volvemos a ser amigos. Al día siguiente una de mis colegas de toda la vida viene de visita a Barcelona y se lo trinca. Se casan, tienen niños y yo soy la madrina de su boda.

2. FINAL CACHITOS PICANTES:

Él nunca llega a perdonarla a ella. El tiempo pasa y su atracción queda casi consumida hasta que el persa la asesina volviendo del metro a casa. A partir de ese fatífico día, él perdona su escarceo, llama a su mejor amigo para darle la bendición y el pésame y pasa el resto de su vida contándo la terrible anécdota en reuniones sociales con la clásica coletilla de: “Bueno, era un poco puta, pero no se merecía aquello; jamás la olvidaré, hacía unas pizzas especiales increíbles. – ¿En serio? ¿Qué llevaban? – Pues salchichas, curry, maiz y mostaza… -Madre mía, qué locura.”

3. FINAL CON BANDA SONORA DE LUCIO BATTISTI:

No vuelven a hablarse durante las siguientes semanas, lo cual propicia en ambos el crecimiento de una tensión sexual descomunal, casi no se puede respirar en la casa. Él abandona el país y ella se pilla vacaciones la primera quincena de agosto. Contrata una tuna y se planta con ella en medio de la Piazza Di Spagna cantando todos una versión hortera cañí de Mundo Libero. Él incapaz de resistirse a gesto tan casposa e incómodamente romántico, entiende que aquello además de ser la prueba irrefutable de un gusto pésimo, ha de ser amor. Se besan apasionadamente durante las siguientes dos semanas, se despiden y no vuelven a verse nunca.

A Lucio tampoco parece convencerle ninguna.

¡¿MAIQUEL JOTA FOSS?!

Desde que ceno a diario con un italiano y la tele puesta de fondo noto hasta qué punto la realidad que padezco y disfruto a diario tiene un punto de absurdez casi histérica. Todo lo que antes yo consideraba mi cotidianeidad (es cotidianidad? en serio, deseo saberlo, me pasa lo mismo que con femineidad y feminidad; al final valen las dos y yo siempre me complico la vida y hablando es peor, porque tienes que doblar raro la lengua al poner demasiadas vocales y si no la doblas raro, al menos lo imaginas y la sugestión produce agujetas neuronales; así que cuando tengáis un rato me lo miráis, va?) ahora se ha convertido en una absurda charada.

Todo comenzó con Berto, ¡cómo no! cualquier pobre bendito que entre en esta casa será sometido al ritual de ver el programa, si el horario coincide, o a la proyección de una refinada selección de, al menos, tres o cuatro bertovisiones del año pasado y, a partir de ahí juzgar. Juzgar para ser juzgado, obviamente, no testo el valor de Berto si no la calidad del sentido del humor de la persona que se va a sentar en mi sofá. Esa parte la pasó. Si lo llego a saber le habría puesto El rey pescador para que me dijera que parece un telefilme, como dijeron mis exchurris(guerescos). Su valoración fue: “…este tío es guay!”. Sólo llevaba una semana hablando castellano, así que no está mal, no juzguéis al juzgado juzgando al injuzgable. Cuando unos días después aseveré chulescamente – con el fin de sentar las bases de nuestra relación y que tuviera claro que me paso a los italianos guaperas por el forri de los culloni – que “y además Berto es el hombre más atractivo de la televisión en este país”; después de reirse durante al menos dos minutos cuarenta segundos sentenció: “Tú llevas mucho tiempo metida en casa.” y me miró con recelo.

Al cabo de varias jornadas coincidimos en la cocina a la hora del desayuno. Cogí mis tostadas untadas en margarina y las metí en el microondas para que ésta se deshiciera dejándolas jugosas y amarillas: “¿Qué estás fachendo?” “Caliento las tostadinas para que estén jugosis” (cuando hablo con extranjeros utilizo terminaciones absurdas inconscientemente, quizás sea una forma de rebeldía opositora inconsciente), “Non lo entiendo, ¿todos hacéis así en España? parece pan con pus.”

Ya no he vuelto a comerlas así.

Desde que era un comino comía los spaguetti después de haberlos sometido a un descarnado descuartizamiento sin ninguna clase de piedad. Hasta que no aparecían prácticamente triturados en mi plato no me los metía en la boca. Cuando el muchacho me vio hacerlo con su adorada carbonara me apartó el plato y dijo: “cada vez que pasas el cuchellio per el plato estai insultando todo lo que representto”; esto me hizo tanta risa que, como comprenderéis tuve que enroscar en mi tenedor toda aquella masa en forma de lombrices sin cebeza e ir metiéndomela en el estómago a mordiscos hasta que acabé con el bigote lleno de aceite y huevo batido en una perfecta regresión a la infancia con tropezones.

Otro día, comiendo mi maravillosa pizza al curry – un plato que sólo cocino para la gente a la que amo de veras y para los extras presentes de rebote – veíamos un canal de pago donde proyectaban varios trailers de próximos estrenos. Primero aquella horrible película sobre los caballeros de la mesa redonda, con Sean Connery, Julia Ormond y… “¿Richard Guere? ¿cómo que Richard Guere? No es esforzáis niente. Cazzo…” y, a continuación Regreso al futuro II “Maiquel JOTA Fox!!! mamma mia… Maiquel yei fox is from Cuenca or what?”.

Y sí, me sentí ridícula. Cómo si hubiera dirigido a actores de doblaje durante toda mi vida obligándoles a pronunciar el inglés españolizándolo o fuese la responsable de haber incrustado en El príncipe de Bel Air coletillas de Chiquito de la Calzada o en Will y Grace chistes sobre Julián Muñoz. 

Pongan un extranjero puntilloso en su vida y aprenderán que nada tiene del todo sentido o, al menos, nada es tan serio como parecía. Por otro lado os aseguro que renovaréis por completo vuestra ropa interior de Hello Kitty por algo más propio de una Florinda Chico bulímica (una Florinda Chico bulímica sería Sophia Loren, ¿qué no lo véis?), comeréis siempre caliente (porque la pasta fría es basura), evitará que los salidos del barrio os espeten guarrerizas (españolas) convirtiéndose en su amigo platónico, criticará a vuestros amores mediáticos con un simple: “Ma… qué merito tiene leere un teleprontte?r” y, por supuesto, y esto ya es “marcar de chilena” (ya he visto a los Venga Monjas, Pabler ^^) conseguirá que nunca más os sintáis estúpidos diciendo en voz alta: Maika Yei Fox. Y eso, amigos míos, it hasn’t price, oiga.

“…we all scream for ice-cream!”

 

ENTRE VISTA

LEÓN. MAYO. 2009.

Llego y me recibe con el rimel corrido y el look del viejales sabiondo de Érase una vez la vida. Me prepara un capuccino de sobre y espolvorea cola cao por encima. Se rasca la nariz sin ninguna clase de feminidad, pasándose toda la mano por ella, presionando y sorbiendo cual gocho resfriado. Nos sentamos en la cama de su habitación y coge un peluche de Super Coco “sólo lo hago para caerte mejor y que lo reseñes en la entrevista”. Se coloca el sujetador, se busca paluegos de frutos secos con la punta de la lengua sacando morro como si fuera Tom Waits y me mira con suficiencia esperando que empiece a interrogarla.

BUSTER KEATON: Buenos días, Marti.

MARTA: Buenos son, Buster.

B.K: La verdad es que pensé que te ducharías antes de concederme la entrevista.

M: Vaya, Buster, tú estás muerto y yo no lo voy diciendo por ahí, ¿verdad?

B.K: No puedo calibrar el contenido de todas tus conversaciones privadas.

M: Júralo… Si pudieras ya te habría puesto una orden de alejamiento, ¡puto loco!

B.K: Dicen que estás muy a la defensiva desde que te enteraste de que a tu amigo el poeta camarero anoréxico le van a adaptar un poemario al cine.

M: Noto algo de resquemor en tu descripción de Yago, ¿habéis tenido un rollo? Siempre pensé que era algo necrófilo… Pues hombre, qué te voy a decir, cuando se me pasó la cagalera después de leer su entrevista de El País sí que me dió rabia no habérmelo tirado nunca; más que nada para hacer un chiste sobre su pene aquí y darle algo de popularidad.

B.K: ¿A su pene o a tu blog?

M: Todo lo que hago lo hago por mi blog, ¿no está claro?

B.K: Hombre, un poco falocéntrica también eres… ¿Qué haces?

M: Nada, me ha llegado un mensaje de facebook; era mi excompañero de piso persa echándome mal de ojo. Creo que me está sentando mal ahora la comida mexicana que cené la semana pasada.

B.K: Joder, menudo cabrón. ¿Y qué hay de aquel chico al que le hiciste el video? ¿No te contestó, verdad?

M: Ni creo que lo haga y menos después del mal de ojo. Dios, ¡qué vida tan apasionante llevo!, es un torbellino de emociones. Lo cierto es que creo que fui demasiado sutil tanto en la forma, como en el fondo, como en las alusiones poco definidas a su persona. Debí grabarme a mí misma desnuda frente a una web cam diciendo: “Hola Tomás, te voy a hacer tantas guarradas que se me van a pudrir las encías.”

B.K: ¡Oye, ese chiste es de Piñol!

M: Hombre, es que para un tío con talento al tiempo que decente que conozco tendré que citarle, ¿no crees?

B.K: ¿Crees que los tíos divertidos no tienen corazón?

M: ¡Cómo dominas la retórica, Bust!

B.K: Cuéntame, ¿cuáles son tus proyectos a medio plazo?

M: No sé, después del mal de ojo creo que me dejaré llevar por la entropía o puede que escriba un monólogo con el mail del persa, tiene bastante enjundia. Podría limitarme a leerlo en público imitando su acento y ya resultaría de lo más transgresor como espectáculo; aburrido sí, pero innovador. Los gafapastas sufrirían ataques epilépticos de placer escuchándome.

B.K: ¿Y qué hay del amor? Ese motor de tu santa existencia.

M: Oye, no te cachondees, subdimensionado mental. Estoy en un punto en el que no me gusta nada que se pueda tocar.

B.K: Interesante respuesta.

M: ¿Ah, sí? Pues lo he dicho a motor, ¿eh? Yo es que hasta que no cago no medito con claridad.

B.K: Claro, como piensas con el culo.

M: ¿Qué? Bueno, volviendo del W.C. y a tu pregunta de moñas. Creo que en lo sucesivo lo intentaré con guaperas descerebrados y sosos, son muchísimo más fáciles de tratar. Los tíos inteligentes e ingeniosos que se quejan de no follar son unos estrechos del copón y además les sobran pretendientas.

B.K: ¿Crees que el friki es el nuevo dandy de la enferma sociedad en la que vivimos?

M: Creo que los frikis han interiorizado tanto el rol de castigador televisivo de los ochenta y noventa mientras eran rechazados por toda clase de muchachas en su adolescencia que se ha desarrollado en su interior un pequeño David Hasselford de rencor. Y claro, les ofreces el mundo y ellos te eructan en la cara porque son más chulos que dios.

B.K: ¿Y no piensas vengarte sobre nadie por culpa de tu rechazo continuado por parte de esos bastardos insensibles?

M: El despecho es demasiado femenino y ya sabes que yo soy igual que un tío o, al menos, y tal y como dice un amigo “cómo un tío durante los cinco minutos posteriores a haber eyaculado”. Por eso creo que si no me funciona la nueva táctica de ligar con guapos idiotas le pediré a El opositor que abandone a Patricil y me fecunde. Al fin y al cabo eso sí sería una evolución en mi vida; jamás me lo he hecho con un tío espabilado, gracioso y con un polvo chachi.

B.K: ¿Te das cuenta de que tu última respuesta no podía haber ofendido a más personas al mismo tiempo?

M: Anda ya, ¡no me des tanto jabón Buster Keaton!

 

Como no me leas te cap0

Y hasta aquí hemos llegado. Nada más que añadir, señoría.

 

A lo mejor es desproporcionado para un café, diréis, pero es que el receptor es un ser de talentos desproporcionados igualmente.

Se han fundido dos de tres bombillas

No es una metáfora; vivo en la penumbra casi policiacorrancia de mi dormitorio. Y lo llamo “dormitorio” a conciencia, es demasiado reducido para tener categoría de habitación y además el techo es abuhardillado; hay un sospechoso chorretón en la pared, mis bragas deluxe están estratégicamente colgadas (y limpias) sobre una estufa apagada y la lámpara de Betty Boop mira hacia la puerta insinuándose. Paso la mayor parte del tiempo de mi vida en un picadero abandonado. Esto y no otra cosa me acerca y aúna a los grandes puteros de la literatura de todos los tiempos – porque yo creo que Baudelaire también tenía un bragatanga bordadito - eufemísticamente denominados bohemios por las jovencitas candorosas y los catedráticos lascivos. Es por este contexto inevitable por lo que deduzco que estoy condenada a escribir historias de chicos y chicas que se encuentran,  se chupan distintas partes del cuerpo, se desencuentran, se vuelven a encontrar, hablan de sus respectivas infancias, discuten, se dan oportunos azotitos a mano abierta en el culete, se enamoran, se cuentan sus mejores chistes y luego se dejan, en dos de sus acepciones; esto es, uno degenera física e intelectualmente y la otra abandona al degenerado.

Cómo he escrito mucho sobre miserias ajenas inventadas pero basadas en todos mis amigos, conocidos y desconocidos hipotetizados no tengo mucho que contar por aquí. Las historias respecto a vuestras infancias me han conmovido, ahora sé que no soy la única totalmente trastornada y que si como decía Steve Martin (guau! cada día tengo referencias más elevadas) “todo comienzo lleva escrito su final” entonces creo que El opositor morirá rodeado de posesiones ilegítimas, a Klover se le gangrenará el culito, a Lena la enterrarán con un vestido de travelo acolchado y Reverend será un millonario enamorado y feliz. De mí no vaticino nada, siguiendo la norma de las pitonisas televisivas de no jugar a la loteria; va en contra de mis principios.

ÚLTIMO DIÁLOGO ESTULTO:

EMANUEL

¿Estás enamorada? ¿Tú? ¿De quién?

MARTA

Pues evidentemente de Jander Clander, es el

hombre con más magnetismo que he conocido, a

pesar de su incómodo nombre.

EMANUEL

¿Jander Clander? Tú no estás enamorada de

Jander Clander… ¡Por Dios Marta! Jander Clander

no tiene el “quid”

MARTA

Oye, cazzo-bravo no me salgas con términos

pseudointelectuales de macho mediterráneo

con ínfulas de grandeza. Si tú no le ves el “quid”

a Jander Clander no es problema de Jander

Clander. ¿Sabes? Adoro decir Jander Clander en

voz alta.

EMANUEL

No, no, no… Puede que Jander Clander tenga el

“quid” pero tú no lo ves, crees que lo ves, pero lo

único que hay es un tipo que ha leído muchísimos comics

en su vida. Te mereces algo mejor.

MARTA

Estoy totalmente deacuerdo. Me merezco “algo mejor”.

Pero mientras “algo mejor” no me llame creo que me

conformaré con “por ahora me vale” y seguiré soñando

con “jodidamente mezquino pero adorable”.

 

Me encanta cenar en la terraza, chicos.

 Clander… Jander Clander!

P.D: Mi mail para Klover y proposiciones subidas de tono (sólo guionistas o guionistas amateurs o chicos que sepan tocar la guitarra y contar el chiste de Mis tetas) es: jealousgal@hotmail.com (lo tengo desde los 16 años, no me miréis así, vale, lo sé, es vergonzante, pero hay cosas peores; está la zoofilia y tal. Pero luego en el msn no pongo corazones ni nada, soy super sobria, ¡en serio! ¡Dejad de juzgarme!)

La condena alegórica

Escribo esto en mi habitación a las 2:31 horas de la mañana, con un persa y un italiano yaciendo en las habitaciones contiguas. Mi velocidad de tecleo es absolutamente cortés; a razón de una tecla pulsada cada 0′5 segundos. Creo que esta t o r t u r a autoimpuesta debería ser suficiente para considerarme una persona encantadora, de esas que te llevarías con gusto a cenar por sorpresa a casa de tus padres y abuelos en Nochebuena, porque sabes que si tu tío le ofrece turrón del duro aceptará y casteñará sin desdibujar la sonrisa de la cara. Sí, mi estoicismo ridiculizaría a Kant.

He recordado qué clase de rasero usaba para juzgar a las personas cuando era adolescente. Lo he recordado porque cuando escribes una sílaba por segundo al final acabas reuniendo suficiente tiempo intermitente como para practicar meditación trascendental por tramos. ¿Os lo explico? ¿tenéis algún plan mejor? ¿En serio? Pues si yo tuviera una alternativa más jugosa no estaría aquí dándote algo para leer. Sal y vive, joder, yo no tengo las respuestas, sólo tengo conversaciones de espera frente a la máquina de café. Gratis. Allá va.

Yo creía a los diecisiete años que lo primero que logramos recordar de nuestra vida, ya sea una imagen poco nitida, una secuencia borrosa postproducida por la imaginación o una anécdota que nos han contado tantas veces sobre nosotros en nuestra minúscula inconsciencia que casi creemos poder retomar por introspección a fuerza de escarbar, definía simbólicamente el leit motiv que marcaría de por vida nuestra existencia. Así, por ejemplo, Toni, mi primer novio, recordaba haber derramado un bote de pintura de su padre sobre su ropita de comino y haber salido corriendo por sentir un miedo atroz a ser regañado. Yo, muy freudiana en mi adolescencia, deduje que la vida de mi chico estaría marcada siempre por el sentimiento de culpa y que, en lo sucesivo, siempre que errase huiría para librarse del castigo. No sabría decir si mi vaticinio se cumplió porque… desde que lo dejamos no he vuelto a saber nada de él (ja!).

Con el paso de los años dejé de preguntar a la gente qué es lo primero que recordaban de sus vidas porque, la mayor parte de las veces, llegaba a la misma conclusión. Le dabas mil vueltas a la escena y tras rascar un rato sólo encontrabas sentimiento de culpa, conciencia atormentada y toda esa basura moral de personajes de las Brontë.

Lo primero que recuerdo yo es encontrarme en la terraza comunal del bloque de pisos en el que vivíamos mis padres, mi hermana y yo cuando aún yo no ocupaba espacio. Mi madre me sujetaba por las manos (aka manitas) mientras yo intentaba caminar. Una vieja horrenda se asomó por una de las ventanas, gritó algo ininteligible (para mí como ser aún sin desarrollar en sus funciones cognitivas) y vació sobre la terraza el contenido de su orinal bifuncional. Así es que si hubiera de recopilar mis memorias y escribir mi autobiografía mi vida arrancaría conmigo empezando a caminar y pisando mierda ante el estupor de mi mamá intentando impedirlo.

No recuerdo haber sentido nada aparte de curiosidad y un poco de repelo al ver la cara de la vieja. Si me concentro mucho lo único que soy capaz de recibir es una plena sensación de libertad y alegría, apenas enturbiada por la anciana tocapelotas. Así ha sido siempre mi vida – si me apuro con la autosugestión – yo experimentando agradables vivencias evolutivas y alguien “feo” intentando joderme sin éxito; es un bucle perfecto, la pescadilla que se muerde complacida la cola porque si hubiese que adaptar un refrán a esta anécdota sería algo así como “por mucha mierda que te tiren, buena suerte traerá al que la pise”. No es muy elegante pero entenderéis que con un dato inicial de primera mano tan desprovisto de glamour tengo que inventar algo que me consuele.

He leído la biografía de Woody Allen, de Audrey Hepburn, de Janis Joplin, de Anaïs Nin, de Marlon Brando y de John Lennon y ninguno comenta haber pisado caca de vieja en toda su existencia. ¿Cómo creéis que me hace sentir eso?

Moquín in top less by pequeña flor de invernadero.

MANI MANI PULACIÓN

Reproduzcamos los siguientes diálogos besugueros y comentemos pues:

 

DIÁLOGO BESUGUERO (the beginning of shit):

MISTER ESPÁSIVA

Tú lo quieres a él.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

No, no, qué va.

MISTER ESPÁSIVA

Sí, sí, tú lo quieres a él. Yo sé que tú lo quieres

a él pero tú aún no lo sabes.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

No, en serio. Ni siquiera es mi tipo.

MISTER ESPÁSIVA

Ajá… tú lo quieres a él. Te lo digo yo.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Que no…

MISTER ESPÁSIVA

Sí, tú lo quieres.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Deacuerdo. Lo amo. ¿Ahora me podrías contar

qué es lo que quiero para desayunar? Es que me

apetecen tostadas, pero es posible que quiera

palmeras de chocolate y aún no lo sepa. Dios no

quiera que acabe comiendo tostadas porque

aún no me he encontrado a mí misma.

DIÁLOGO BESUGUERO Second part:

MONSIEUR JE-SAIS-TOUT

¿Te puedo decir algo?

SEÑORITA BORNYESTERDAY

¿Acaso hay alguna forma de impedirlo?

MONSIEUR JE-SAIS-TOUT

Si no te lo digo yo te lo dirá la vida.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Ah. Eres un emisario divino. Adelante.

MONSIEUR JE-SAIS-TOUT

A ti ese chico te gusta y te gusta mucho.

¿verdad?

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Desde luego que me gusta. Es inteligente, es

higiénico, es divertido y tiene un culo precioso.

Es como si me preguntaras si me gusta la Fontana

di Trevi.

MONSIEUR JE-SAIS-TOUT

Pues no hace falta que se note tanto. Se nota

muchísimo que él te gusta por cómo le miras.

Tómatelo con calma.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Relájate tú; aún no he empezado a tirarle monedas.

DIÁLOGO BESUGUERO Third part:

HEDONIST BALLS-TOUCHER

¿Te has acostado con él?

SEÑORITA BORNYESTERDAY

¿Lo parece? No lo sé, es posible que me lo

haya trincado y aún no lo sepa. Seguramente

Mr. Espásiva controle mejor mis coitos.

HEDONIST BALLS-TOUCHER

¿Te vas a acostar con él?

SEÑORITA BORNYESTERDAY

No me he depilado.

HEDONIST BALLS-TOUCHER

Pero te quieres acostar con él.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Es curioso porque me gusta tanto que se me

nota con solo mirarle; incluso estoy enamorada

aunque aún yo no lo sé y, sin embargo, si

me concentro en los 12 euros que cuesta la

cera caliente y los cuarenta y cinco minutos de

intenso dolor interpernil… por mí, como si te lo

tiras tú, nene.

DIÁLOGO HETEROSEXUAL (the end):

SEÑORITA BORNYESTERDAY

¿Tú crees que este tipejo me tiene rota?

MISS JEWISTCOHERENCE

Cristo… espero que no. Es el típico amante

de barbacoa.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

¿Qué cojones significa eso, pava?

MISS JEWISTCOHERENCE 

Significa que está bastante bien comer

chuletas a la brasa mientras te da el sol

en la cara una tarde de verano, pero hacerlo

una semana seguida produce enfermedades

cardiovasculares y, lo peor, haría de ti una

dominguera perpetua.

SEÑORITA BORNYESTERDAY

Francamente, Miss Jewistcoherence, no me

gusta la carne roja.

MISS JEWISTCOHERENCE

Ya… y además es Sabat.